Aumento de remesas en 2026: la marea que ni Trump ha logrado frenar
En 2025, las remesas hacia América Latina y el Caribe rompieron otra vez todos los récords, y en 2026 la marea sigue subiendo pese a la ofensiva antiinmigrante y al impuesto del 1% creado por Trump. Este análisis repasa quién recibe más -en dólares y en proporción del PIB-, examina las razones que explican el fenómeno y evalúa qué tan sostenible es esta bonanza para las familias que dependen de ella.

Fotografía referencial de una persona que cuenta billetes de dólares de Estados Unidos que recibió de una remesa.
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Igal Ness / Unsplash
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En 2025, el dinero que los migrantes latinoamericanos enviaron a sus países de origen rompió, una vez más, todos los récords históricos. Y en 2026, pese a la ofensiva antiinmigrante y al nuevo impuesto de 1% creado por Donald Trump, la marea sigue subiendo, aunque con menos fuerza. Este análisis repasa las cifras regionales y ecuatorianas, examina las principales razones que explican el fenómeno y evalúa qué tan sostenible es esta bonanza para las familias que dependen de ella.
Un nuevo récord, con menos ímpetu
Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), las remesas hacia América Latina y el Caribe alcanzaron un récord de US$173.733 millones en 2025, un 7,3% más que en 2024. La tendencia continúa en 2026, aunque más moderada: el primer trimestre creció 5,7%, por debajo del promedio de la última década. Si el ritmo se sostiene, 2026 cerrará con otro máximo histórico, probablemente por encima de los US$180 mil millones, aunque el margen para repetir el salto extraordinario de 2025 -cuando los migrantes usaron ahorros y horas extra ante la incertidumbre migratoria- se ha reducido.
Quién recibe más: dólares contra PIB
La foto regional tiene dos ganadores distintos según la vara con que se mida. En dólares corrientes, México sigue siendo, con enorme diferencia, el mayor receptor: recibió US$62.472 millones en 2025, el 36% del total regional, aunque esa cifra representó una caída del 3,9% frente a 2024, explicada por la menor participación de trabajadores mexicanos en el mercado laboral estadounidense. En 2026 México se recupera con lentitud: creció apenas 2,6% en el primer trimestre, por debajo del promedio regional.
Cuando la medida es el peso relativo sobre el PIB, la medalla es centroamericana. Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua reciben remesas equivalentes a una cuarta parte -o más- de su producto interno bruto, un nivel de dependencia que no tiene parangón en ninguna otra subregión del mundo en desarrollo.
No es casualidad: Centroamérica fue el principal motor del crecimiento regional en 2025, con un aumento de 20,1% hasta US$55.546 millones, liderado por Honduras (+27,1%). En el primer trimestre de 2026 esa subregión sigue siendo la de mayor expansión, aunque también se desacelera.
Ecuador, por su parte, confirma su propia tendencia de bonanza. Según el Banco Central del Ecuador, el país recibió USD 1.856,7 millones en remesas durante el primer trimestre de 2026, un incremento del 7,7% frente al mismo período de 2025, con Estados Unidos como origen del 77,6% del monto total.
En 2025, las remesas hacia Ecuador ya habían tocado un techo histórico de USD 7.729 millones, un 18,2% más que en 2024, equivalentes a cerca del 6% del PIB. La cifra es tan relevante que, según Teleamazonas, en 2025 las remesas se ubicaron apenas por debajo de las exportaciones petroleras, que sumaron USD 7.750 millones, mientras que solo el camarón generó más divisas para el país.
Cuatro factores detrás de la marea
¿Qué explica que las remesas sigan creciendo pese al ruido político? Al menos cuatro factores que operan en direcciones distintas pero convergen en el mismo resultado.
El primero es que la economía estadounidense, pese a la errática política económica y comercial de Trump, sigue generando empleo e ingresos. El desempleo se ubicó en 4,1% en julio de 2026, prácticamente sin cambios en el año. Los salarios nominales han subido, aunque con matices: crecieron 3,2% interanual en julio de 2026, pero como la inflación corrió más rápido, los salarios reales cayeron 0,2% frente a julio de 2025. En términos simples, los migrantes empleados mantienen o incrementan sus ingresos nominales, aunque su poder adquisitivo interno se erosiona levemente; eso no ha impedido que sigan enviando -y hasta aumentando- sus envíos en dólares. En el caso de los inmigrantes a Europa, la debilidad del dólar se traduce en que sus remesas tengan un mayor valor en dólares.
El segundo factor es, paradójicamente, la propia política antiinmigrante. Al reducir la oferta de mano de obra migrante -sobre todo mexicana, con una caída de 730.000 trabajadores en los primeros cuatro meses de 2026 frente a igual período de 2025-, deja a quienes permanecen empleados, particularmente en construcción y servicios, con menos competencia y sin mayor dificultad para conservar su puesto o encontrar otro. Es un efecto de escasez que sostiene los ingresos de quienes no han sido deportados ni han salido del mercado laboral.
El tercero es tecnológico. La digitalización de las transferencias internacionales ha abaratado, agilizado y democratizado el envío de dinero. El costo promedio global de una remesa -comisiones más diferencial cambiario- baja de forma sostenida: de 7,45% del monto enviado en el primer trimestre de 2017 a 6,49% en el primer trimestre de 2025, según el Banco Mundial. Las billeteras digitales han sido decisivas en esa caída, desplazando a bancos y casas de cambio, todavía los más caros: en Ecuador, el 63,1% de las remesas del primer trimestre ya ingresó vía bancos privados. Según el Banco Central, “de ese total, el 77,8% fue acreditado directamente en cuentas de ahorro o corriente, lo que evidencia un mayor uso de los servicios financieros para la recepción de estos recursos y refleja avances en los procesos de inclusión financiera”.
El cuarto factor es más especulativo, pero plausible: desde el 1 de enero de 2026 rige en Estados Unidos un impuesto federal del 1% sobre ciertas transferencias de remesas iniciadas en efectivo, giros postales o cheques de caja, aprobado dentro de la llamada “One Big Beautiful Bill Act”. Las transferencias bancarias y con tarjeta de débito o crédito quedaron exentas, lo que probablemente empujó a muchos migrantes a bancarizar sus envíos, o a adelantarlos, antes de que el gravamen entrara en vigor. El propio BID reconoce que, hasta ahora, los datos “no muestran, por ahora, un efecto significativo” del impuesto, señal de que ese eventual adelanto ya quedó absorbido en las cifras de finales de 2025.
Remesas anticíclicas: cuando la necesidad manda
Un patrón bien documentado por el Banco Mundial es que las remesas se comportan de manera anticíclica: aumentan cuando las familias que se quedan atraviesan dificultades, como un mecanismo de afecto y obligación más que de mercado. En Ecuador, donde la crisis de seguridad y las presiones sobre el sistema de salud han golpeado a numerosos hogares, es razonable pensar que los parientes en Estados Unidos y en Europa hagan un esfuerzo adicional por sostener a sus familias, lo que ayudaría a explicar por qué las remesas ecuatorianas no se han frenado pese a la desaceleración económica.
Existe además una hipótesis menos cómoda, que conviene mencionar con cautela: que una fracción de estos flujos incluya microlavado de activos disfrazado de remesa familiar, dado el bajo escrutinio de las transacciones pequeñas y repetidas. Una parte de las remesas también serviría para pagar a los “coyotes” que facilitaron el transporte de los inmigrantes. Es una hipótesis plausible pero no probada con datos públicos, y ameritaría una verificación más rigurosa.
Qué significa para Ecuador
Para una economía dolarizada como la ecuatoriana, sin banco central emisor ni política monetaria propia, las remesas cumplen una función que va más allá del alivio familiar: son una fuente autónoma de dólares que sostiene la liquidez del sistema financiero y parte del consumo de los hogares.
Que hayan estado a punto de superar a las exportaciones petroleras en 2025 no es un dato menor: revela hasta qué punto el trabajo de los ecuatorianos en el exterior se ha vuelto un pilar tan importante como el que ocupó el petróleo. Mientras el mercado laboral estadounidense siga absorbiendo migrantes y el costo de la vida en EE.UU. no aumente de manera excesiva, es previsible que este flujo siga siendo uno de los amortiguadores más confiables de la economía ecuatoriana.
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