Pruebas PISA: el nivel socioeconómico pesa en el aprendizaje de los estudiantes en Ecuador
Los resultados de PISA 2025 permiten observar las brechas de aprendizaje existentes entre los estudiantes ecuatorianos. El informe muestra diferencias asociadas al nivel socioeconómico, al tipo de institución y al territorio.

Imagen referencial de un grupo de estudiantes en un colegio de Quito, en la inauguración del año lectivo, el 1 de septiembre de 2026.
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Ministerio de Educación
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A primera vista, los resultados ecuatorianos de PISA 2025 podrían alimentar una conclusión conocida: quienes pueden pagar educación privada obtienen mejores resultados. En Ciencias, los alumnos de instituciones privadas aventajan inicialmente en 75 puntos a quienes estudian en establecimientos públicos; en Lectura, la distancia llega a 79 puntos y en Matemática a 60.
Sin embargo, el análisis cambia cuando se incorpora una variable decisiva: las condiciones socioeconómicas en las que viven los estudiantes. El informe nacional de PISA señala que, después de considerar el perfil socioeconómico de los alumnos y de las instituciones, la diferencia entre públicos y privados deja de ser estadísticamente significativa en las tres áreas. En Ciencias, por ejemplo, la ventaja se reduce de 75 a apenas cinco puntos.
El hallazgo desplaza el debate. La pregunta ya no es solamente si la educación privada es mejor que la pública, sino hasta qué punto el sistema educativo ecuatoriano logra compensar las desigualdades con las que un niño llega a la escuela.
Harvey Sánchez, presidente ejecutivo de la Agencia Latinoamericana de Evaluación y Política Pública (ALEPH) y consejero técnico de alto nivel del Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (LLECE-Unesco), sostiene en entrevista con GESTIÓN que los resultados obligan a observar con mayor detenimiento aquello que ocurre detrás de los promedios.
Para Sánchez, que dos estudiantes asistan a establecimientos con diferente tipo de financiamiento dice menos de lo que parece si uno de ellos dispone de libros, conectividad, padres con mayor nivel educativo, estabilidad económica y otras oportunidades acumuladas desde la infancia, mientras el otro no.
Ecuador tiene un problema de aprendizajes fundamentales
El punto de partida es difícil de ignorar. PISA considera que alcanzar el Nivel 2 representa el umbral básico de competencias que un estudiante necesita para desenvolverse frente a problemas cotidianos de aprendizaje, trabajo y vida.
En Ecuador, solamente el 20% de los estudiantes alcanza ese nivel o uno superior en Matemática. En Ciencias lo consigue el 40% y en Lectura el 38%. En los tres dominios el país se encuentra por debajo tanto del promedio latinoamericano como de la OCDE.
La distancia en Matemática es particularmente importante. Alcanzar el nivel básico implica, entre otras cosas, poder representar matemáticamente situaciones sencillas sin recibir instrucciones directas. Según la OCDE, apenas dos de cada diez estudiantes ecuatorianos logran hacerlo, frente al 65% en promedio entre los países de la organización.
Hasta 87 puntos separan a los jóvenes según el hogar del que provienen
PISA utiliza el Índice de Estatus Económico, Social y Cultural, conocido como ESCS, para aproximarse a las condiciones en las que vive cada estudiante. El indicador incorpora recursos materiales y educativos disponibles en el hogar, características de la vivienda, acceso a tecnologías y el nivel educativo y ocupacional de los padres, entre otros elementos.
Al dividir a los estudiantes ecuatorianos entre el 25% con menor nivel socioeconómico y el 25% con mayores ventajas, la distancia es considerable.
En Ciencias, los estudiantes del cuartil inferior obtienen en promedio 360 puntos frente a 446 entre los más favorecidos. La distancia es de 86 puntos. En Lectura aumenta a 87 y en Matemática alcanza 68.
Sánchez utiliza una equivalencia para dimensionar la brecha: tomando como referencia aproximadamente 20 puntos por ciclo de aprendizaje, sostiene que una diferencia superior a 80 puntos puede representar alrededor de cuatro ciclos educativos de distancia en aprendizaje efectivo entre jóvenes de la misma edad. La consecuencia más delicada, explica, es que ambos estudiantes pueden avanzar formalmente por el sistema e incluso recibir finalmente el mismo título, pese a haber acumulado competencias muy diferentes.
Ese rezago, además, no comienza a los 15 años. Sánchez señala que las diferencias aparecen tempranamente y se van acumulando durante la trayectoria escolar. Cuando el estudiante llega al bachillerato, esas desventajas pueden afectar posteriormente sus posibilidades de ingresar y mantenerse en la educación superior, competir por becas o acceder a trabajos de mayor productividad.
Los datos refuerzan esa lectura. En Ecuador, el nivel socioeconómico explica aproximadamente el 20% de la variación del rendimiento en Ciencias y alrededor del 18% en Lectura y Matemática. En Ciencias, el promedio de la OCDE es 12%. Ecuador registra uno de los valores más altos entre los países considerados por el informe.
Para Sánchez, la comparación con Perú es reveladora: allí el componente socioeconómico explica alrededor del 14% de la variación en Ciencias. Su argumento es que las desigualdades sociales existen en ambos países, pero los sistemas educativos pueden ser más o menos capaces de evitar que esas diferencias se traduzcan mecánicamente en desigualdades de aprendizaje.
Público versus privado: una brecha enorme que cambia al comparar estudiantes semejantes
El dato más intuitivo de PISA parece favorecer claramente a los colegios privados.
Visto aisladamente, una diferencia de 79 puntos en Lectura podría interpretarse como una ventaja educativa extraordinaria del sistema privado ecuatoriano. El problema aparece cuando se pregunta quiénes estudian en esos colegios.
El informe completo de Ineval señala que, en Ciencias, los 75 puntos de ventaja se reducen a cinco una vez que se considera el perfil socioeconómico tanto del estudiante como de la institución. Esos cinco puntos ya no representan una diferencia estadísticamente significativa. En Lectura y Matemática ocurre el mismo fenómeno: las brechas se reducen de manera sustancial y dejan de ser significativas.
Sánchez lo explica de manera sencilla, si se comparan estudiantes de bajos ingresos que asisten a colegios privados con estudiantes de condiciones semejantes en escuelas públicas, los resultados se acercan considerablemente; lo mismo ocurre al comparar a jóvenes de alto nivel socioeconómico.
Eso no significa que todos los establecimientos tengan la misma calidad.
El especialista advierte precisamente contra esa interpretación. Dentro de la educación privada existen colegios con alta disponibilidad de recursos y otros que funcionan con condiciones mucho más limitadas. La misma heterogeneidad existe dentro de la educación pública: establecimientos altamente demandados pueden concentrar estudiantes procedentes de sectores socioeconómicos favorecidos, mientras otros atienden poblaciones que enfrentan múltiples desventajas simultáneas.
Por tanto, el análisis no puede reducirse a afirmar que la educación privada es mejor o que la pública ofrece resultados equivalentes: el tipo de colegio está fuertemente entrelazado con quién puede acceder a él y con las condiciones socioeconómicas de la población que concentra.
En el propio sistema ecuatoriano hay hasta 92 puntos de diferencia
La desagregación nacional permite mirar con mayor precisión esa composición. Ecuador distingue instituciones particulares, municipales, fiscomisionales y fiscales. Los resultados brutos muestran una jerarquía clara.
Entre un establecimiento particular y uno fiscal hay 88 puntos de diferencia en Ciencias, 92 en Lectura y 71 en Matemática. Pero el propio Ineval incorpora inmediatamente una advertencia: las instituciones particulares también presentan los mayores niveles promedio de estatus socioeconómico, mientras las fiscales concentran los menores. Municipales y fiscomisionales se ubican entre ambos extremos.
Algo semejante ocurre territorialmente. Antes del ajuste socioeconómico, los estudiantes urbanos aventajan a los rurales en 29 puntos en Ciencias, 32 en Lectura y 21 en Matemática. Cuando PISA compara escuelas y estudiantes con perfiles semejantes, las diferencias se reducen a un punto en Ciencias, dos en Lectura y dos puntos a favor de los rurales en Matemática; ninguna resulta estadísticamente significativa en Ecuador.
Sánchez conecta esos datos con la necesidad de abandonar políticas homogéneas. Si las carencias se concentran especialmente en determinadas escuelas y poblaciones, sostiene, distribuir recursos de la misma manera a todo el sistema puede terminar preservando las desigualdades en lugar de reducirlas.
La pregunta ya no es dónde medir, sino dónde intervenir
La utilidad de PISA no consiste únicamente en demostrar que existe desigualdad. El desafío es identificar qué puede hacer el sistema educativo para impedir que las condiciones de nacimiento determinen con tanta fuerza el aprendizaje quince años después.
Existe al menos una señal de que esa relación no es inevitable. Cerca del 9,1% de los estudiantes socioeconómicamente desfavorecidos logra ubicarse entre el 25% de mejor rendimiento nacional en Ciencias. En Lectura ocurre con el 9,6% y en Matemática con el 10,7%. Ineval denomina a este grupo “estudiantes resilientes”. Es una proporción reducida, pero muestra que pobreza y bajo aprendizaje no son sinónimos.
Para Sánchez, la política educativa debería comenzar precisamente por identificar dónde se concentran los mayores rezagos y dirigir hacia allí las intervenciones. Propone priorizar instituciones con niveles extraordinariamente altos de estudiantes que no alcanzan las competencias básicas, garantizar infraestructura y condiciones mínimas y acompañar esas inversiones con mediciones periódicas del aprendizaje.
Su segundo énfasis es la evaluación continua. PISA genera una amplia discusión pública cada vez que se publican sus resultados, pero un sistema educativo no puede esperar al siguiente ciclo internacional para conocer si sus estudiantes están aprendiendo. “La calidad de la educación depende de tener claridad en qué y cómo se cumplen las metas educativas de aprendizaje”, sostiene Sánchez. Para ello, plantea fortalecer las evaluaciones nacionales y utilizar sus resultados de manera periódica para identificar avances y rezagos.
El tercer elemento es presupuestario. El especialista sostiene que la asignación de recursos debería conectarse mucho más estrechamente con el diagnóstico de necesidades y posteriormente volver a medirse para determinar si la intervención produjo resultados.
Los resultados de PISA 2025 muestran que las diferencias de aprendizaje en Ecuador no pueden entenderse únicamente a partir del tipo de institución a la que asiste un estudiante. El peso del nivel socioeconómico, la composición de las escuelas y las condiciones acumuladas desde el hogar aparecen como factores centrales para explicar por qué estudiantes de la misma edad alcanzan resultados tan distintos.
El desafío, por tanto, está en reducir cuánto condicionan esas desigualdades de origen las oportunidades de aprendizaje. La evidencia apunta a la necesidad de focalizar mejor los recursos, fortalecer el seguimiento de los aprendizajes y priorizar a las instituciones y poblaciones con mayores rezagos. Más que una comparación entre públicos y privados, PISA deja para Ecuador una pregunta de fondo sobre la capacidad del sistema educativo para ofrecer trayectorias más equitativas.
(*) Economista, analista económica Gestión Digital.
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