Latinobarómetro 2026: la democracia resiste en América Latina, pero crece el desencanto con sus gobiernos
El Latinobarómetro 2026 desmiente el obituario de la democracia latinoamericana: el apoyo se mantiene en 52%. Pero el Estado pierde capacidad de respuesta, el voto gira a la derecha por pragmatismo y China supera a Estados Unidos en influencia positiva.

Democracia en Latinoamérica
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Gemini
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Cuando los analistas declaran en crisis a la democracia liberal en América Latina, conviene preguntar: ¿en crisis de qué? El Informe Latinobarómetro 2026, basado en 19.207 entrevistas cara a cara en 17 países entre el 7 de mayo y el 17 de junio, ofrece una respuesta menos dramática que un obituario. El apoyo a la democracia se ubica en 52%, igual que en 2024, y por encima de lo registrado en 2018-2023.
Pero el promedio esconde una región partida: Argentina llega a 73% y Guatemala apenas a 35%. Como resume El Independiente, “ninguna democracia latinoamericana está plenamente consolidada”, con la posible excepción de Uruguay. Lo que ha existido desde 1978 han sido proyectos de democracia, no democracias liberales plenas.
Una demanda sin oferta
El primer reto es el Estado. Apenas 26% de los latinoamericanos dice que el Estado ha hecho mucho o algo por ellos; 73% responde que poco o nada, frente a 63% en 2011. La satisfacción con la educación pública cayó de 54% a 40% desde 2009 y con los hospitales, de 46% a 28%.
Además, 78% desconfía de que sus impuestos se gasten bien y 76% no se siente representado por el parlamento, seis puntos más que en 2015. Es un Estado que cobra, pero que no responde adecuadamente: una factura fiscal sin contraprestación visible.
Y sin embargo la demanda democrática sobrevive. El 74% afirma que sin elecciones no puede haber democracia y 65% la considera el mejor sistema de gobierno, aunque esa cifra era 79% en 2013. Solo 30% es un demócrata satisfecho. Alfonsín decía que la democracia es un vaso de leche; el informe añade que también es seguridad pública.
El péndulo y el voto por descarte
Desde 2024 se celebraron 12 elecciones presidenciales con siete alternancias: Panamá, Uruguay, Bolivia, Chile, Honduras, Perú y Colombia. Según la clasificación del informe, 11 de los 18 países que mide son hoy gobernados por la derecha, cuatro de ellos por la extrema derecha (Colombia, Chile, Perú y Argentina); la izquierda gobierna en cuatro (está por verse el resultado electoral en Brasil), y tres son dictaduras.
The Economist destaca que, desde el regreso de Trump, la derecha ganó las siete elecciones presidenciales de la región. En Perú la diferencia fue de 49.000 votos (0,3%) y en Colombia de 251.854 (menos de 1%): países partidos por la mitad.
Lo curioso es que el apoyo a la democracia subió justamente donde el péndulo giró más fuerte: Colombia (+10 puntos, hasta 58%), Perú (+9, hasta 53%), Honduras (+6) y Chile (+2). El informe descarta un giro de valores: “no están eligiendo una ideología, están eligiendo un gobierno que cumpla”. Se trata de un voto instrumental, más cercano a una decisión de consumo que a una adhesión doctrinal: el elector cambia de proveedor cuando el producto no llega satisfactoriamente. Por eso el péndulo se acelera. Cada gobierno hereda un Estado que cumple poco y paga el costo en la siguiente elección.
El riesgo está en lo que viene después. Si el elector aprende que puede cambiar de gobernante sin cambiar el Estado, cada fracaso acorta la distancia hacia opciones iliberales. Hoy 52% dice que no le importaría un gobierno no democrático que resuelva los problemas (44% en 2002); en Paraguay es 71%, en Honduras 69% y en El Salvador 62%.
A ello se suman la mano dura, que acepta 63% de la región, y un crimen organizado al que 79% atribuye mucho o bastante poder. El Salvador, que el informe ya no califica como democracia, es la advertencia: la inseguridad hundió allí el apoyo democrático, de 68% en 2009 a 28% en 2018. Hoy Bukele es, según The Economist, “la figura más admirada de la región”. La salvaguarda es la alternancia; la amenaza, las reelecciones indefinidas.
China llena el vacío en el bolsillo
El hallazgo geopolítico del año: por primera vez desde 1995, China supera a Estados Unidos en influencia positiva, con 65% frente a 57% (48% y 60% en 2020). Solo Costa Rica y República Dominicana siguen prefiriendo a Washington. Para Euronews, “el papel global de Pekín es mejor valorado que el de Washington”.
The Economist lo vincula con la actitud agresiva de Trump hacia una región que considera suya, y El País recoge el diagnóstico de Marta Lagos, directora de Latinobarómetro: una región más independiente y frustrada por la falta de desarrollo, que mira a China con admiración y cuyo desacuerdo interno explica más el avance chino que la estrategia de Pekín. Lagos resumió el fondo del asunto: “el vacío que llena China es el vacío en los bolsillos de la gente”.
Los datos por país son elocuentes, sobre todo en el club que Washington busca alinear en el Escudo de las Américas. Perú ve a China con 72% de influencia positiva frente a 62% de EE.UU. (pesa el puerto de Chancay); Chile, 70% frente a 46%, pese a la afinidad de su gobierno con Trump; Argentina, 61% frente a 43%. Estados Unidos conserva ventaja en la imagen del país (63% frente a 58%), pero perdió diez puntos desde 2024, cuando alcanzaba 73%.
Hay además una disonancia reveladora: 59% desaprueba el manejo internacional de Trump, pero 69% aplaude la captura de Maduro. Es una región pragmática, que celebra el resultado, desconfía del método y comercia con quien le conviene. El Escudo de las Américas será una prueba de equilibrio: Washington ofrece seguridad y Pekín, mercados.
Ecuador: 43% y un Estado ausente
Ecuador ocupa el puesto 14 de 17 en apoyo a la democracia, con 43%, con una ligera mejora de 42% frente a 2024 y en el grupo más bajo junto con Guatemala, Brasil y Honduras. Solo 19% dice que el Estado ha hecho mucho o algo por su familia, frente a 50% en 2011: una caída de 31 puntos. El 82% desconfía de que los impuestos se gasten bien, 88% no se siente representado por el parlamento y la eficiencia estatal obtiene 4,3 sobre 10.
La seguridad completa el cuadro. Según The Economist, en Ecuador la inseguridad supera a la economía como principal preocupación. El 37% fue víctima de asalto o agresión en el último año, la cifra más alta de América Latina; 87% atribuye mucho o bastante poder al crimen organizado y 60% cree que se está perdiendo la batalla.
El 60% opina que algo de mano dura no le viene mal al país. Las actitudes de fondo preocupan: 33% (junto con Paraguay y Guatemala) piensa que la democracia puede funcionar sin elecciones y 25% apoya el autoritarismo, el nivel más alto de la región (promedio, 17%). Aun así, 65% sostiene que sin elecciones no hay democracia.
Políticamente, Ecuador es un caso de continuidad: Daniel Noboa fue reelecto en 2025 y el país integra el Escudo de las Américas. Lagos señala que Ecuador espera de esa alianza que la Casa Blanca “restablezca un orden de cualquier tipo”. Los ecuatorianos miran con simpatía a Washington, pero ven la influencia de China como positiva en 71%, tres puntos más que la de EE.UU. (68%).
Impaciencia, no defunción (todavía)
El Latinobarómetro no certifica la muerte de la democracia liberal sino la impaciencia de la población. Lo que falta es oferta: Estados capaces, partidos que representen y liderazgos que cumplan. Mientras no llegue, el péndulo seguirá girando y cada vuelta costará un poco más de confianza. China y Estados Unidos competirán por ofrecer lo que la región reclama; el crecimiento, la seguridad y la democracia.
(*) Analista de Gestión Digital, experto en Desarrollo Sostenible y Financiación Climática.
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