Mejora la percepción sobre la economía de Quito, pero persisten retos de ahorro e informalidad
Hasta finales de 2025, Quito mostraba mejores indicadores económicos; sin embargo, la reciente Encuesta de Percepción Ciudadana 2026 muestra que cuatro de cada diez personas aún no pueden ahorrar y uno de cada cuatro empleos permanece en la informalidad.

Fotografía de archivo de una feria de empleo organizada por ConQuito en julio de 2025.
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Municipio de Quito
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En la primera entrega de “Quito en cifras”, GESTIÓN analizó una ciudad que conserva el orgullo de sus habitantes y, al mismo tiempo, enfrenta una fuerte caída del optimismo, problemas persistentes de movilidad y un deterioro de la seguridad frente a años anteriores.
La Encuesta de Percepción Ciudadana fue levantada por Ipsos durante agosto de 2026, mediante entrevistas presenciales puerta a puerta a una muestra de 1.000 hogares del Distrito Metropolitano de Quito. El cuestionario incluyó alrededor de 60 preguntas y los resultados tienen un margen de error aproximado de 3,5 puntos porcentuales, con un nivel de confianza superior al 95%.
Este segundo análisis se basa nuevamente en los datos presentados por Quito Cómo Vamos, iniciativa que monitorea las condiciones de vida de la capital, combinando información oficial con la Encuesta de Percepción Ciudadana 2026. Los registros administrativos utilizados para varios de los indicadores económicos corresponden principalmente al cierre de 2025, mientras que las preguntas sobre capacidad de ahorro y situación de los hogares llegan hasta 2026.
Daniela Chacón Arias, directora ejecutiva de TANDEM, advierte a GESTIÓN que la economía de Quito sí muestra señales de recuperación, aunque todavía no alcanza los niveles de estabilidad previos a la pandemia.
Una economía puede registrar más empleo y menos pobreza sin que ello se traduzca necesariamente en mayor tranquilidad financiera para los hogares. La recuperación puede convivir con menores ingresos, informalidad, poca capacidad de ahorro y empresas extremadamente vulnerables a cualquier nuevo shock. Eso es precisamente lo que muestran las cifras de Quito.
La recuperación llegó, aunque todavía no se traduce en tranquilidad para los hogares
La pandemia marcó un punto de quiebre para la economía de Quito. Chacón recuerda que antes de 2020 la capital registraba mejores indicadores de empleo, menores niveles de pobreza y una mayor capacidad de ahorro. La recuperación posterior ha existido, aunque con importantes interrupciones.
“Quito se ha ido recuperando poco a poco, con fluctuaciones”, explica. Uno de esos tropiezos ocurrió en 2024: hasta septiembre, recuerda, los indicadores apuntaban hacia una recuperación más clara; los cortes de energía de los últimos meses del año afectaron nuevamente la productividad, el empleo y la pobreza. En 2025 comenzó otra etapa de mejora.
En 2022, el 69% de los encuestados decía que no podía ahorrar. Para 2026, la proporción se redujo al 40,5%. También disminuyó el porcentaje de personas que reportó retrasos en pagos de vivienda o compras a plazo: del 41% en 2022 al 32,3% en 2026. Son mejoras importantes. No obstante, aún cuatro de cada diez personas no tienen capacidad de generar ahorro y casi la mitad, el 47,8%, afirma que no puede permitirse una semana de vacaciones al año.
Es decir, una parte considerable de la ciudad logra cubrir sus necesidades cotidianas, aunque todavía dispone de poco margen económico para enfrentar una emergencia, una pérdida de empleo o una nueva crisis.
Las cifras muestran una recuperación que todavía tiene límites. Chacón señala que el empleo adecuado ha aumentado y la pobreza ha disminuido; al mismo tiempo, el ingreso promedio se ha reducido. Los gastos de los hogares y el costo de la canasta básica tampoco han retrocedido en la misma proporción. “Tenemos más empleo, pero no estamos ganando lo mismo que ganábamos antes”, resume.
Ese elemento ayuda a explicar por qué la economía continúa apareciendo entre los principales problemas que afectan la calidad de vida de los quiteños. La mejora estadística todavía no se convierte necesariamente en sensación de seguridad económica.
El riesgo está en qué ocurriría frente a una nueva crisis. Sin ahorro suficiente y con ingresos menores, una parte de los hogares tiene poca capacidad para resistir otro shock como el de la pandemia o los apagones.
Uno de cada cuatro empleos todavía está en la informalidad
El segundo límite de la recuperación aparece al mirar qué tipo de empleo genera Quito. En 2025, el 68,7% de las personas empleadas se encontraba en el sector formal, mientras el 25,1% estaba en la informalidad. La proporción informal ha disminuido desde el 27,4% registrado en 2023, aunque todavía supera el 20,7% observado en 2019.
La pandemia produjo un deterioro visible. En 2021, la formalidad cayó al 67,1% y la informalidad subió al 25,6%. Desde entonces, la estructura se ha mantenido relativamente estable: aproximadamente una cuarta parte de quienes trabajan en Quito permanece dentro del sector informal.
Para Chacón, mantener alrededor del 25% del empleo en la informalidad significa que una parte importante de la población continúa expuesta a condiciones de mayor precariedad. El problema no es solamente recibir un ingreso menor. La informalidad puede implicar menor acceso a seguridad social, ingresos menos previsibles y una capacidad reducida para enfrentar períodos sin ventas o sin trabajo.
Y esa vulnerabilidad está relacionada directamente con otra característica de la economía quiteña: su enorme concentración de negocios en los tamaños más pequeños. Quito es una ciudad de emprendedores y microempresas. Sin embargo, la gran cantidad de establecimientos no se traduce en la misma capacidad de generar puestos de trabajo.
Quito tiene 270.000 microempresas; 1.552 grandes empresas concentran mucho más empleo. La estructura empresarial de Quito muestra una de las paradojas más interesantes de toda la radiografía económica.
Según los datos presentados por Quito Cómo Vamos, existen 270.819 microempresas activas, frente a apenas 1.552 grandes empresas. La diferencia es gigantesca: por cada gran empresa hay alrededor de 175 microempresas. Cuando se observa el empleo que generan, la relación se invierte.
Las más de 270.000 microempresas reúnen 175.860 personas empleadas. Las 1.552 grandes empresas concentran 431.828. Las pequeñas empresas suman 16.859 establecimientos y generan 114.717 empleos, mientras 4.339 empresas medianas tipo A y B concentran 133.964 trabajadores.
La cifra de las microempresas exige una aclaración. No significa que cada una tenga necesariamente varios trabajadores. Al contrario, Chacón explica que una parte considerable funciona prácticamente como autoempleo o negocio unipersonal.
“Son empresas casi personales”, señala. Eso limita su capacidad de contratar, invertir y enfrentar períodos de menor demanda. El problema se profundiza porque buena parte de estos negocios se encuentra en comercio y servicios y no está integrada a cadenas productivas más amplias.
El comercio representa el principal sector del tejido empresarial de Quito y en 2025 concentraba alrededor del 27,2% de las empresas, seguido por los servicios, con 19,8%, y las actividades científicas y técnicas, con 13,2%.
Estas actividades dependen fuertemente del consumo interno. Cuando los hogares tienen menos dinero disponible, disminuyen las ventas y los establecimientos más pequeños absorben rápidamente el golpe. De allí que el problema de Quito no sea necesariamente la falta de emprendimiento.
“Siempre escuchamos esta famosa cifra de que en Ecuador, en Quito, somos súper emprendedores”, explica Chacón. Aun así, una gran parte de esos emprendimientos entra y sale constantemente del mercado, vuelve a la informalidad o desaparece.
El reto es conseguir que más microempresas sobrevivan, crezcan, se vinculen a cadenas productivas y comiencen a contratar. En otras palabras, Quito no necesita únicamente más negocios; necesita más empresas capaces de dejar de ser negocios de subsistencia.
La recuperación no se reparte igual: la pobreza todavía tiene rostro femenino
La recuperación económica también muestra diferencias según quién ocupa el puesto de trabajo o sostiene el hogar. En 2025, la pobreza por ingresos en el Distrito Metropolitano se situó alrededor del 10,5%, por debajo del 12,3% de 2024 y muy lejos del 19% registrado en 2021. La trayectoria confirma una recuperación importante desde el impacto de la pandemia.
Las mujeres, sin embargo, han mantenido niveles de pobreza superiores o muy cercanos a los de los hombres durante buena parte del período. En 2021, la tasa fue de 19,3% entre mujeres y 18,6% entre hombres. En 2023, cuando la pobreza general bajó a 11,8%, la tasa femenina todavía era 12,4%, frente a 10,6% entre hombres. En 2024, la brecha volvió a ampliarse: 13,5% frente a 11,1%.
La brecha se vuelve todavía más clara cuando se observa el empleo adecuado. Chacón señala que, al cierre de 2025, aproximadamente 61% de los hombres en Quito tenía empleo adecuado, frente a 47% de las mujeres. Son alrededor de 14 puntos de diferencia.
La dificultad no se explica únicamente por el funcionamiento del mercado laboral. Las tareas de cuidado continúan desempeñando un papel central.
En los hogares con niños, una parte importante de las responsabilidades sigue recayendo sobre las mujeres. Chacón explica que esto puede afectar tanto a madres como a jóvenes que todavía no logran ingresar plenamente al mercado laboral: en determinados hogares, mientras los adultos trabajan, una hija mayor asume el cuidado de sus hermanos, reduciendo sus posibilidades de estudiar o buscar empleo.
El problema deja de ser entonces solamente laboral. También es un problema de organización del cuidado, acceso a servicios y distribución del tiempo dentro de los hogares. Y ese tipo de desigualdad puede persistir incluso cuando los indicadores generales de Quito mejoran.
El desafío es que la próxima crisis no vuelva a borrar lo avanzado
Los números permiten afirmar que Quito está mejor que en los momentos más duros posteriores a la pandemia. La pobreza se ha reducido, la capacidad de ahorro mejoró, el empleo adecuado se recuperó y la informalidad bajó desde el pico reciente de 2023. Aun así, las mismas cifras muestran que la recuperación todavía no está consolidada.
Cuatro de cada diez personas todavía no pueden ahorrar. Una cuarta parte del empleo permanece en la informalidad. El ingreso promedio no ha acompañado plenamente la recuperación del empleo y las microempresas —que constituyen la inmensa mayoría del tejido empresarial— tienen poca capacidad para generar puestos de trabajo adicionales.
La pregunta relevante ya no es únicamente cuánto crece la economía de Quito, sino qué tan capaz es de resistir el siguiente golpe. Chacón recuerda que la pandemia primero y la crisis eléctrica después demostraron la vulnerabilidad del proceso. Una recuperación que depende de no enfrentar ninguna nueva alteración externa es, por definición, una recuperación frágil.
Por eso, una política económica local debería mirar con especial atención a las micro y pequeñas empresas. Integrarlas a cadenas productivas, mejorar su productividad, reducir obstáculos para su crecimiento y facilitar su tránsito hacia estructuras empresariales más estables puede tener un efecto mayor que simplemente incrementar el número de emprendimientos.
También implica mirar el empleo femenino desde una perspectiva distinta. Si las tareas de cuidado impiden que una parte de las mujeres estudie, trabaje o acceda a empleos de mejor calidad, las políticas de empleo por sí solas serán insuficientes.
En la primera entrega, las cifras mostraron una ciudad que conserva orgullo mientras pierde optimismo y enfrenta problemas de movilidad, seguridad y confianza institucional. En esta segunda, la economía revela una paradoja similar: Quito se recupera, aunque todavía no alcanza una tranquilidad económica compartida por todos.
Hay más empleo, menos pobreza que durante los años más difíciles y una mayor capacidad de ahorro en parte de los hogares. El principal reto de Quito ya no es únicamente mejorar sus indicadores, sino lograr que esa recuperación sea sostenida, resistente a nuevas crisis y capaz de llegar también a quienes todavía permanecen al margen.
(*) Economista, analista económica Gestión Digital.
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