"Tienen mayor potencial del que creemos": la otra cara de los resultados PISA en Ecuador
Cerca de la mitad de los estudiantes de colegios en Ecuador consideraban de alguna manera que tienen una "cantidad determinada de inteligencia" que no puede cambiar, pero expertos proponen depositar y contagiar más confianza en los niños.

Un grupo de niños participa en una evaluación pedagógica en un colegio en Quito.
- Foto
Fundación CRISFE
Autor:
Actualizada:
Compartir:
Los resultados de las pruebas PISA sugieren que los estudiantes ecuatorianos viven una especie de techo de cristal en la que poco más de la mitad considera que la "cantidad" de inteligencia que tienen no puede cambiar, mientras que la otra parte, cerca del 49%, considera que esta se puede desarrollar con esfuerzo.
María Brown, exministra de Educación y directora ejecutiva de la Fundación CRISFE, expuso a PRIMICIAS, tras un conversatorio de dicha organización el 16 de septiembre, que los niños que no tienen un buen desempeño lector tienden a sentirse avergonzados porque creen que no tienen el mismo "nivel" que otros de sus compañeros, algo que empeora el rendimiento en otras áreas de la vida social y académica del menor.
Sin embargo, expertos convocados en ese espacio destacaron que existen otros parámetros también considerados en las pruebas PISA que invitan a pensar en estos resultados como "un punto de partida, no de llegada", como resumió Sofía Zevallos, jefa de educación en Colegios CRISFE.
Curiosidad y tecnología: las fortalezas en Ecuador
"Ecuador muestra mucha más curiosidad del conocimiento, incluso por encima del promedio de la OCDE", destacó la exministra de Educación Monserrat Creamer. También resaltó que en estas evaluaciones internacionales, los estudiantes ecuatorianos mostraban más perseverancia para realizar sus tareas, más valoración y sentido de pertenencia con las escuelas.
Los resultados PISA también mostraron que el 52% de estudiantes en Ecuador obtuvo un nivel de suficiencia adecuada en cuanto a la resolución de problemas computacionales. Es una cifra que se complementa con que el 70% de los alumnos ocupa herramientas de inteligencia artificial para aprender al menos una o dos veces al mes.
No obstante, Creamer expuso que en este contexto en el que más estudiantes parecen tomar más conductas de autoeducación, el rol del docente se transforma. Así, debe pasar de uno en el que forma conocimientos o conceptos, a uno en el que enseñe a los alumnos a investigar discernir, evaluar, juzgar y experimentar adecuadamente la realidad.
Para Creamer, hay que dar a los estudiantes oportunidades para que se desarrollen y "empezar un círculo virtuoso de altas expectativas, grandes resultados y mayor autoestima".
Alexander Jiménez, jefe de evaluación educativa de CRISFE, mostró algunos avances de una evaluación integral realizada por la Fundación en más de 10.000 estudiantes del país. Él consideró que los ajustes pedagógicos que se realizan posteriormente dan "fortalezas, confianza y un montón de habilidades al estudiante para identificar qué necesita aprender".
La lectura, clave para destrabar el potencial
Brown aseguró que es posible que tras ocho meses de nivelación, bajo un método implementado por la Fundación CRISFE, el 30% de los estudiantes que antes estaba por debajo de la "línea de pobreza de aprendizaje" llegue a un nivel básico necesario para aprender de manera autónoma.
"Los niños tienen un mayor potencial del que muchas veces les damos crédito", dijo la exministra de Educación.
Gran parte de esto ocurre mediante estrategias para mejorar la comprensión lectora, algo que, a su vez, según los expertos convocados al conversatorio, permite aprender mejor los conocimientos de otras áreas como las matemáticas, debido a la comprensión de problemas.
"Con un acompañamiento adecuado, ellos pueden superar esa pobreza de aprendizaje de una forma muy rápida y ágil. Hay muchas cosas que podemos hacer en familia, como promover la lectura de textos largos, conversar sobre esa lectura. Son prácticas que permiten entrenar al cerebro para que adquieran esa aptitud adecuadamente. Es decir, no está perdido, es algo que el cerebro puede recuperar", señaló Brown.
Compartir: