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Análisis

El postparto, la variable económica olvidada en la desigualdad laboral femenina en Ecuador

En el marco del Día Internacional de la Mujer, el debate sobre igualdad laboral femenina pone en primer plano las brechas salariales, las barreras de acceso a posiciones de liderazgo y las condiciones de contratación. La evidencia económica disponible para Ecuador añade una dimensión que merece mayor atención en ese análisis, la salud postparto como condicionante directo de la participación y la productividad laboral femenina.

Estefania Jimenez consuela a su hija Madison Bone de 2 meses de edad

Madre consuela a su hija de 2 meses de edad.

- Foto

SANTIAGO ARCOS/UNICEF - Flickr

Autor:

Liz Ortiz

Actualizada:

06 mar 2026 - 05:55

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Cada 8 de marzo, Ecuador, como el resto del mundo, renueva su compromiso simbólico con la igualdad de género. Se llenan auditorios, se publican cifras y se enuncian metas. Pero detrás de los discursos existe una realidad que pocas veces se nombra con precisión económica: la salud de una mujer en el periodo postparto no es un asunto privado ni exclusivamente médico. Es un determinante estructural de su capacidad para participar en el mercado laboral, generar ingresos y sostener su proyecto de vida.

Los datos del mercado de trabajo en Ecuador a enero de 2026 revelan una brecha que no se explica únicamente por educación o vocación. Mientras el 40,8% de los hombres accede a empleo adecuado, solo el 30,4% de las mujeres lo logra. Ellas concentran el 12,7% del empleo no remunerado frente al 3,6% masculino y representan el 5% del empleo doméstico, contra apenas el 0,2% de los hombres.

La economista Daniela Ortiz, en su tesis titulada “Efectos económicos de los programas de lactancia materna en la salud postparto en Ecuador 2022–2024”, desarrollada en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, ofrece una de las lecturas más rigurosas y recientes sobre esta intersección. Sus hallazgos cuantifican la importancia de invertir en la salud materna postparto, demostrando que no se trata de un gasto social, sino de una inversión con retornos económicos.

El cuerpo materno como variable económica ignorada

La economía convencional rara vez incluye el postparto en sus modelos de oferta laboral femenina. Sin embargo, lo que ocurre en los primeros meses tras el parto, si una madre amamanta, si recibe consejería, si accede a controles preventivos, condiciona directamente su disponibilidad, productividad y permanencia en el empleo.

Como señala Ortiz, citando a Michael Grossman, la salud debe entenderse como capital humano: una inversión que rinde retornos a lo largo del tiempo. En el caso de las mujeres en edad reproductiva, ese capital se deteriora o se fortalece precisamente en el periodo postparto. Una madre que desarrolla depresión postparto, condición que según los datos de la Encuesta Nacional sobre Desnutrición Infantil (ENDI) afectó al 19,4% de las madres ecuatorianas en el periodo 2023–2024, enfrenta barreras concretas para reincorporarse al trabajo: menor concentración, ausentismo, mayor probabilidad de abandono del empleo y costos de tratamiento que recaen sobre ella y sobre el sistema de salud.

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Ortiz estima que la consejería en lactancia materna reduce en 24,1% la probabilidad de presentar sintomatología depresiva postparto. Aplicado a la cohorte nacional de 250.277 nacidos vivos en 2022, eso equivale a 60.316 casos evitados y un ahorro de USD 18,1 millones en atención curativa. Traducido al mercado laboral: decenas de miles de mujeres que permanecen productivamente activas, con mejor salud mental y menor dependencia de servicios especializados.

La depresión postparto, una crisis silenciosa que golpea más a las urbes y clase media

Según los datos más recientes, del primer y segundo periodo de la ENDI, la sintomatología depresiva aumentó en 2,2 puntos porcentuales a nivel nacional, pero el incremento no fue homogéneo (Gráfico 1).

El dato más llamativo: las mujeres con nivel educativo medio o bachillerato mostraron el mayor incremento, con 5,3 puntos porcentuales adicionales. Son precisamente las mujeres que con más frecuencia se encuentran en los estratos laborales donde la presión por reincorporarse rápido es mayor.

El área urbana registró un aumento de 4 puntos, mientras que en el área rural la depresión materna bajó levemente, un fenómeno que Ortiz atribuye al efecto protector del programa Creciendo con Nuestros Hijos (CNH), con mayor cobertura en zonas vulnerables rurales.

Este patrón revela una paradoja: las mujeres con más herramientas para participar en el mercado laboral formal son también las más expuestas a deterioros en su salud mental postparto, precisamente por la ausencia de redes de apoyo institucional en entornos urbanos.

Lactancia materna y trabajo: una tensión que el mercado no resuelve solo

La lactancia materna exclusiva, que consiste en alimentar al bebé únicamente con leche materna durante los primeros seis meses, es reconocida por la Organización Mundial de la Salud como una de las intervenciones preventivas más eficaces para la salud materno-infantil. Sin embargo, mantenerla mientras se trabaja sigue siendo, para miles de ecuatorianas, una negociación cotidiana y agotadora (Gráfico 2).

La cobertura nacional de lactancia exclusiva aumentó levemente entre periodos, impulsada principalmente por la implementación de Centros de Apoyo Integral Materno Infantil (CAIMI) en Guayaquil y Quito. No obstante, la caída en la Amazonía de 70,5% a 60,2% y los bajos valores históricos de la región Costa evidencian que los avances son territorialmente desiguales y frágiles.

El estudio de Ortiz, documenta que los bebés alimentados con leche materna presentan entre un 25% y 50% menos episodios de infecciones, lo que se traduce en entre un 30% y 45% menos ausentismo laboral materno. Menos ausencias significan menos pérdida de productividad, menos riesgo de despido y mayor continuidad en la trayectoria laboral. La lactancia no es solo un acto de crianza, es un factor de estabilidad económica femenina cuando el entorno laboral la facilita, y un factor de exclusión cuando no lo hace.

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El estudio cualitativo de María Mendoza, Benjamin Bates y Bella Vivat titulado “The (im)possibility of being a breastfeeding working mother: experiences of Ecuadorian healthcare providers”, entrevistó a 60 profesionales de la salud en Ecuador y encontró que la ausencia de espacios adecuados, la falta de horarios flexibles y la presión del doble rol de madre y trabajadora son las principales barreras para sostener la lactancia al reincorporarse. Son barreras estructurales, no personales. 

Lactancia continua, desnutrición y el costo invisible para las empresas

Más allá de los seis meses, la lactancia continua que la OMS recomienda extender hasta al menos los dos años también muestra una tendencia preocupante en Ecuador (Gráfico 3).

La tendencia descendente es generalizada. La mayor caída la registra la Amazonía, con casi 8 puntos porcentuales de reducción, seguida del área urbana con 2,6 puntos. La presión de reincorporarse al trabajo sin apoyo institucional es uno de los factores detrás de este retroceso.

La consecuencia más medida y visible de esta interrupción es la desnutrición crónica infantil. Ortiz demuestra econométricamente que la lactancia materna exclusiva reduce de forma significativa la probabilidad de que un niño la desarrolle.

El modelo utilizado alcanza una capacidad predictiva alta, lo que en términos prácticos significa que la relación entre amamantar exclusivamente y proteger al niño de la desnutrición no es casual ni marginal, sino sólida y verificable estadísticamente. Cada caso evitado representa un ahorro mínimo de USD 500 en atención y recuperación nutricional (estimaciones del BID y MIES), pero sus efectos se proyectan décadas hacia adelante: un niño con desnutrición crónica tiene menor rendimiento escolar, mayor probabilidad de enfermedades crónicas en la adultez y menores ingresos laborales futuros. 

Lo que empieza como una decisión de alimentación en los primeros meses de vida termina inscribiéndose en la productividad de un país entero.

Brechas que se construyen antes de que la mujer llegue al trabajo

Los datos del mercado laboral de enero de 2026, según la Encuesta Nacional de Empleo, Subempleo y desempleo (ENEMDU) trazan un mapa de desigualdad estructural que no puede entenderse sin su dimensión sanitaria (Gráfico 4).

Las mujeres tienen más del triple de participación en el empleo no remunerado que los hombres, 12,7% frente a 3,6%, y prácticamente duplican la tasa de desempleo masculina. Pero incluso entre quienes trabajan, el 50,6% lo hace en el sector informal y el empleo doméstico femenino quintuplica al masculino.

Como demuestra Ortiz, los costos preventivos de los programas de lactancia materna, incluyendo consejería, controles de niño sano y el programa CNH, ascienden a aproximadamente USD 18,55 millones anuales, apenas por encima de los USD 18,32 millones en costos curativos evitados. La diferencia es mínima pero el argumento es poderoso: por una inversión marginal, Ecuador evita decenas de miles de casos de depresión postparto, enfermedad diarreica aguda y desnutrición crónica, y mantiene a más mujeres en condiciones de participar activamente en la economía.

El inicio temprano de la lactancia materna, cuya cobertura nacional cayó de 51,6% a 49,9% entre los dos periodos analizados, también muestra señales de alerta (Gráfico 4).

La región Costa tiene la cobertura más baja del país y sigue cayendo. No es un dato menor: el modelo econométrico de Ortiz demuestra que iniciar la lactancia en la primera hora de vida reduce la probabilidad de que la madre desarrolle depresión postparto y de que el niño sufra episodios de enfermedad diarreica aguda, dos resultados con efectos directos sobre el ausentismo laboral, el gasto en salud y la estabilidad familiar.

La lactancia materna no es solo una práctica biológica ni una decisión individual. Es el resultado de condiciones que el entorno facilita o impide, y cuando el entorno laboral, institucional y sanitario no acompaña, los costos los absorben silenciosamente las mujeres, sus familias y el sistema de salud público.

(*) Economista, analista económica Gestión Digital.

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