El fenómeno de El Niño 2026-2027 se asemeja al evento más devastador para Ecuador y a uno de impacto limitado
El Comité Nacional Erfen advierte que la configuración térmica actual del Pacífico guarda similitudes con los fenómenos El Niño de 1997-1998 y 2023-2024, aunque el impacto definitivo dependerá del acoplamiento atmosférico.

Residentes de Daule (Guayas) transportan un sofá rescatado de las aguas desbordadas del río el 9 de marzo 1998. Las lluvias iniciaron desde octubre de 1997. El Niño obligó a más de 30.000 ecuatorianos a abandonar sus hogares y causó la muerte de 244 personas.
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Francesco Degasperi / AFP
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El fantasma de lluvias extremas y devastación económica por el fenómeno de El Niño vuelve a asomarse a las costas de Ecuador, aunque los más recientes pronósticos vienen acompañados todavía de cautela.
El Comité Nacional para el Estudio Regional del Fenómeno El Niño (Erfen) reveló que el evento en actual desarrollo presenta una "similitud relativa" con dos de los escenarios más contrastantes de la historia reciente de Ecuador: el catastrófico fenómeno de El Niño de 1997-1998 y un evento debilitado, el de 2023-2024.
La entidad aclaró en su informe más reciente -del 6 de agosto de 2026- que esta analogía se basa solo en la configuración térmica actual del océano y en el análisis comparativo de la evolución actual de El Niño con 14 eventos anteriores.
"Esta comparación constituye únicamente una referencia sobre la evolución de las condiciones oceánicas y no implica que la intensidad, duración o impactos del evento actual sean equivalentes", reza el informe oficial del Erfen.
Las lluvias del devastador Niño de 1997-1998 comenzaron desde octubre, por lo que si se comienzan a registrar lluvias entre octubre de 2026, sería un signo de posible similitud en intensidad con el evento histórico, alertan oceanógrafos.
Un factor clave será el acoplamiento del calentamiento oceánico -que propicia mayor evaporación y lluvias- con condiciones atmosféricas -vientos débiles y presión de aire-. Esto explica en parte por qué el evento 2023-2024 alcanzó también picos de temperatura oceánica, pero luego se debilitó.

Un océano alterado: aumento de nivel y 'señales anticipadas'
- El monitoreo hasta inicios de agosto dibuja un panorama de calentamiento inusual. En la franja costera ecuatoriana, la temperatura superficial del mar se mantiene elevada entre los 26 y 28 °C, registrando anomalías históricas, por encima de lo normal, de hasta 4°C en distintos sectores, apunta el Erfen.
- A escala macro, el Pacífico tropical presenta anomalías semanales extremas de 2,3 °C en la región Niño 3,4 (a 8000 kilómetros de Ecuador y desde donde se propaga el calentamiento) y de 4,1 °C en la región Niño 1+2 (más próxima a la costa). Eso no solo evidencia la persistencia y sino también “el fortalecimiento de las condiciones asociadas con El Niño”.
- El nivel medio del mar presentó anomalías cercanas a +30 centímetros en las estaciones costeras y +17 cm en el área oceánica. “El nivel del mar elevado, al coincidir con aguajes, oleajes o temporales, podría incrementar la probabilidad de desbordamientos, inundaciones y procesos de erosión en zonas costeras bajas y expuestas”, advierte el Comité.
- La mayor expresión del evento se prevé entre noviembre y diciembre, cuando podría alcanzar un mayor desarrollo y coincidir con la transición hacia la época lluviosa en el Litoral. “No obstante, si el acoplamiento entre el océano y la atmósfera se fortalece antes de ese período, podrían presentarse señales anticipadas, como un incremento progresivo de la humedad (...) y la frecuencia de las precipitaciones”, agrega el informe.
El fantasma del 97-98, el peor escenario posible
El primer punto de comparación del Erfen evoca uno de los desastres más destructivos de la historia moderna de Ecuador. Durante el fenómeno de 1997-1998, el calentamiento anormal de las aguas desató lluvias en la Costa que se prolongaron de forma ininterrumpida por nueve meses.

- El saldo trágico del fenómeno de 97-98 fue de 292 fallecidos y más de 29.000 personas evacuadas, según cifras de la Defensa Civil recogidas en un informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
- Unas 15.264 viviendas resultaron afectadas, de las cuales 5.000 quedaron totalmente destruidas, según esos mismos datos. Solo los daños directos en viviendas sumaron USD 152,6 millones.
- El agua alcanzó niveles inverosímiles, llegando a las ventanas de segundos pisos de casas en Huaquillas (El Oro) en la zona límite con Perú y obligando a los habitantes de Milagro (Guayas) a movilizarse en balsas.
- Las pérdidas se calcularon en USD 2.882 millones, el 14,6% del Producto Interno Bruto de Ecuador en 1997, de acuerdo con un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
- Estimaciones de Cepal, OPS y de la Corporación Andina de Fomento (CAF) apuntan que cerca de siete millones de personas, el 60% de los habitantes que tenía Ecuador, vivió impactos directos o secundarios por El Niño
- Se afectaron más de 843.873 hectáreas de cultivos, según estimó la CAF, lo que dejó sin trabajo a decenas de miles de agricultores y desató una severa escasez de alimentos. Ecuador tuvo que importar de emergencia 200.000 toneladas de azúcar, 140.000 toneladas de maíz y 60.000 de soya.
- Además, el nivel sobreelevado del mar impidió el desfogue rápido de la lluvia por ríos y esteros. Guayaquil llegó a acumular en ocho horas la lluvia prevista para todo un mes. En el Puerto Principal se estima que cayeron 5.990 milímetros de lluvia, equivalentes a 2.400 piscinas olímpicas.
- Los daños del evento resultaron casi cuatro veces mayores a los del fenómeno anterior (1982- 1983), por la existencia de mayor población y capital concentrados en las zonas afectadas en todo el litoral, según la OPS.
El Niño de 2023-2024, un fenómeno debilitado
En el extremo opuesto del análisis está el antecedente de 2023-2024, que se proyectó también entre moderado a fuerte -como el actual-, cuyos impactos terminaron siendo menores a falta de un acoplamiento atmosférico.
El plan para mitigar y responder a los impactos de El Niño 23-24 proyectó una inversión a USD 761,8 millones, entre el Ejecutivo, municipios y prefecturas.
¿Por qué fallaron las predicciones? El climatólogo chileno Diego Campos detalla que todos los eventos se comportan distinto -"siempre será mejor estar preparados"- y aunque las anomalías térmicas en el Pacífico superaron la barrera crítica de los dos grados por encima de lo normal, se sostuvieron poco tiempo.
“El calentamiento fue muy fuerte en dos meses, pero no se sostuvo en el tiempo porque faltaron mecanismos atmosféricos y otros factores que influyen en los efectos", dijo el meteorólogo especializado en eventos climáticos extremos.
Freddy Hernández, investigador del Instituto Oceanográfico y Antártico de la Armada (Inocar), resalta una diferencia crucial entre la evolución de los dos eventos: "En 2023, el calentamiento no fue acelerado, sino lento, y finalmente el calentamiento se dispersó y perdió la energía necesaria".
Por el contrario, en el escenario actual, el calentamiento oceanográfico fue "muy acelerado" desde febrero-marzo y no se ha dispersado, lo que enciende alarmas ante un comportamiento mucho más persistente.
Hernández señala que será crucial monitorear el comportamiento climático entre finales de septiembre y octubre -si se producen unas primeras lluvias-, mientras un posible acoplamiento atmósfera-océano sigue bajo vigilancia.
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