El Niño: El mar arrasa a playa Delfín en Guayas, golpea a cabañas turísticas en Manabí y pone en alerta a Santa Elena
El aumento del nivel del mar por el fenómeno de El Niño agrava la erosión y potencia los efectos de oleajes y aguajes en el perfil costero de Ecuador. La desaparición de una playa en Guayas y daños en locales manabitas exponen vulnerabilidades ante un evento de probable "magnitud histórica".

La erosión acelerada, agravada por el aumento del nivel del mar y los efectos cíclicos del fenómeno de El Niño, ha borrado la franja de arena y causado destrozos en playa Delfín, Posorja (Guayas).
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Alexander Garcia / PRIMICIAS
Autor:
Alexander García, Belén Mendoza, Jesús Bernabé
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La combinación de los efectos cíclicos del fenómeno de El Niño, el aumento global del nivel del mar y una sucesión de oleajes de alta energía ejercen presión sobre el perfil costero de Ecuador. La desaparición de playa Delfín en Guayas y daños recientes a infraestructura turística en las playas de Manabí exponen las vulnerabilidades costeras ante un evento de probable "magnitud histórica".
En Ecuador, el nivel del mar se incrementó entre 28 y 33 centímetros en la última semana medida (tras superar picos de 40 centímetros la semana previa), según el Comité de Estudio Regional de El Niño (Erfen), acercándose a los niveles medidos durante el devastador evento de 1997-1998.
Ecuador tiene activa la alerta roja por El Niño 2026-2027, que potencia la fuerza destructiva de los oleajes y las mareas periódicas de los aguajes, acelerando la erosión. Esto comienza a causar daños.
El Instituto Oceanográfico y Antártico de la Armada (Inocar) registra desde hace dos semanas el arribo de olas de hasta más de dos metros de altura, en una alerta que sigue vigente hasta el 7 de septiembre. Además, Naciones Unidas advirtió a fines de agosto que el incremento del mar es una realidad en rápida evolución, con registros récord anuales de hasta 5,9 milímetros en 2024, año del más reciente El Niño.
Playa Delfín (Guayas): El desplome de ícono turístico y amenaza comunal
En la comuna Data de la parroquia rural Posorja (sector costero de Guayaquil, Guayas), el monumento al delfín -erigido en 2015 como el símbolo de su reactivación turística y cultural- está colapsando gradualmente. La acelerada erosión costera ha borrado por completo la franja de playa de entre 30 y 50 metros que antes separaba a la escultura de la rompiente de las olas.
Hoy, el mar golpea de manera directa el barranco que sostiene al atractivo turístico -una estructura de cemento de más de 70 metros de largo-, lo que ha provocado derrumbes que ya destruyeron la nariz y parte de la cabeza de la escultura.
Los aproximadamente 2.000 residentes de la comuna enfrentan la pérdida de infraestructura y del acceso principal a la playa -y un desplome del flujo de turistas que ahora bajan al mar por un sector conocido como El Castillo-. Un puñado de cabañas turísticas ya han sido destruidas por el avance del mar y le siguen otras seis viviendas al borde del acantilado. Unas 60 casas se levantan al filo de la costa.
Tahiz Canales, quien tiene más de una década viviendo en el sector, dice que pese a que los comuneros invirtieron recursos propios en levantar muros de contención y escolleras de piedra, la fuerza de las mareas ha destruido estas defensas artificiales. Ella recuerda que en 2015 la franja de playa entre el monumento al delfín y el lugar donde rompían las olas era de entre 30 y 50 metros, pero ahora las olas revientan directamente sobre los barrancos donde se encuentran viviendas y la escultura.
El mar avanza hasta en más de cinco metros por año
- Este escenario coincide con los datos de un estudio de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL), los cuales revelan que el 61,6% del perfil costero de Guayas y Santa Elena está bajo erosión activa. La tasa de erosión avanza a entre cuatro y más de cinco metros por año.
- Un 25,5% de la línea de costa de las dos provincias presenta una susceptibilidad “muy alta” ante procesos erosivos y un 47,9% se clasifica dentro de la categoría de susceptibilidad “alta”, según el Estudio de Susceptibilidad ante la Erosión Costera de la Espol.

Manabí: Oleajes y aumento del nivel del mar golpean infraestructura turística
Los balnearios ubicados en los 350 kilómetros de playas de la provincia de Manabí no están exentos del efecto de la erosión y los oleajes. Las primeras marejadas dejaron afectaciones en zonas de Crucita (Portoviejo) y San Clemente (Sucre), las más propensas a sufrir los impactos de este tipo de eventos.
El primer arribo de oleaje del suroeste del Pacífico -que coincide con el incremento del nivel del mar por El Niño- dejó daños en la playa Punta Bikini, en San Clemente (Sucre), en el centro norte de Manabí.
“En cerramiento se dañó por completo y al menos 20 cabañas turísticas registran afectaciones, mi quiosco de construcción mixta fue el más afectado”, explicó a PRIMICIAS Wacho Barcos, dueño de una cabaña que resultó destruida la mañana del 31 de agosto de 2026.

Según Barcos es la primera vez que se ven afectados. Él debe construir una nueva cabaña y estima que deberá invertir unos USD 4.000, aunque todavía evalúan reubicar toda infraestructura de turismo. “Ahora llegan poquitos turistas y los que arriban solo se quedan en el malecón, porque la bajada al balneario se vio afectada. Pero ya la estamos arreglando”, agregó Barcos.
La parroquia Crucita, del cantón Portoviejo, es otra zona vulnerable, donde todos los años los oleajes causan grandes daños, ya sea con el ingreso del agua a las viviendas o a los negocios, o incluso por la destrucción de viviendas de cemento ubicadas al borde del mar.
Santa Elena: Salinas y Anconcito, vulnerables a erosión
En la provincia de Santa Elena, las localidades de Salinas y Anconcito concentran sectores que históricamente han enfrentado problemas relacionados con oleajes, erosión y fallas del drenaje. El malecón de Salinas es uno de los puntos que recibe directamente el impacto de los oleajes. Pero la preocupación también alcanza a zonas residenciales y sectores próximos al perfil costero.
Gonzalo Menoscal, ingeniero, consultor y especialista en Gestión de Riesgos, explica que cuando aumenta la temperatura del agua por El Niño, esta se expande e incrementa el nivel del mar. Si a esto se suman mareas y oleajes fuertes, aumenta la presión sobre las zonas construidas junto a la costa.
En Santa Elena, el ingeniero identifica una extensa franja costera que podría quedar expuesta a una mayor erosión. Entre los sectores susceptibles menciona Las Núñez, Bototillo, San José, Curía, Olón, Montañita, Manglaralto, Cadeate, San Antonio, Libertador Bolívar, Valdivia, San Pedro, Ayangue, Palmar, Monteverde, San Pablo, Punta Blanca y Chuyuipe.

El problema, señala, no recae solo sobre cabañas, locales e infraestructura turística, pues también se han levantado condominios y construcciones permanentes en áreas próximas a la playa. La falta de planificación y la ocupación de zonas cercanas a cauces, quebradas y playas agrava el panorama, dice.
Además, cuando el nivel del mar se eleva como en un fenómeno de El Niño, actúa como una barrera física o "tapón" sobre sistemas de drenajes, lo que impide la evacuación del agua lluvia y previene a cantones turísticos como Salinas, vulnerable ante severas inundaciones.
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