¿Quién cuida a los hijos si el ICE se lleva a los padres? El drama que golpea a familias migrantes en Estados Unidos
Una adolescente ecuatoriana buscó ayuda después de una detención migratoria en su familia. Ella y sus hermanos menores de 10 años quedaron al cuidado de una tía. Casos como este muestran la otra emergencia que comienza cuando un padre o una madre desaparece de la vida cotidiana.

Agentes de ICE escoltan a un detenido en Ventura, California, el 27 de julio de 2026.
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AFP
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NUEVA YORK. La llamada no la hizo un adulto. Al otro lado del teléfono estaba una adolescente ecuatoriana. Sus padres habían salido a trabajar —él como jardinero y ella limpiando la misma casa— y las horas comenzaron a pasar sin noticias de ellos. No respondían los mensajes. Tampoco habían escrito para preguntar si sus hijos ya habían almorzado, como acostumbraban. Al final del día, no regresaron a casa.
La adolescente empezó a sospechar que habían sido detenidos. Ella y sus hermanos, todos menores de 10 años, estaban con una tía, pero no sabían dónde estaban sus padres ni cómo encontrarlos. Entonces recordó una recomendación que había recibido: si alguna vez ocurría algo así, podía llamar a Dolly Hernández, directora ejecutiva de Casa Freehold.
Y llamó. Hernández comenzó a ayudarlos a localizar a sus padres y confirmar lo ocurrido. Ambos habían sido detenidos cuando llegaron a la casa donde iban a trabajar. Siguen detenidos.
Dolly recuerda el caso porque estaba resuelta la custodia de los niños, pero muchas otras cosas acababan de complicarse. La vida de ellos tenía que continuar sin sus padres en casa.

¿Quién los llevaría a la escuela? ¿Quién asumiría los gastos de una casa que seguía funcionando? ¿Quién podría tomar decisiones por ellos mientras la familia intentaba entender dónde estaba la persona detenida y qué pasos debía seguir?
Hernández dice que no es el único caso de una familia ecuatoriana que llegó hasta la organización. Casa Freehold nació en 2004, en Freehold, Nueva Jersey, como respuesta al crecimiento de la población inmigrante en la zona. Su trabajo se concentró en ayudar a los recién llegados a desenvolverse en su nueva comunidad: empleo, vivienda, educación, salud y seguridad laboral estaban entre sus principales frentes. Dos décadas después, la inmigración sigue siendo parte de su trabajo, pero las necesidades han cambiado
“Una detención migratoria no termina cuando una persona queda bajo custodia”, explica. Para una familia con hijos, puede significar reorganizar en cuestión de horas. La organización intenta que esas decisiones no tengan que improvisarse en medio de una crisis.
Para responder a esas emergencias mantiene el Keeping Families Safe Fund (Fondo de Mantención de Familias Seguras). Este mecanismo fue creado para apoyar a personas detenidas y a sus familias, y puede destinar recursos a gastos legales y otras necesidades relacionadas con una detención migratoria.

El problema de qué ocurre con los hijos tampoco es ajeno al propio sistema migratorio. El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) mantiene una directiva específica para padres y tutores detenidos que establece que deben poder coordinar el cuidado de sus hijos y participar en procedimientos relacionados con custodia o bienestar infantil, independientemente del estatus migratorio o la ciudadanía de los menores.
La “carpeta roja” recomendada
Dolly intenta que esa decisión se tome antes de que llegue una emergencia. Todos los viernes por la mañana ofrece gratuitamente la ayuda de un notario para que los padres puedan dejar por escrito quién se hará cargo de sus hijos si ellos son detenidos o deportados. La orientación se ofrece en español y en inglés.
Hernández insiste en que preparar ese documento no significa asumir que una detención ocurrirá. Permite que la familia decida con tiempo quién será la persona de confianza, en lugar de intentar resolverlo cuando uno de los padres ya está bajo custodia.
Su otra recomendación requiere menos formalidades: preparar una “carpeta roja”. El color no es casual. Lo relaciona con una señal de alerta y con la idea de que cualquier miembro de la familia pueda identificar rápidamente dónde está la información importante.

Dentro, aconseja guardar los contactos del plan de emergencia, el teléfono de una organización que pueda ayudar y los documentos relacionados con el proceso migratorio: papeles de asilo, notificaciones u otros comprobantes que tenga la familia, entre otros. También debe quedar claro a quién llamar y dónde encontrar la documentación si la persona que normalmente se ocupa de esos asuntos no puede hacerlo.
La recomendación cobra sentido después de una detención. El sistema de localización de ICE, por ejemplo, permite buscar a adultos que se encuentran bajo custodia mediante su número de caso o sus datos biográficos, pero exige que la información coincida con la registrada en el sistema. “Si un nombre no coincide, no será posible encontrarlo”. Además, el localizador no permite buscar registros de menores de 18 años.
Para Hernández, prepararse no elimina el riesgo de una detención. “Evita que todas las decisiones tengan que tomarse al mismo tiempo”.
Casa Freehold también recibe voluntarios y donaciones. Quienes quieren trabajar directamente con las familias, pasan antes por una verificación, explica Hernández. Es una precaución para saber quién tendrá acceso a personas que pueden encontrarse en una situación especialmente vulnerable.
Una detención migratoria puede resolverse durante semanas o meses en tribunales, oficinas de inmigración o centros de detención. “La vida de los niños no puede esperar ese tiempo. Al día siguiente tienen que levantarse, desayunar y volver a la escuela”. Y alguien tiene que estar allí cuando regresen.
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