CV y PCC: Qué son y cómo operan las dos grandes bandas brasileñas designadas como terroristas por Estados Unidos, con ramificaciones en Ecuador
Con esta decisión Estados Unidos considera ahora al Comando Vermelho y al Primer Comando de la Capital como grupos “terroristas”, al mismo nivel que agrupaciones como la red Al Qaida o el Estado Islámico.

La Policía brasileña, en un operativo en la favela de Jacarezinho, en Río de Janeiro, controlada por el Comando Vermelho que maneja el tráfico de droga en esos vecindarios.
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Reuters
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El Gobierno de Estados Unidos designó el jueves a las organizaciones criminales brasileñas Comando Vermelho (CV) y Primer Comando de la Capital (PCC) como Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTO), a petición del senador y candidato presidencial conservador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro.
El senador solicitó la designación directamente al presidente Donald Trump durante una visita el martes 26 de mayo a la Casa Blanca y el departamento de Estado anunció la decisión, alegando que ambas organizaciones, las más grandes del Brasil, son responsables de "orquestar ataques brutales contra agentes policiales, funcionarios y civiles".
Con esta decisión Estados Unidos considera ahora CV y al PCC como grupos “terroristas”, al mismo nivel que agrupaciones como la red Al Qaida o el Estado Islámico.
La designación puede traer consecuencias mortales para los miembros de los grupos, como han demostrado los ataques militares que Estados Unidos realiza desde agosto del año pasado contra lanchas en el Caribe y el Pacífico, alegando que son operadas por “narcoterroristas”. Casi 200 personas han muerto en estos bombardeos en alta mar desde 2025.
Estas son las claves de los dos principales actores del crimen organizado en Brasil:
PCC: El 'sindicato' surgido en una cárcel de São Paulo

El PCC se fundó en 1993 en una cárcel de São Paulo. Nació como una suerte de sindicato para proteger a sus miembros en el degradante sistema penitenciario brasileño. Publicó hasta un estatuto con sus normas y estableció una férrea jerarquía.
Hoy es una de las bandas más poderosas de Sudamérica, con tentáculos en prácticamente toda la región, sobre todo en Paraguay y Bolivia. También en Ecuador.
Este el miércoles 27 de mayo Bolivia extraditó a Brasil a uno de los cabecillas de la banda en el país, Gerson Palermo, acusado de traficar cocaína hacia su país de origen.
Según las investigaciones de la Fiscalía brasileña, el más alto órgano de decisión del PCC recibe el nombre de Sintonía Final, una especie de consejo de sabios.
Su máximo líder es Marcos Willians Herbas Camacho, conocido como Marcola, actualmente preso en una cárcel de máxima seguridad. Se estima que tiene entre 30.000 y 40.000 miembros solo en Brasil.
2. CV: Nacida en Río y avanzando en la Amazonía ecuatoriana

Comando Vermelho nació en Río de Janeiro, también dentro del sistema penitenciario, pero es más antiguo y menos organizado que el PCC, según un informe del Instituto de Investigación Económica Aplicada (Ipea).
Su origen se remonta a la década de 1970, en plena dictadura militar (1964-1985), a partir de una antigua facción llamada 'Falange Vermelha', dedicada entonces a luchar contra las torturas y los malos tratos en la cárcel.
Con los años evolucionó a una estructura criminal que controla barrios enteros de Río, con presencia en buena parte del país y creciente actuación en la Amazonía y en el noreste de Brasil.
El CV compra y negocia la venta directa de droga tanto con disidencias de las FARC como con los Comandos de la Frontera, utilizando los ríos de la Amazonía, en Ecuador, Perú y Colombia, como rutas para trasladar la mercancía hacia Manaos. Desde allí, su objetivo es exportarla a Europa, ya sea a través de puertos de aguas profundas o por vía aérea desde Brasil. Todo indica que la presencia del CV en Ecuador es más profunda y estructurada de lo que hasta ahora se ha reconocido.
3. La cárcel y la pobreza, el caldo de cultivo

Buena parte de la cantera de estas dos bandas sale de las cárceles y de las zonas más pobres de la sociedad. Brasil mantiene en celdas a 727.301 personas, según datos oficiales, pero solo tiene capacidad para alrededor de medio millón.
En condiciones tan precarias, los nuevos presos se unen a estas bandas en busca de protección dentro de los presidios. Así, es común en las cárceles brasileñas tener pabellones específicos para los reclusos de cada facción.
Además, muchos de los jefes de PCC y CV ya están en la cárcel, pero continúan dando órdenes desde dentro a través de abogados, familiares u otras vías.
4. Control político y ramificaciones económicas

En los últimos años, las bandas de narcotraficantes se han infiltrado en la política, regando dinero entre alcaldes, diputados regionales y otras autoridades, para comprar su protección.
De forma paralela, el PCC y el CV han diversificado sus negocios creando empresas de fachada para lavar dinero y para multiplicar sus fuentes de ingresos.
El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva se ha referido a estas bandas como "multinacionales" del crimen.
Las últimas operaciones policiales han destapado que el PCC se ha infiltrado en empresas de transporte municipal, moteles, puestos de gasolina, así como en el mercado inmobiliario y hasta en compañías tecnofinancieras con domicilio fiscal en la Faria Lima, el corazón de los negocios de São Paulo.
Incluso, recientemente se desarticuló una red de blanqueo de capitales del PCC a través de tiendas de peluches.
El CV tiene una estrategia criminal diferente, más centrada en ejercer dominio territorial y a partir de ahí explotarlo mediante la extorsión a comerciantes o el monopolio de servicios básicos, como gas, internet, transporte o televisión por cable.
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