Cambio de Rueda
Luces y sombras de la democracia directa
Santiago Roldós

Santiago Roldós

Actor, escritor, director y profesor, cofundador del grupo Muégano Teatro y de su Laboratorio y Espacio de Teatro Independiente, actualmente ubicado en el corazón de la Zona Rosa de Guayaquil. A los cinco años pensaba que su ciudad era la mejor del mundo, pero entonces también creía en Dios y en Barcelona Sporting Club. 

Actualizada:

18 Oct - 19:00

Para grandes sectores de la población no indígena, las jornadas de sublevación y democracia directa de la Conaie reavivaron una deuda de nuestra sociedad: el lastre colonial de no poder discrepar sin fracturar para siempre lazos entrañables.

El campo de batalla de El Arbolito se trasladó virtualmente a nuestras familias y redes. Por el mismo texto, un empresario te decía “cretino correísta narcisista como toda la izquierda”; un correísta “siempre supe que eras un reaccionario”; y un machista leninista anti-Correa, semejante a él en su maltrato, “feminista burgués amante de las armas”.

¿Y qué tal que todas y todos, pese a todas y todos, hubiéramos actuado bien, tenido la razón, logrado lo querido? Tal vez no todo el tiempo, ni todos a la vez. Pero el gobierno no cayó; la Conaie logró su objetivo y recuperó su cohesión, tras diez años de cooptación, criminalización, represión y asesinatos por Correa; y el fantasma de su regreso triunfal, en lugar de a prisión, fue ahuyentado, aún equivocados en su énfasis, por periodistas miopes y la histeria, comprensible, de muchas de sus víctimas.

Por supuesto, todo queda por discutirse y será difícil hacerlo sobre pieles curtidas por el miedo y las heridas. Conviven el racismo y el clasismo de las clases medias, altas y bajas con lecturas románticas y paternalistas que sacralizan toda acción del movimiento indígena. Según una amiga: también en la academia hay gendarmes que velan una Ley incuestionable.

Lo más acuciante: el hueco fiscal, donde Richard Martínez no puede actuar como si siguiera siendo representante de los empresarios en lugar de Ministro de Economía. Y lo más entrañable: poder conversar, sobre todo con rigor (en este punto la transparencia, sobre valorada según Chul Han, me parece menos necesaria que la calidad incluso de las mentiras).

Desde la Ministra de Gobierno hasta los precandidatos presidenciales, pasando por la prensa (nuestro probable mejor programa político de entrevistas es conducido por un egocéntrico ‘caballero’, acosador de mujeres en antena), difícil hallar en Ecuador un lugar donde el sujeto sea coherente con el predicado, y donde el juego de la ironía, lejos de funcionar como válvula de escape, no eche más gasolina al fuego. Nebot, por ejemplo, casi suicidó su candidatura.

Cada generación debe enfrentar y protagonizar su protesta: qué sería de la grandeza de Estados Unidos (país al que poetas de izquierda como Lorca y Brecht admiraron con rabia e inteligencia) si los afrodescendientes, las mujeres y hoy los latinos no hubiesen desafiado al orden establecido.

En la irrupción contra las oficinas del FMI alcanzamos a ver, con diferencias pigmentocráticas, claro, a funcionarias y funcionarios muy semejantes a los empoderados responsables de nuestras dependencias públicas. Me pregunto (Hannah Arendt) si lo más criminal del FMI no consiste en los oscuros intereses que defiende, sino en su indolencia al considerar inevitables sus recetas. Quizá la apasionada adhesión de la pequeña burguesía universitaria ilustrada a la protesta se relaciona con cuánto le enferma el Talento Humano que día a día les castra y gobierna.

Aunque admirable, el ejercicio de democracia directa logrado por la Conaie (nos habían convencido de que la democracia sólo podía ser representativa e indirecta), deja pendiente la enorme distancia entre una y otra, el abismo que separa la eficacia indígena en la calle y la de Pachakutik en las urnas, no sólo en términos de éxito: sus representantes impidieron despenalizar el aborto por violación. En nuestro campo, quien no es católico es evangélico.

A quienes rechazan el permanente fantasma de Correa, les concedo razón, sobre todo por la vía negativa: a Obama le sucedió Trump; y al liderazgo de lustros de Lula, Bolsonaro. Lo que nos depare el empoderamiento de la Conaie será de responsabilidad compartida.    

Noticias relacionadas