Leyenda Urbana
Redes sociales: el catálogo de los nuevos ricos, y el arma política de los que buscan ser candidatos
Thalía Flores y Flores

Thalía Flores y Flores

Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC de España.

Actualizada:

15 Jun 2020 - 19:02

Irrefrenables, los nuevos ricos usan las redes sociales para compartir las imágenes de sus lujosas posesiones; esos teneres que, estéticamente, pueden ser controvertidos, pero que les hacen sentir el bacán del barrio; el amigazo del grupo al que adulan sin decoro porque paga la cuenta, les lleva de viaje; les presta su mansión en Miami.

Las fotos que envían por WhatsApp, que suben a Facebook, a Twitter, a Instagram son un tributo a la vanidad, la evidencia de su desfachatez y la prueba irrefutable de su abyecta corrupción.

Como su mundo está signado por la codicia y el oropel deben “codearse” con las celebridades, aunque sus imágenes, en un país desigual como Ecuador, sean una bofetada al rostro de quienes nunca tendrán las ropas de marca; los costosos relojes o estrafalarios zapatos que superan el salario mínimo, que millones ansiarían para sustentar a su familia que pasa hambre.

Las redes sociales son el catálogo donde se muestran para ser reconocidos. Pero también una trampa en la que muchos caen al ser identificados y comparados con lo que eran antes de su metamorfosis económica y social.

Los únicos que no parecen usar las redes son las negligentes autoridades aunque podrían lograr información para descubrir de dónde Daniel Salcedo tiene su fortuna. Pero qué va, la Unidad de Análisis Financiero y Económico (UAFE) parece haber desaparecido; ningún informe, ningún resultado.

Tampoco la Contraloría ha hecho su tarea. En los últimos tiempos, saca informes cuando la Fiscalía ya ha allanado y pedido a los jueces la detención de los sospechosos. ¿A quiénes teme?

Quien sí ha hecho su tarea es la periodista Dayana Monroy, de Teleamazonas, que, usando la tecnología localizó, en un santiamén, la residencia en la que se alojaba Dalo Bucaram y su familia, en Miami; investigó el costo y nombre del propietario del inmueble.

Con preguntas certeras, Bucaram fue acorralado, confirmó que la propiedad en la que vivía era de un contratista y proveedor de hospitales, capturado tras una fallida huida en avioneta. No pudo negar las evidencias. Al día siguiente, se mudó a la casa de otro amigo. Para eso están los panas.

Daniel Salcedo, el amigo generoso de Dalo solía airear su vida en las redes. De allí salieron las fotos de sus fiestas, sus viajes, los carros de alta gama, las farras con sus amigos. ¿Y dónde estuvo la UAFE? La Contraloría sí sabía, incluso firmó un convenio con este personaje.

Que el mundo admire su estilo de vida es, hoy, para Daniel Salcedo, de 32 años, una cruel paradoja. Las imágenes que se exhiben lo muestran en una cama de hospital, batiéndose por su vida, resguardado por un espectacular cerco policial que lo protege de sus enemigos. ¿De sus amigos, también?  

Salcedo conoce nombres y apellidos, fechas y montos del dinero que movió la mafia que manejó los hospitales públicos de Guayaquil, donde murieron cientos de compatriotas por la pandemia. Preservar su vida es crucial para desmontar la red de corrupción. Y saber si hubo maletas con dólares en el vuelo caído.

En Quito, el alcalde Yunda bloquea las cuentas de los portales que mostraron el estilo de vida de su hijo y el video con sus canciones grabado en un entorno de lujo junto al Ferrari de un amigazo de su padre.

Esto ha coincidido con la catarata de denuncias de sobreprecios, triangulaciones en la contratación de obra pública y transferencias millonarias al exterior, que Yunda quiso hacerlas pasar por hackeo.

En estas circunstancias, las imágenes cuando se mostraban felices en las redes develando un nuevo status, causan escozor. 

Pero nadie escapa a las redes, arma de la política aunque tenga doble filo, si no pregunten a Pablo Campana quien, a manera de sondeo, difunde un video recorriendo el campo. “Pablo, Presidente”, dice.

Mientras se aguarda que Nebot defina pronto su candidatura, vía Zoom, la asambleísta Cristina Reyes, en un video, acusa a la ministra de Gobierno. Va directo a la yugular de María Paula Romo, preámbulo de quien busca posicionar su imagen, aunque se trate de una persona conocida.

Guillermo Lasso es un pez en el torrente de WhatsApp; todos los días pone información. Al haber anunciado su candidatura, está en campaña.

Andrés Páez, Carlos Rabascal, Gustavo Larrea, Fernando Villavicencio, Yaku Pérez, Jaime Vargas, Leonidas Iza, Fernando Balda, César Montúfar e Isidro Romero usan las redes; cada cual a su estilo.

También está el vicepresidente Sonnenholzner quien parece cada vez más distante de Carondelet. Sus asesores manejan el timing de sus apariciones con destreza. ¿Se irá del Gobierno? Lo sabremos por las redes.

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