Columnista Invitado
Lo que ninguna estadística mide en La Mariscal
Arquitecto y consultor urbano con más de 20 años en su oficio. Analiza ciudades y su gobernanza desde la intersección entre diseño, instituciones y ciudadanía.
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Así como el índice Big Mac usa una hamburguesa para comparar el poder de compra entre monedas, la salud de un barrio puede medirse por el número de panaderías. Una panadería no aguanta el arriendo de una discoteca ni vive de la gente que aparece una vez al mes. Necesita repetición: alguien que duerma a la vuelta, baje por pan a las siete y vuelva mañana. Una panadería hace un censo sin formularios.
El 31 de diciembre vencen las licencias de 32 locales de La Mariscal: bares, discotecas, licorerías y moteles que seguían abiertos por herencia. Treinta y seis mesas de trabajo y veinte votos unánimes bastaron para decidirlo. Todavía nadie ha discutido lo otro: quién abre la puerta lanfor del localcito y firma por cinco años de arriendo. Una calle vacía y oscura siempre encuentra quien la ocupe.
La preexistencia era un permiso antiguo que prevalecía sobre el uso de suelo. Un night club de hace treinta años, frente a la Católica, seguía siendo legal. Siempre debió tener una fecha de caducidad. Y el mismo papel mandaba en el arriendo: un local que fue restaurante solo se arrendaba a otro restaurante. El uso anterior estaba pegado a la pared. La lanfor también se quedaba abajo por eso. Desde enero quedan habilitadas 872 actividades antes prohibidas.
En 2021 se levantaron 2.237 establecimientos en el barrio y el 28% ya estaban cerrados. Dos años más tarde quedaban 840 activos. En 2025, en cambio, el Municipio otorgó 3.110 nuevas LUAE en el sector. Una métrica puede decir la verdad y, aun así, contar la historia equivocada. Un permiso dice que una actividad fue habilitada. No dice cuánto duró. Yo mediría algo bastante menos abstracto: el tiempo de la lanfor. ¿Cuántos días se queda abajo desde que el local cierra y se llena de grafiti? ¿Cuánto tarda otro en levantarla?
Lo que falta para que una panadería vuelva a esa cuadra y aguante se ordena en tres problemas bastante terrenales. El precio: si el local sigue tasado a lo que pagaba la farra en su mejor año, seguirá vacío. El plazo: nadie firma cinco años en la Reina Victoria sobre una ordenanza que puede reformarse en una tarde. Y los vecinos: el Municipio habla de 100.000 estudiantes en el entorno. La gente ya llega. El problema empieza cuando terminan las clases: se va o se queda para chupar o traficar.
Ninguna de esas cosas apaga un foco encendido a las diez de la noche.
Hay una segunda contabilidad que no figura en el Plan Parcial. Donde opera la vacuna, un negocio paga dos arriendos: uno al propietario y otro a quien controla la cuadra. La extorsión convierte la inseguridad en un costo fijo. Ningún descuento de concesión onerosa puede competir con eso. La prueba de recuperación es bastante humilde: que abrir una panadería deje de ser un acto de heroísmo.
El 14 de agosto, a varios administradores de discotecas les llegaron panfletos y mensajes de WhatsApp exigiéndoles que cerraran. Al mediodía, el ministro del Interior llevó a la Plaza Foch una nueva fase del Plan de Protección Quito. Esa noche, dos personas resultaron heridas en un ataque armado afuera de una discoteca, en Reina Victoria y Joaquín Pinto. El Municipio administra La Mariscal desde el edificio El Quinde, Reina Victoria N24-66 y Pinto. El ataque fue en esa esquina. Frente a esa misma puerta se han reportado campaneros.
El jefe de operaciones policiales reconoce que hay territorios repartidos. El administrador zonal reconoce que el Municipio no tiene herramientas para enfrentar microtráfico y extorsión. Los dos pueden tener razón; la cuadra no sabe de organigramas. El delito encontró una de las partes más blandas del Estado: el borde entre dos competencias.
Desde 2021 han pasado diez personas por la Administración Zonal La Mariscal y ninguna ha completado un año. El barrio tiene un plan que mira doce años hacia adelante y una administración que no consigue memoria de doce meses.
Todavía no existe una descripción pública de cómo se verá La Mariscal al día siguiente. El lunes 4 de enero es el primer día en que el barrio y la oficina que lo administra amanecen bajo la misma regla y a la misma hora.
Ese lunes alguien va a levantar una lanfor en la Reina Victoria. Que siga abierta en 2032 dependerá de algo que todavía no se ha discutido en ninguna mesa de trabajo: quién cobra en esa cuadra.