Columnista invitada
La peligrosa obsesión de Washington con la cocaína
Experta en prevención de crimen organizado. Docente de la UG, con más de 5 años de expertise en prevención de crimen organizado y lavado de activos. Licenciada en Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas. Máster en Seguridad.
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El Escudo de las Américas (Shield of the Americas) es una iniciativa a la que, según especialistas en crimen organizado, “todos quieren pertenecer”. Sin embargo, de Washington a Buenos Aires, el común denominador es que funciona como un grupo de networking de amigos de la administración Trump, que no logra separar lo político de lo técnico, por encima de aquello que realmente podría dar resultados para contrarrestar el crimen organizado en el hemisferio.
No solo importan los operativos desde las Galápagos, que desde el punto de vista técnico constituyen una vía secundaria de tránsito para el crimen organizado, mucho más allá del simple movimiento de cocaína desde Ecuador hacia distintos puntos de Centroamérica y México. También importa qué está haciendo la administración Trump más allá de las políticas de “harm reduction” con Narcan.
Por otro lado, existen debilidades dentro de instituciones como migración y aduanas en Estados Unidos. Lamentablemente, muchos de sus funcionarios son susceptibles de corrupción por parte de los carteles mexicanos. Según Guadalupe Correa-Cabrera, las ciudades fronterizas de México con Estados Unidos no cuentan con controles adecuados y las administraciones estadounidenses no están abordando el problema. En Nuevo Laredo, la capital de Los Zetas, los agentes aduaneros tienen apenas 10 segundos para revisar los vehículos debido al volumen de personas que cruzan legalmente la frontera aparte del comercio legítimo. La detección de sustancias ilícitas y otras formas de comercio ilegal tampoco se aborda de manera adecuada.
- El error metodológico es negar que el lavado de activos pueda representar el 40% del PIB ecuatoriano
Ecuador, como parte del Escudo de las Américas, planea ser sede de un centro de investigación sobre crimen organizado. La idea es levantar estadísticas, desarrollar índices de victimización y construir un panorama claro del crimen organizado a nivel regional. El problema es que este centro de fusión, con apoyo del Southcom de Estados Unidos, estará liderado por las Fuerzas Armadas y contará con personal de la Policía Nacional. Una institución que busque generar inteligencia sobre un fenómeno de esta naturaleza debería depender principalmente de civiles altamente técnicos y competentes, no de las Fuerzas Armadas o de la Policía. Un claro ejemplo son las propias instituciones de inteligencia de Estados Unidos, como la CIA y, a nivel nacional, el FBI, que reclutan personal civil especializado.
En teoría, Ecuador liderará el Grupo del Pacífico dentro de la coalición, trabajando junto a países como Colombia y Perú, con operaciones tácticas previstas para comenzar en noviembre de 2026. La idea es prometedora, pero hablemos de inteligencia en Latinoamérica. Históricamente, Ecuador y sus países vecinos no han compartido inteligencia de manera efectiva, y la limitada inteligencia con la que han contado no ha sido suficiente para liderar operaciones contra el crimen organizado.
Por otro lado, existe un problema significativo en Ecuador que, diría, Colombia no enfrenta en la misma medida. Las personas tienen miedo de hablar abiertamente sobre el crimen organizado. Ante el temor y el costo frente al beneficio de hablar públicamente, la gente en Ecuador tiende a guardar silencio. Es por esto que, hace años, académicos colombianos detectaron que el crimen organizado había infiltrado al 60% de sus municipios. En Ecuador, en contraste, no se conoce qué porcentaje de municipios actúan como facilitadores del crimen organizado, pese a que en algunos casos ya es evidente. Si un centro de inteligencia va a tener su sede en Ecuador, esa cultura del silencio, muy similar a la omertà, tendría que cambiar radicalmente en el país.
Finalmente, existe una fijación casi enfermiza con las operaciones contra el narcotráfico y, por defecto, con las rutas del narcotráfico a través de las Galápagos, que muy posiblemente se conviertan en el principal foco de la inteligencia que se extraiga del centro. El problema es que el narcotráfico no es el único mercado dentro del crimen organizado. Por el contrario, en Sudamérica, la minería ilegal de materiales críticos puede ser casi tan rentable como el narcotráfico. En ese mercado, Southcom parece haber olvidado el inmenso portafolio del crimen organizado, así como los esquemas de lavado de activos basados en el comercio.