Leyenda Urbana
Luisa González y Pachakutik, y el valor de la memoria
Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC
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Apenas se supo que Pachakutik (PK), brazo político de la Conaie, había cedido su casillero para que la candidata del correísmo Luisa González participe por la Prefectura de Manabí, en las elecciones del 29 de noviembre próximo, vino a mi mente lo dicho por el filósofo y matemático francés, René Descartes, hace cuatro siglos: “Es prudente no fiarse por entero de quienes nos han engañado alguna vez”, y reflexionaba sobre la importancia de otorgar el perdón, aclarando que la desconfianza posterior no nace del rencor, sino de la memoria.
Justamente, memoria parece faltar a PK que no ha explicado qué tratativas hubo ni qué hay de por medio para semejante decisión, más aún si dirigentes como Salvador Quishpe, Cecilia Velasque, y a la prefecta de Cotopaxi, Lourdes Tibán, aseguran desconocer los acuerdos con el correísmo. Y los rechazan.
Por ahora, una insólita y, quizá ilegal, reunión entre el director de la Delegación Electoral de Manabí, el candidato a prefecto de ADN y alguien más, en un hotel de Portoviejo, antes de proscribir la candidatura de Luisa González, el fin de semana, impide conocer el destino de la misma y porque se debe esperar el resultado de una apelación interpuesta por González. Pero de llegar a concretarse significará para PK un error que lo arrinconará a las márgenes de la historia política del país.
Admiradora confesa de Correa, en cuyo gobierno fue viceministra de Gestión Turística, funcionaria del Despacho Presidencial, secretaria general de la Administración, asambleísta y candidata presidencial en dos ocasiones, Luisa González guardó silencio cómplice cuando su mentor político, prevalido del poder, atacó, una y otra vez, en forma aleve, a los dirigentes de la Conaie.
Callar en tiempos de persecución era concordar con los canallas que tiznaron la cara a Salvador Quishpe mientras lo pateaban en el suelo, en una de esas manifestaciones contra el autócrata que hacían temblar el centro de Quito.
Y no decir nada cuando los esbirros alentaban a los gendarmes que arrastraban a Manuela Picq para expulsarla del país; o ante la imagen atroz en la que se veía golpear de manera cobarde a Lourdes Tibán, habiendo sido atacada por sorpresa en la calle, no tiene justificación que valga.
El brazo político de la Conaie que ha cedido casillero a González ha olvidado también que ella nunca repudió que Correa los llamara “indios fracasados” y “ponchos dorados que no representan a nadie”.
Resulta inverosímil que los dirigentes de PK no recuerden que González defendió con impudicia la dictadura de Nicolás Maduro, a quien, en el debate presidencial de 2025, anunció reconocería como presidente de Venezuela, cuando el mundo lo repudiaba por haber usurpado el poder al legítimo ganador en las urnas, Edmundo González Urrutia.
Esta suerte de amnesia política podría explicar el declive de la organización luego de que en 2021 alcanzara su cota más alta de respaldo cuando Yaku Pérez sacó 19,39% y estuvo a 4.000 votos de pasar a la segunda vuelta presidencial, y lograron un bloque de 27 legisladores, que les permitió hacerse con la Presidencia de la Asamblea Nacional.
Claro que la gestión de Guadalupe Llori no estuvo a la altura de la función, y de eso son responsables las organizaciones que no preparan a sus cuadros políticos. Pero su designación como titular de la primera función del Estado, luego de estar 10 meses en la cárcel, por las protestas en Dayuma, siendo prefecta de Orellana, y habiendo sido perseguida con crueldad por Correa, fue una forma de reivindicar su lucha contra el autoritarismo.
Todo esto parece haber sido olvidado por los dirigentes de PK que, sin explicar al país y a su propia militancia, ha entregado a Luisa González, del correísmo, el casillero de su organización, con lo cual demuestran carencia de memoria y razones éticas e inconsecuencia con el movimiento indígena al que representan.