Tablilla de cera
El Gobierno da un gran paso en la cultura y sigue tropezando en otro
Escritor, periodista y editor; académico de la Lengua y de la Historia; politico y profesor universitario. Fue vicealcalde de Quito y embajador en Colombia.
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La proclamación del ganador del concurso internacional de anteproyectos arquitectónicos del Museo Nacional fue un hito en la historia de la cultura ecuatoriana, con la certeza, reiterada por todos los jurados, de que se trató de un concurso transparente, honesto, profesional. En un país en que todo parece ser truco, triquiñuela, amarre y provecho propio, haber culminado con tal limpieza y altura una etapa crucial es muy encomiable.
Claro que aún falta lo principal: la construcción del edificio, lo que la vicepresidenta María José Pinto reiteró que se hará en 2027. Todos anhelamos que se cumpla esa promesa, y el Gobierno debe ponerla como prioridad, porque hacerlo colocará realmente a Daniel Noboa en la historia.
Nada más lo hará: ni la acumulación de poder ni la baja del riesgo país ni las rencillas constantes con los demás políticos ni la lucha, aún sin resultados visibles, contra el crimen organizado. ¿Alguien se acordará de eso dentro de cincuenta años? Solo una obra de la transcendencia e importancia del Museo Nacional dejará su nombre en la historia de Quito y del país.
Como también dijo la vicepresidenta —en un discurso realmente hermoso, que mostró el nivel de compromiso del Gobierno con el proyecto—, en ese museo estará expuesta el alma de la patria y de sus salas saldrán los niños de las cuatro regiones de nuestra geografía valorando el país al que pertenecen y querrán ser mejores y alcanzar sus sueños.
La sobria ceremonia, a la que asistieron, además de la vicepresidenta, las ministras de Educación y Finanzas así como otras autoridades, estuvo marcada, como confesó la viceministra de Cultura, Romina Muñoz, “por un dolor profundo: la pérdida repentina de Hernán Jaime Crespo Bermejo” quien fue “el corazón de este proyecto”.
Resaltó “su encanto, su generosidad” y su papel como “el gran pilar intelectual de este proceso”. Fue, dijo, quien “realizó la programación arquitectónica, y levantó a detalle las necesidades del nuevo edificio del Museo Nacional”. Lo llevaba en su sangre, como hijo del fundador del museo, Hernán Crespo Toral, “y a eso sumó 30 años de experiencia laboral como museógrafo y arquitecto en los centros culturales y museos gestionados por la Fundación La Caixa y en los mayores museos del mundo”.
Narró que cuando le contactó, tras la decisión del presidente Noboa de construir el nuevo museo, Hernán le dijo: “Es como si hubiera reunido toda la experiencia necesaria a lo largo de los años a la espera de que llegase este momento y poder dar continuidad a la obra de mi padre”. Sí, la continuó, aunque no podrá verla culminada, porque Dios lo determinó así, pero es otra razón para que el Gobierno se empeñe, por una vez, en hacer bien las cosas, dando continuidad al proceso.
El proyecto ganador del concurso — “Ecos del Sol”, del consorcio conformado por los estudios de arquitectura Campo Baeza (de Madrid) y MAODA (de Quito) — es una afirmación contundente, del estilo que hoy se conoce en arquitectura como posmoderno y que será una adición sobria y sustancial a la arquitectura de Quito, tan invadida de proyectos efectistas.
Por supuesto, la propuesta no está libre de polémica, y las redes han estallado en opiniones (algunas muy apasionadas, otras de mala fe) pero el jurado reiteró la transparencia del proceso y explicó que tuvo en cuenta la forma y a la vez la sostenibilidad y funcionalidad del proyecto, la viabilidad de su construcción y que cumpliera el programa arquitectónico.
Según el jurado, el exterior "es sereno, casi silencioso. Al ingresar, la caja se excava con patios y vacíos que transforman el recorrido en una secuencia de espacios inesperados, es (...) una verdadera caja de luz y sombra que revela el reflejo dorado, tan presente en la tradición milenaria del trabajo en metales".
Hay que recordar que no se trataba de escoger el proyecto “más lindo”, porque entre gustos y colores no discuten los doctores, sino el proyecto más integral. Y quienes objetan deben tener en cuenta que su autor principal es Alberto Campo Baeza (Valladolid, 1946), destacado arquitecto español, célebre por su arquitectura esencial basada en la luz y la geometría. Sus obras son de un minimalismo y sobriedad radicales.
Pero en las redes se ha pasado de no me gusta el proyecto a discutir el concepto mismo de lo que significa un Museo Nacional, dando argumentos absurdos en su contra. Eso mismo es una muestra de que nos falta sentido de nación, vocación de pertenencia. Al Ecuador le hace falta un Museo Nacional desde hace 200 años y ya es hora de construirlo.
Al concluir la ceremonia tuve oportunidad de hablar con la ministra de Educación, Cultura y Deporte, Dra. Gilda Alcívar. Le agradecí que me atendiera, a pesar de que salía con premura. Le expuse el tema del retraso de los fondos del premio Espejo; me aseguró que no sabía nada y quiso tomar nota del nombre de la Academia de la Lengua. Le expliqué que no era solo un problema nuestro sino de todas las instituciones galardonadas con el premio Espejo; que a la AEL nos deben 15 meses y a las otras 10. Tuve la audacia de cuestionarle qué puede significar un avance tan inmenso como seguir adelante con el Museo Nacional y, a la vez, deber tantos meses del premio Espejo a las instituciones que hacen cultura en el Ecuador.
Apunté dónde radicaba el problema: en la coordinación Financiera Administrativa de su ministerio. Me ofreció revisar ese mismo día el asunto y se despidió. Ya han pasado tres días.