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El indiscreto encanto de la política

La caída de Maduro y el alivio silencioso del correísmo

Matías Abad Merchán

Catedrático universitario, comunicador y analista político. Máster en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Salamanca.

Actualizada:

06 ene 2026 - 10:10

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La captura de Nicolás Maduro —y el eventual retorno de Venezuela a la democracia— produce un efecto incómodo pero real en sectores del correísmo: un alivio moral silencioso.

Desde la salida de Rafael Correa del poder, la Revolución Ciudadana ha cargado con una contradicción difícil de sostener: presentarse como un proyecto democrático y progresista mientras permanecía atada —política, simbólica y discursivamente— a un régimen que, hace ya tiempo, cruzó la frontera del autoritarismo.

Defender a Maduro no fue nunca una opción estratégica; fue una obligación política. Venezuela, desde Hugo Chávez, constituyó el eje financiero, ideológico y simbólico del llamado socialismo del siglo XXI, del cual el correísmo emergió y fue beneficiario directo.

Ese vínculo no es solo retórico. El propio Rafael Correa ha reconocido públicamente que prestó servicios como asesor económico del gobierno venezolano. Esta relación convertía cualquier intento de deslinde en una maniobra inverosímil: criticar a Maduro implicaba cuestionar la coherencia del propio proyecto político.

Durante años, ese nexo fue utilizado por el anticorreísmo como un recurso recurrente y eficaz para deslegitimar las candidaturas del socialismo del siglo XXI en todos los niveles electorales.

La incomodidad se sintió incluso dentro del correísmo, donde sectores leales a Correa comenzaron a experimentar el desgaste político de esa defensa estéril. No fue casual que emergieran debates sobre la necesidad de construir un movimiento alternativo que, sin renunciar al ideario originario, se distanciara de Caracas.

Así, la eventual caída del chavismo liberaría al correísmo de una carga política tóxica. Ya no será necesario practicar acrobacias lingüísticas para relativizar fraudes electorales, represión sistemática o crisis humanitarias bajo el argumento de la soberanía o del antiimperialismo selectivo.

Pero ese respiro tiene un costo. Con Maduro fuera del poder, el correísmo pierde respaldo logístico, refugio político y horizonte ideológico. Una Venezuela que recupere libertades, instituciones y pluralismo dejará sin coartada a quienes durante años justificaron el autoritarismo en nombre de una causa superior.

Cuanto más democrática sea Venezuela, más difícil será justificar haber defendido su dictadura.

  • #Venezuela
  • #Nicolás Maduro
  • #correísmo
  • #Rafael Correa
  • #Ecuador
  • #Democracia

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