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Grandes pifiadas presidenciales

Pablo Cuvi

Pablo Cuvi es escritor, editor, sociólogo y periodista. Ha publicado numerosos libros sobre historia, política, arte, viajes, literatura y otros temas.

Actualizada:

13 jun 2026 - 05:55

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El lunes, cuando las cámaras enfocaron a Donald Trump en el palco de honor del Madison Square Garden, el público le abucheó mientras sonaba el himno nacional. Era el tercer partido de los play-offs y todo apuntaba a un triunfo más de los Knicks, el equipo de básquet de NY que venía en una racha triunfal. Combinando arrogancia y oportunismo, Donald quiso subirse a la camioneta, pero todo le salió al revés. Para rizar el rizo, al día siguiente, el cronista del NYT sugirió que las malas vibras presidenciales habían influido en la derrota.

Eso, en la futbolizada Argentina, tiene dos nombres: ‘mufa’ o ‘yeta’, cuando alguien o algo malea la suerte de los equipos, como Carlos Menem, otro listo que asistió a la inauguración del Mundial de 1990, en Italia. Argentina perdió ante Camerún, le echaron el muerto a él y esa mufa no se la quitó de encima nunca más. Como no se la quitará Trump con los Knicks.

Hablando de pifiadas presidenciales, la más larga de la historia ecuatoriana sucedió en julio de 1959, cuando el presidente socialcristiano Camilo Ponce quiso lucirse en la inauguración del estadio Modelo de Guayaquil. Era una imprudencia monumental pues mes y medio antes su Gobierno había perpetrado una matanza de cientos de personas en las calles del puerto y el pueblo guayaquileño se la tenía jurada.

Sin embargo, ese día, Ponce no fue mufa en el juego pues Barcelona, con el refuerzo de Alberto Spencer, ganó 2–0 a Huracán de Argentina y el público salió satisfecho por la pifiada y el resultado.

Cierta ocasión en la que entrevistaba a Carlos Julio Arosemena, me contó que al año siguiente de la pifiada, acudieron recién electos con el presidente Velasco Ibarra a un encuentro de fútbol. Avanzado el partido, Velasco le preguntó: “Doctor Arosemena, ¿a los cuántos goles se termina este adefesio?”.

  • Ese miedo a no encajar

En aquella ocasión no le pifiaron a Velasco pues estaba recién electo, pero once años después, autoproclamado dictador, las tornas habían cambiado.  Cuando el presidente socialista de Chile, Salvador Allende visitó Quito, en agosto de 1971, el presidente Velasco le recibió en al aeropuerto.

Pero cuando ambos mandatarios salían juntos del Mariscal Sucre, al grito de: "¡Velasco, fascista; Allende, socialista”, los manifestantes de izquierda, sobre todo los universitarios que eran sus enemigos favoritos, se aproximaron peligrosamente al automóvil negro, creando una situación incómoda y riesgosa para los dos presidentes, que fingían saludar.

Contaban que, muy disgustado, Velasco llamó la atención por semejante descuido a su ministro de Gobierno y Policía (Jaime Nebot Velasco, si no me equivoco). Luego, cuando el presidente chileno acudió a depositar una ofrenda floral en la plaza de la Independencia, ya un grupo de choque formado con pesquisas y agitadores velasquistas impidió cualquier acercamiento de los estudiantes que aplaudían a Allende.

Algo parecido, aunque más grave, había acontecido en 1958, durante la visita a Caracas del entonces vicepresidente de EE.UU. Richard Nixon. Quienes protestaban violentamente en las calles contra el emisario del imperio, rodearon, patearon y trizaron los vidrios del automóvil oficial que trasladaba a Nixon, quien hizo gala de sangre fría, la verdad sea dicha.

En Washington, en cambio, el presidente Eisenhower ordenó movilizar un portaviones y varios destructores con dirección a la costa venezolana para rescatar a su vicepresidente. Pero las aguas se calmaron.

La desprotección policial se debió a que días antes Nixon había sido recibido amablemente en Quito, donde se cortó el pelo en una peluquería que pasaría a llamarse Nixon y dio el puntapié inicial en un partido de fútbol en El Arbolito, dejando una foto memorable, aunque no tanto como la portada de la revista ‘Life’ con el ataque de Caracas.

Como ven, no se trata de hilvanar anécdotas al santo cohete sino de ir buscando patrones de comportamiento político. No en vano, Donald Trump ha sido comparado precisamente con Richard Nixon, quien renunció a la presidencia en medio del escándalo por sus mentiras y encubrimiento del caso Watergate y su inminente destitución en el juicio político.

 Mas lo que hizo Nixon es juego de niños al lado de lo que dice y ejecuta diariamente Trump, quien, durante su primer mandato, salió absuelto del juicio político, y en el segundo se ha saltado los líos legales a la torera. Pero, si los play-offs regresan a NY, donde los Knicks podrían coronarse campeones luego de 53 años, es descabellado pensar que Donald se atreva a volver al Madison Square Garden. La pifiada sería épica. CODA: ¿Claudia no acudió a la inauguración del Mundial por el temor de ser pifiada en el estadio Azteca?

  • #presidentes
  • #José María Velasco Ibarra
  • #Donald Trump
  • #Estados Unidos

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