Cuando el alquiler deja sin dinero para comer: el drama de migrantes ecuatorianos en España
Vanessa, una migrante ecuatoriana, destina cerca del 80% de los ingresos de su familia al alquiler. Como ella, miles de personas recurren a comedores sociales en España para garantizar al menos una comida diaria para sus hijos.

Imagen referencial de un comedor comunitario.
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Freepik
Autor:
redacción EFE / Primicias
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"El 80% de nuestros ingresos se va en el alquiler." Esa es la realidad que enfrenta Vanessa, una migrante ecuatoriana que vive en España junto a su esposo y sus hijos. Durante meses, los cuatro compartieron una habitación porque no podían costear una vivienda, y ahora que lograron alquilar un departamento, el temor persiste: no saben si podrán asumir el pago de los servicios básicos.
Como ella, miles de migrantes en España destinan la mayor parte de sus ingresos al alquiler y recurren a comedores sociales para garantizar, al menos, una comida diaria para sus familias.
Según la memoria anual 2025 de Cáritas, 615.000 personas acuden a estos espacios por el peso que representa el costo de la vivienda. De ellas, el 57 % son migrantes.
Cuando el alquiler deja sin dinero para comer
Vanessa recuerda que, al llegar a España, pasó tres semanas con su familia en un hotel porque nadie quería alquilarles una habitación al viajar con niños pequeños.
Cuando los ahorros se agotaron, encontraron apoyo en los comedores sociales y supermercados solidarios.
"Si no había trabajo o si sus padres no estaban bien, sabíamos que aquí todos los días iban a tener comida nutritiva y caliente", cuenta.

Ahora, la familia desayuna en casa, almuerza en el comedor social y guarda parte de la comida para la cena.
Una realidad similar vive la ecuatoriana Narcisa Torres Anguisaca, quien llegó hace cuatro meses a España. Junto a su pareja alquila una habitación por 500 euros en una vivienda que, asegura, "no está en buenas condiciones".
Encontrar otra opción tampoco parece viable.
"Un alquiler para dos personas cuesta un sueldo básico", lamenta.
Trabajan, pero el sueldo no alcanza
La colombiana Miriam Mora, residente desde hace dos años en España, asegura que nunca imaginó el impacto de la crisis de vivienda.
"Si hubiera sabido que en Ibiza era así de complicado, no habría venido. Una habitación cuesta 800, 1.000 o hasta 1.200 euros", relata.
El problema no termina con el alquiler.

Miriam denuncia que trabajó como empleada interna durante jornadas de 12 horas diarias por apenas 400 euros mensuales, sin contrato.
Vanessa asegura que la precariedad laboral también golpea a muchos migrantes.
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"Hay quienes pagan dos o tres euros por hora, y a veces ni siquiera pagan la semana trabajada", afirma.
Según Cáritas, el 12% de los hogares en España enfrenta inseguridad alimentaria y la principal preocupación de muchas familias es si, después de pagar el alquiler, quedará dinero suficiente para comprar alimentos y productos básicos.
Los comedores donde también se recupera la esperanza
Ryan Antúnez, un peruano de 27 años que vive cerca de Madrid, también depende de un comedor social.
Con la comida que recibe intenta cubrir el almuerzo y la cena. Cuando no alcanza, solo toma agua o un refresco antes de dormir.
Sin embargo, asegura que estos espacios ofrecen mucho más que un plato de comida.

"Conocí a mucha gente que pasaba por lo mismo que yo. Ahí comenzaban las conversaciones", recuerda.
Para Ryan, compartir experiencias con otras personas migrantes ayuda a sobrellevar la incertidumbre y a mantener la esperanza de salir adelante.
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