Trabajó en una fábrica y vendió ropa: el guayaquileño que llegó al Rockefeller Center como productor de CNBC
El guayaquileño Roberto Bolaños pasó de trabajar en una fábrica y vender ropa en tiendas a convertirse en productor de CNBC, la gigante estadounidense de noticias financieras. Único ecuatoriano en esa Redacción en el Rockefeller Center, en Nueva York, hoy no solo ayuda a explicar el complejo mundo de los mercados globales, sino que impulsa Retropolis, un proyecto documental para visibilizar el talento migrante en Estados Unidos.

Roberto Bolaños en los estudios de CNBC, donde trabaja como Productor Asociado preparando coberturas y entrevistas sobre economía, empresas y tecnología para una audiencia global.
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NUEVA YORK. A Roberto Bolaños le fascinaban las historias mucho antes de imaginar que algún día trabajaría en una de las cadenas financieras más importantes del mundo. Creció en Guayaquil, estudió Historia y descubrió que detrás de los grandes acontecimientos siempre había periodistas capaces de explicar cómo cambiaba el rumbo de una sociedad.
En 2007 emigró a Nueva York junto a sus padres. Llegó siendo adolescente, convencido de que el llamado sueño americano se parecía a las películas: universidad, nuevos amigos y oportunidades. La realidad fue distinta. Aprender inglés, adaptarse a otra cultura y aceptar que cada avance exigía esfuerzo marcaron sus primeros años en Estados Unidos.
Como muchos inmigrantes, su camino estuvo lejos de ser lineal. Trabajó en una fábrica, vendió ropa en una tienda Gap y fue asistente legal en una firma de abogados. “Durante un tiempo incluso pensé en convertirme en abogado de inmigración, hasta que entendí que mi verdadera vocación seguía siendo el periodismo”. A los 32 años tomó una decisión que muchos habrían considerado arriesgada: renunció a la estabilidad para volver a estudiar una maestría en Periodismo Bilingüe en la CUNY School of journalism y empezar prácticamente desde cero.
Ese cambio terminó llevándolo a NBC y, poco después en el 2021, a CNBC, la cadena de noticias estadounidense especializada en finanzas y negocios, considerada como una de las líderes mundiales en su especialidad. La noticia llegó cuando ya casi había olvidado que había aplicado al cargo. Estaba sentado en la cafetería del Rockefeller Center cuando recibió la llamada que cambiaría su carrera. "Fue como llegar a la cima de una montaña que había estado escalando durante muchos años", recuerda. Lo primero que hizo fue llamar a sus padres y a su novia para compartir una noticia que resumía años de sacrificios.

Hoy participa en la producción de Morning Call, el programa que abre la programación diaria de CNBC antes de que inicien los mercados financieros. Su trabajo consiste en convertir información compleja sobre economía, empresas y tecnología en contenidos comprensibles para una audiencia global. “Esta experiencia me enseñó que el buen periodismo no consiste en tener todas las respuestas, sino en formular las preguntas correctas y apoyarse en especialistas para explicar asuntos que afectan la vida cotidiana de millones de personas”.
También descubrió otra realidad. En la Redacción son pocos los latinos y, según cuenta, es el único ecuatoriano. "Cada vez que los trabajadores latinos del edificio me ven, me saludan y sienten orgullo de verme en la redacción. Eso me recuerda que uno también representa a toda una comunidad", afirma.
Retropolis, proyecto documental para visibilizar á la comunidad latina
Trabajar en un medio internacional también le permitió identificar un vacío. Mientras CNBC concentra su cobertura en negocios, mercados y tecnología, muchas historias de emprendedores, científicos, artistas y líderes latinos simplemente no forman parte de su agenda editorial. En lugar de resignarse, decidió crear un espacio propio para contarlas.
Así, en agosto del 2024, nació Retropolis, un proyecto documental que aprovecha todo lo aprendido en las grandes cadenas de televisión para visibilizar el talento de ecuatorianos y otros latinos que construyen comunidad en Estados Unidos. Su propósito no es negar las dificultades de la migración, sino ampliar la mirada sobre ella. "Quería mostrar también las historias de quienes emprenden, hacen ciencia, producen arte o transforman sus comunidades", explica.

Después de decenas de entrevistas, identifica un rasgo común entre los protagonistas de sus documentales: la capacidad de crear oportunidades incluso cuando parecen inexistentes. Esa experiencia lo llevó a preguntarse por qué, si los ecuatorianos aportan tanto a ciudades como Nueva York o Nueva Jersey, sus historias siguen siendo poco conocidas. Para él, la respuesta también pasa por el periodismo.
Uno de los trabajos que más lo marcó fue el documental dedicado al pintor ecuatoriano Héctor Anchundia. La producción ayudó a que nuevas generaciones descubrieran la trayectoria del artista y, tiempo después, su obra recibiera mayor reconocimiento dentro de la comunidad ecuatoriana. Más que un éxito profesional, Bolaños lo recuerda como la confirmación de que un documental también puede cambiar la vida de quien aparece frente a la cámara.
Para este periodista de 36 años, cambiar la narrativa sobre la migración es una responsabilidad. Considera que durante años predominó una visión centrada exclusivamente en el sacrificio y la crisis, mientras quedaban invisibilizadas las historias de quienes crean empresas, generan empleo o lideran proyectos culturales. Contarlas, sostiene, también transforma la manera en que la sociedad entiende el aporte de los inmigrantes.
Después de casi dos décadas en Estados Unidos, Roberto Bolaños sigue hablando con su acento guayaquileño y asegura que Ecuador continúa siendo el punto de partida de todo lo que hace. Su próximo objetivo es dar el salto frente a las cámaras y realizar documentales capaces de abrir conversaciones que trasciendan la pantalla. Porque, después de años produciendo noticias para algunos de los ejecutivos más influyentes del mundo, sigue convencido de que las historias más poderosas pueden encontrarse mucho más cerca: en la vida cotidiana de los ecuatorianos y latinos que construyen, lejos de casa, un legado que merece ser contado.
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