Las Doñas, la red con sello ecuatoriano que enseña a las mujeres migrantes a liderar en Estados Unidos
Nacida como un espacio en español, la organización trabaja ya en más de 17 estados. Entre sus integrantes hay ecuatorianas, quienes encontraron en la fundación una forma de reconstruirse, acompañar a otras mujeres y aprender a incidir en las decisiones que afectan a sus comunidades.

Laura Paredes (Morona Santiago, a la izquierda), y Martha Herrera (Tulcán, al centro de la imagen) dos de las ecuatorianas que participan en Las Doñas, en un encuentro en Nueva York. La organización impulsó el acto para respaldar medidas de protección para menores cuyos padres puedan ser detenidos por autoridades migratorias.
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NUEVA YORK. Martha Herrera tardó cuatro años en entender el sistema. Había llegado desde Tulcán, en la frontera norte de Ecuador, con tres hijos, un divorcio reciente y la sensación de haber dejado atrás una vida construida. En su país tenía un pequeño taller de costura y daba empleo a unas quince personas. En Nueva York, en cambio, tuvo que volver a aprenderlo casi todo: cómo funcionaban las escuelas, dónde encontrar información, a quién pedir ayuda, cómo moverse en una ciudad que puede ser generosa, pero también indescifrable para quien llega sin redes.
"Las cosas están ahí; solamente tienes que saber buscarlas", dice ahora, a los 61 años. La frase resume una parte de su historia, pero también el sentido de Las Doñas, una organización que nació para que otras mujeres inmigrantes no pierdan años tratando de descifrar solas las reglas de un país nuevo.
Las Doñas se define como una organización que construye el poder de las mujeres, especialmente de las comunidades inmigrantes y trabajadoras, a través de organización comunitaria, incidencia y acción directa en Estados Unidos. Trabaja en más de 17 estados, ha graduado a más de 800 mujeres de su academia de liderazgo y ha alcanzado a más de 5.000 personas a través de su labor.
Su fundador, Antonio Alarcón —Tony—, llevaba años organizando programas de liderazgo para jóvenes inmigrantes cuando comenzó a notar un patrón: quienes llegaban una y otra vez a las reuniones, recogían a sus hijos o preguntaban cómo podían ayudarlos, eran sus madres. "Ahí está doña María, que vino por Pepito", "ya llegó doña Carmen", escuchaba con frecuencia.
Liderazgo femenino con las herramientas adecuadas
Eran mujeres que sostenían a sus familias y a sus comunidades desde un discreto segundo plano. Convencido de que también podían convertirse en lideresas, si recibían las herramientas adecuadas, hace tres años creó Las Doñas, un espacio íntegramente en español, para que mujeres migrantes conozcan sus derechos, se organicen, influyan y participen en las decisiones que afectan a sus comunidades.
“Cuando todo ocurre en inglés, incluso con interpretación, se pierde la magia de hablar en tu propio idioma", recalca Tony, quien no habla de la organización como una estructura asistencial, sino como una escuela de poder. La organización trabaja en cuatro grandes líneas: inmigración, educación, derechos laborales y salud. En sus talleres, las mujeres aprenden sobre sus derechos, sobre cómo funcionan las instituciones estadounidenses y sobre cómo contar sus historias ante representantes políticos.
La inspiración también fue personal. Su madre, Doña Roberta, trabajó en Estados Unidos sin contar con un espacio como ese. "Mi mamá no tuvo una organización así. No conocía sus derechos como inmigrante", recuerda Tony, de origen mexicano. Esa ausencia terminó convirtiéndose en una causa: crear para otras mujeres el espacio que su madre no tuvo.
Martha llegó a Las Doñas después de haber hecho trabajo comunitario en Nueva Jersey y Nueva York. Una compañera le habló de la organización y la invitó a un entrenamiento de liderazgo. Allí escuchó por primera vez hablar de los ejes del poder y de la organización política. “Era una manera de entender cómo se toman las decisiones y cómo una migrante puede dejar de mirar el sistema desde afuera. Aprendí a empezar de nuevo", dice.

Hoy Martha coordina el área de inmigración. Su tarea consiste en conectar a migrantes recién llegados con recursos de la ciudad, organizar talleres de "Conozca sus derechos" y vincular a la comunidad con campañas y organizaciones que trabajan por cambios legales. Lo que ella tardó años en descubrir, intenta ahora explicarlo en menos tiempo a otras mujeres.
Laura Paredes llegó desde Morona Santiago, en la Amazonía ecuatoriana, hace nueve años. Migró por una razón que se repite en miles de hogares latinoamericanos: quería una mejor educación para sus hijos. Trabaja en limpieza dos o tres días a la semana y reserva parte de su tiempo para el voluntariado. Antes de Las Doñas colaboró con otras organizaciones comunitarias durante y después de la pandemia, cuando muchas familias quedaron golpeadas económica y emocionalmente. "Me gusta servir a la comunidad, ayudar", dice Laura.

A diferencia de Martha, Laura no dirige un área específica. Participa como voluntaria activa, acompaña movilizaciones y se suma a campañas cuando la organización convoca. Su papel muestra otra dimensión de Las Doñas: no todas las mujeres llegan para encabezar un proyecto, pero muchas encuentran allí una forma de salir del aislamiento, aprender y sentirse parte de algo más grande.
Tony asegura que esa transformación es visible. "Muchas llegan tímidas, no quieren hablar en público. Después de nuestros entrenamientos no hay nadie que las pare", dice.
La academia de liderazgo de Las Doñas se presenta oficialmente como un programa intergeneracional de educación política para mujeres, con formación, mentoría y herramientas para que puedan convertirse en organizadoras comunitarias. En la práctica, eso puede significar acompañar a una mujer que no sabe a dónde acudir, reunirse con autoridades locales o contar una historia personal frente a un legislador.
Redes de apoyo para defender derechos de migrantes
Las Doñas también empuja campañas más amplias. Entre sus prioridades recientes está la defensa de mejores condiciones para trabajadoras del cuidado infantil. Tony afirma que muchas cuidadoras ganan salarios muy bajos, no cuentan con seguro médico ni retiro, y aun así sostienen una parte esencial de la economía. "Es bonito hablar de cuidado universal", dice, "pero la realidad es que las personas que cuidan y educan están recibiendo solo seis dólares un salario que no refleja su dignidad".
La organización también ha participado en la defensa de derechos migratorios en un contexto político cada vez más hostil. Laura recuerda con emoción la reciente batalla legal alrededor de la ciudadanía por nacimiento en Estados Unidos. Aunque sus hijos no nacieron en el país, dice que sintió alivio por otras familias. "Me da una gran felicidad para muchas familias", afirma.
En Las Doñas, la política convive con la cultura. La mayoría de sus integrantes son latinas en su mayoría mexicanas, pero también cerca del del 32% son ecuatorianas. En sus encuentros puede haber tacos, pupusas, mote, fritada o ‘taco de cuy’. "Lo que nos une es esa hermandad", dicen Martha y Laura.
Para ellas, ser ecuatoriana también ha marcado su forma de acompañar a otras mujeres. "Somos muy comunicativos, muy amigables", dice. Esa disposición, explica, le permite acercarse a otras migrantes y compartir información práctica: dónde ir, qué preguntar, qué recurso buscar, qué puerta tocar.
'Yo también puedo': El ejemplo de ver a otras mujeres liderar
La organización también confronta prejuicios más profundos. Muchas de sus integrantes son mujeres adultas, madres, abuelas o trabajadoras que durante años ocuparon un lugar secundario en la vida pública. Tony dice que justamente ahí está su fuerza: en la experiencia que traen, en lo que han vivido y en su capacidad de aprender y desaprender.
Martha lo expresa de otra manera. Dice que el ejemplo arrastra. Que una mujer que llega callada puede ver a otra hablar, organizarse, reunirse con políticos, liderar un taller, y pensar: yo también puedo.
"Cuando contacto a una nueva ‘doña’, le digo: tú puedes llegar a tener mejores posibilidades, solo si quieres conocerlas", afirma.
La ambición de Tony es que ese proceso no termine en la organización comunitaria. Quiere que Las Doñas forme mujeres capaces de disputar poder institucional. Que las migrantes no solo pidan cambios, sino que algún día estén en los espacios donde esos cambios se escriben.
"Me gustaría ver que Martha, Laura o cualquiera de las compañeras pueda decir: yo sí puedo y voy a postularme para una oficina de gobierno", dice. "No solo hacer incidencia sobre las leyes, sino construir las leyes que quiero para mi comunidad".
Martha, desde Tulcán, y Laura, desde la Amazonía ecuatoriana, llegaron a Estados Unidos buscando recomponer sus vidas. Las Doñas les ofreció algo más que acompañamiento: les dio un lenguaje político para nombrar lo que habían vivido y una comunidad desde donde actuar.
En Nueva York, una ciudad donde muchas migrantes aprenden primero a sobrevivir, Las Doñas intenta enseñarles el siguiente paso: organizarse, levantar la voz y convertir la experiencia propia en poder colectivo.
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