De vender papipollos en Barcelona a instalarse en una de las zonas más exclusivas de Florida: la expansión poderosa del restaurante 'El Ñaño'
Las primeras recetas de El Ñaño se dictaron por el teléfono de un locutorio desde Balzar hasta Barcelona. Más de 20 años después de emigrar a España donde empezó trabajando en construcción, el ecuatoriano Eloy Mera ha transformado la sazón de su madre y abuela en un grupo empresarial con locales en Barcelona, Madrid, Zaragoza, y ahora en Coral Gables, en Florida, Estados Unidos.

Eloy Mera (al centro), migrante ecuatoriano radicado en España, durante la inauguración del restaurante El Ñaño, en Coral Gables, Florida, Estados Unidos.
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BARCELONA, ESPAÑA. Las primeras recetas para los fogones de El Ñaño se dictaron a través de un teléfono de locutorio en Barcelona. A un lado de la línea estaba Anabel López; al otro, en Balzar, su madre, Blanca Morales, que había tenido un puesto de comida en esa ciudad. Aquellas instrucciones a distancia —cantidades, ingredientes, tiempos, la sazón— terminaron formando parte del menú de un restaurante que todavía ni siquiera se llamaba El Ñaño. El primer local se denominó Bella terra. Y funcionó. En menos de un año, la familia abrió El Ñaño, una marca que después se multiplicaría por Barcelona, llegaría a Zaragoza y Madrid y, años más tarde, cruzaría el Atlántico hasta Estados Unidos.
Eloy Mera, de 42 años, fue testigo de aquellas llamadas. Blanca era su abuela y Anabel, su madre. Cuando reconstruye la historia familiar, vuelve a ellas para explicar de dónde salió una parte importante de lo que vino después: de dos mujeres acostumbradas a emprender y de unas recetas que viajaron de Balzar a Barcelona cuando WhatsApp todavía no existía y cocinar a miles de kilómetros de casa exigía tirar de memoria, paciencia y teléfono.
Eloy también había cruzado el Atlántico muy joven. Llegó a España en 2001, con 17 años, en plena ola migratoria ecuatoriana posterior a la crisis económica de finales de los noventa. En Ecuador había estudiado el bachillerato en administración de granjas, pero pronto comprobó que aquella formación tenía poco encaje en la vida que le esperaba en Barcelona, donde, como muchos ecuatorianos de su generación, empezó en la construcción.
No sabía entonces que terminaría al frente de un grupo de restaurantes cuya facturación anual, según sus cifras, ronda los 10 millones de euros (USD 11,7 millones). El camino, sin embargo, estuvo lejos de ser lineal. Antes de convertir la comida ecuatoriana en el centro de su negocio, Mera fue probando sectores, aprendiendo sobre administración, marketing y publicidad y entrando en actividades tan distintas como el ocio nocturno o las agencias de viajes.

El aprendizaje autodidacta, objetivo de vida
Ese aprendizaje fue, en buena medida, autodidacta. Mera no llegó a España con un plan para convertirse en restaurador ni con experiencia profesional en hostelería. Su formación empresarial se produjo sobre la marcha, trabajando, observando qué funcionaba, equivocándose y buscando nuevas oportunidades.
La comida apareció primero como una posibilidad de fin de semana. La familia comenzó a vender platos ecuatorianos en un local prestado: Dos Hermanas. Después llegó Bella terra y, con este, aquellas llamadas a Blanca para reproducir los sabores de su casa.
El éxito del restaurante les confirmó que había un público que buscaba algo más que comer. Y no solo era la comunidad ecuatoriana, que había crecido con fuerza y empezaba a crear sus propios espacios de encuentro, ocio y consumo, sino también la colombiana y la venezolana.
En 2007 nació El Ñaño. La propuesta buscaba alejarse del restaurante ecuatoriano tradicional y acercarse a un formato más rápido. En el menú entraron chuzos, papipollos y otros platos populares, pero detrás de ese concepto estaba la misma cocina que había comenzado con las indicaciones de Blanca desde Ecuador.

'Quería construir una marca'
Mera entendió pronto que el reto ya no era solamente abrir restaurantes. Quería construir una marca. Su ambición, dice, era dar otro lugar a la gastronomía ecuatoriana y demostrar que podía convertirse en un negocio escalable fuera del país.
“Vi la oportunidad de seguir creciendo como empresario, no quedarme solamente como un emprendedor”.
Eloy Mera, migrante y empresario ecuatoriano radicado en Barcelona, España
Las dudas llegaron al definir el concepto de restaurante. “Como restaurante de comida ecuatoriana, hay gente que te comenta que es mucha comida y te dice que por qué no haces tapas que se estila más en España. Entonces entran dudas, si haces bien o mal, pero una vez que definimos bien nuestro concepto, ya tuvimos pleno conocimiento de que nos iba a salir bien”.

La expansión empezó en Barcelona. La cadena abrió nuevos establecimientos y más tarde llegó a Zaragoza y Madrid. El crecimiento también transformó la estructura familiar: su madre siguió vinculada al sabor y las recetas; su esposa, Mildred Gómez, asumió tareas de administración, y otros integrantes de la familia se incorporaron a un negocio que se fue profesionalizando al mismo tiempo que crecía.
Con los años, Mera pasó de hacer prácticamente de todo a pensar en aperturas, equipos, procesos y expansión. El muchacho que había llegado a trabajar en la construcción empezó a verse a sí mismo no solo como migrante que había montado un negocio, sino como empresario. “Me atrevo a decir que cuando más le dediqué (al negocio) fue en esos primeros años. Pasé 14 años trabajando cada día, sin días de fiesta ni descansos programados. No existía eso de decir: 'hoy descanso'. Aunque me tomaba vacaciones puntuales para ir a Ecuador 10 o 15 días, no tenía un horario fijo; no era de los que decía: 'trabajo de tal hora a tal hora y los miércoles no vengo'. Mi madre y yo trabajábamos siempre enfocados, con la meta de estar juntos y sacar adelante nuestro proyecto", cuenta.

El salto hacia Estados Unidos fue una gran apuesta y un intento por probar si el modelo podía funcionar también fuera de España y acercarse a un mercado latino mucho más amplio. El desembarco fue hace seis meses en Coral Gables, una de las ciudades más exclusivas del sur de Florida, donde el ticket promedio es de 45 dólares.
Mera insiste en que ese es ahora el verdadero objetivo. No quiere que El Ñaño sea únicamente un restaurante reconocible entre los ecuatorianos emigrados, sino una marca capaz de llevar la cocina del país a públicos distintos. “Mi gran sueño es posicionar la marca de El Ñaño como un restaurante de comida ecuatoriana por todo el mundo para que todo el mundo pruebe nuestra comida”, dice.
Más de dos décadas después de su llegada a España, el joven que estudió administración de granjas dirige un negocio que factura millones y ha llevado a su empresa hasta Estados Unidos. Pero el origen de esa expansión sigue estando una madre y un hijo que empezaron a reproducir en Barcelona los sabores que su madre y abuela había cocinado en Balzar y les dictaba por teléfono.
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