El Niño en Ecuador: Un primer impacto se ve en el aumento de casos de dengue y malaria, dice experto de Observatorio
Las debilidades del sistema de salud en Ecuador, en infraestructura y vigilancia epidemiológica, ponen en riesgo la respuesta ante la intensidad de los efectos del Fenómeno del Niño.

Captura de una imagen que muestra el impacto del fenómeno de El Niño entre los años 1997-1998, con inundaciones que provocaron pérdidas materiales y humanas. 3 de septiembre del 2026
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Los impactos del Fenómeno de El Niño en Ecuador se reflejarán en cuatro grupos de enfermedades que repercutirán en la población, en primer lugar las vectoriales, afirma el experto Ricardo Cañizares, del Observatorio de la Implementación del Sistema de información de Salud (Obsalud).
Después de haber vivido de cerca dos eventos de El Niño, en los años 1982-1983 y 1997-1998, este epidemiólogo de 72 años y catedrático de la Universidad Católica Santiago de Guayaquil analiza para PRIMICIAS las lecciones que dejó este fenómeno climático natural que se manifiesta con el calentamiento anormal de las aguas superficiales del Océano Pacífico.
En el anterior evento, de noviembre de 1997 que duró hasta mediados de 1998, el país registró pérdidas superiores a USD 2.500 millones y fallecieron 286 personas, 162 resultaron heridas y unas 50 fueron reportadas como desaparecidas, según datos del Ciifen (Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno El Niño).
Con la intensidad que se anuncia El Niño, ¿cómo impactará en la salud?
El principal impacto que se ve es el incremento de enfermedades vectoriales, eso es lo que se evidencia tanto en el Fenómeno de El Niño de 1982-1983 como de 1997-1998, el principal problema en el 82-83 fue Malaria y en el posterior el Dengue y Malaria.

¿Qué enfermedades están en segundo lugar?
Después vienen las enfermedades transmitidas por alimentos, infecciones gastrointestinales, que se presenta por la gran contaminación de las aguas que hay; un tercer grupo de enfermedades son infecciones respiratorias, y a eso hay que añadir accidentes por mordeduras de anfibios o serpientes.
¿Hay algún otro grupo?
Durante el evento como tal hay accidentados, ahogados por las inundaciones, eventos traumáticos que hay que atender. El principal vector que nos preocupa es el aedes aegypti. El aumento de la temperatura y el aumento de la lluvia y la humedad son dos elementos que permiten una mayor cantidad de vectores, hay una mayor densidad (mosquitos).
¿Estamos preparados?
Lo que nos enseña la experiencia es que ‘lo que mejor rinde es la preparación’, los impactos vistos en los eventos anteriores fueron por falta de preparación. Es de esperar que ahora se converjan las acciones de los gobiernos nacional y locales como los municipios y las prefecturas, que hacen limpieza de canales, tienen ciertas competencias que tienen que ver con salud.

¿Cómo vivió el anterior fenómeno?
Yo me desempeñaba como epidemiólogo en la Subsecretaría de Salud, era responsable de la salud pública en las provincias de la Costa ecuatoriana y Galápagos en el 97-98. La entidad rectora era Planta Central (Ministerio de Salud), seguida de Subsecretaria y las Direcciones Provinciales.
¿Usted recibía la información de las provincias de la Costa? Veía como subían las curvas de contagios
Claro, hay que tener hecho el análisis de la información para detectar a tiempo el incremento de casos. Ahí se da soporte a las direcciones provinciales y centros de salud para que puedan hacer las acciones de control al brote como tal. Y se necesita que existan los insumos necesarios para hacer la vigilancia, por ejemplo, el Inspi debería estar preparado con insumos para diagnósticos.
¿Qué era lo clave?
Una cosa clave es tener un vocero creíble, hay que trasladar información verificada a la población, a los medios de comunicación, no se trata de evitar un problema ni alarmar, la ciudadanía debe saber qué se está haciendo, donde están ocurriendo los hechos, qué cosas tiene que hacer como medidas preventivas.
Lo que debe orientar son las decisiones basadas en evidencia científica en información, no con cálculo político, si hay un fenómeno y afecta gravemente a la población, no creo que debe haber un interés de un uso político de pro o contra sino que el único que va a salir beneficiado es la población si trabajamos adecuadamente.

¿Qué deberían estar haciendo los hospitales ante la llegada del evento climático?
Los hospitales deben tener ya un inventario de que daños pueden ocurrir por inundaciones o lluvias intensas, no debería quedar deshabilitado un hospital o centro de salud por El Niño, tienen que tomarse las medidas correctivas que, si tiene algunas fallas corregirlas, porque allí es donde va a ocurrir.
¿Cuál sería el peor escenario?
El peor desastre es cuando un hospital se cierra, porque no hay donde atender. Hay que identificar las zonas de riesgo, cuáles hospitales están en riesgo, cuáles son los centros de salud que necesitan cierta reparación hay que cuidar la infraestructura.
El esquema que funciona (cuando queda inhabilitado un hospital) son las brigadas de atención sanitaria. Hay que tener planificado que habrá población aislada, o en albergues, hay que hacer ahí vigilancia epidemiológica, detección de brotes a tiempo, vacunación.
¿Hay algún protocolo de acción ante El Niño?
Hay tres etapas que son importantes: La primera es la preparación, desde los insumos, al personal, los procedimientos. Otro momento es durante el hecho como tal, cuando hay inundaciones la idea es la atención inmediata, por ejemplo, si el agua se contaminó es necesario entregar equipos de cloro, la educación sanitaria para que la gente pueda purificar el agua.
Hay que garantizar el agua de consumo, garantizar que la población que puede quedar aislada o en albergues tengan agua segura.
¿Y la tercera etapa?
Las secuelas. Quedan criaderos de las aguas residuales, quedan hospitales dañados, quedan carreteras destruidas, de tal manera que el acceso se complica y surgen riesgos que hay que atender. No se deben afectar los programas regulares de atención a la población.

¿Cree que la llegada de El Niño luego de pasar una pandemia y en momentos que hay una crisis sanitaria nacional hará que se repita el colapso del último fenómeno?
Los países que tienen sistemas de salud solidos con inversión adecuada, responden mejor, no es que no se afectan, pero la respuesta es mejor.
¿Y en el caso de Ecuador?
El sistema de salud de Ecuador tiene muchas dificultades, tiene brechas. No solo debilidades en materia de medicamentos en los hospitales, creo que el principal esfuerzo que el Estado debe hacer es fortalecer la atención primaria de salud, para que mejore la vigilancia epidemiológica, la detección temprana, las acciones de prevención en la comunidad.
¿Hacemos eso?
Hay el conocimiento para prevenir las enfermedades, pero veo debilidades en los procedimientos, toda actuación en salud pública tiene guías y protocolos, protocolos para detectar epidemias, para proteger médicos, para que el hospital sea operativo, esos protocolos se han debilitado por falta de personal y recursos.
Es un falso ahorro cuando el país no invierte en prevención, luego ocurre lo peor y se tiene que gastar más. Hay que invertir en salud, una epidemia o desastre natural produce un impacto grave, no solo en la salud inmediata sino en el trabajo y la población se vuelve vulnerable.

¿Hay más población vulnerable?
Un tema que ha cambiado en relación con el anterior evento del 97-98 es que ahora tenemos más población viviendo en zonas vulnerables, más población con necesidades sociales y de salud. Ha aumentado la pobreza y la inequidad y eso significa que hay más riego de enfermedades, la población debe ser protegida adecuadamente.
Un desastre de este tipo no se resuelve con programas parches imprevistos sino con preparación, con inversión, con seguimiento, con evaluación, con monitoreo de las cosas que se van a hacer, tenemos que responder como país, más allá del costo político, hay que tener presente el costo de la salud y la vida, que está por encima de intereses y cálculos políticos.
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