Superó la precariedad y el silencio de la migración: hoy es la voz guayaquileña que enciende a Europa
Alejando Rodríguez había animado fiestas multitudinarias en Ecuador. Migró y superó la precariedad antes de recuperar el micrófono en Europa. Hoy, 'Maxi Show', como se lo conoce, es un comunicador, rapero, animador y activista ecuatoriano en España, que desde hace más de dos décadas es una de las voces habituales de los encuentros de migrantes en este país y en otros países de Europa.

El ecuatoriano Alejandro Rodríguez, conocido como 'Maxi Show', en su cabina de radio en Barcelona, España.
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Soraya Constante
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BARCELONA, ESPAÑA. Alejandro Rodríguez, más conocido como ‘Maxi Show’, vuelve a encender el micrófono en una de las temporadas más intensas para la comunidad ecuatoriana en Europa. Julio no es un mes cualquiera para los guayaquileños migrantes: las fiestas julianas activan conciertos, encuentros, ferias y celebraciones en distintas ciudades del continente. Y allí, donde hay una tarima, una bandera celeste y blanco y una nostalgia dispuesta a cantar, suele aparecer él.
Este año, ‘Maxi Show’ ha sido convocado a Reino Unido para animar una fiesta juliana que tendrá como cabeza de cartel a Jenny Rosero. No llegará solo con su oficio de presentador. También aprovechará la cita para lanzar un álbum titulado 'Los Juan Pueblos, guayaquileños activando el mundo', una declaración de identidad que resume buena parte de su trayectoria: la de un artista, comunicador y animador que ha convertido la migración ecuatoriana en un escenario.
“Me llevan, me contratan para que yo anime la fiesta”, dice Alejandro Rodríguez, que desde hace más de dos décadas se ha convertido en una de las voces habituales de los encuentros ecuatorianos en España y otros países de Europa. En su caso, animar no es solo presentar artistas o llenar silencios entre canción y canción. Es ponerle acento guayaquileño a una comunidad que celebra lejos de casa.

La música urbana y sus inicios en Guayaquil
‘Maxi Show’ nació artísticamente en Guayaquil, en ese circuito donde la música urbana, las discotecas, las radios y las matinés juveniles funcionaban como una escuela para muchos artistas urbanos. Empezó a cantar desde los 13 años, aunque al principio nadie le hacía demasiado caso. “Yo empecé a cantar desde los 13 años. Claro que era un niño que nadie me hacía caso y tal, hasta que después logramos ser referente”, cuenta.
El salto llegó en 1995, cuando ganó el Rap Open 95 en el Latin Palace de Guayaquil con el grupo Revelación. “Después de la colección de Carlos Contreras y Casper, vino la nueva generación y yo salí en esa generación”, recuerda. Aquella victoria lo colocó dentro de una camada de raperos, animadores y buscavidas del micrófono que empezaban a mover la escena urbana local.
Después vinieron las provincias, las terrazas, los equipos cargados a pulso y las primeras oportunidades frente al público. Antes de ser contratado como animador, trabajó cargando equipos para que lo dejaran hablar en las fiestas. “Yo era el utilero, el niño que andaba ahí, hasta que aprendí a convertirme en el showman más duro de nuestro país”, dice sin ningun asomo de humildad.
Esa mezcla de oficio, insistencia y calle fue marcando su estilo: rápido, popular, cercano, hecho para levantar al público. La voz, dice, tampoco apareció de un día para otro. “La voz la fui construyendo”, explica.
En Guayaquil se hizo conocido como ‘Loco Máximo’. Animó matinés, trabajó en discotecas entre los 18 y los 24 años. “Controlábamos la escena de la matiné. Nunca en la noche porque como éramos menores y nuestro mercado era ese. Llegamos a formar parte de todo el ocio”, cuenta.
El desorden en medio de la "fama"
Fue una etapa de popularidad temprana, dinero rápido y aprendizaje acelerado. También de vértigo. “Yo ganaba 17.000 sucres por animar las tardes de los fines de semana y cuando ya mi poder de desarrollo estaba a la máxima potencia, yo comencé a ganar 100 dólares por solo el sábado”, recuerda. La escena crecía, él también, y muy pronto empezó a sentirse por encima de su propia edad.
Estudiaba en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Guayaquil, pero el éxito económico lo desordenó. “Repetí tres veces tercero. La primera vez porque me iba bien económicamente y dije: ¿para qué estudiar? Si estoy ganando dinero, yo tengo más dinero que todo el mundo de mi edad, de la gente de mi entorno. Tenía 18 personas trabajando para mí”.
Ese ascenso tuvo también su reverso. A los 21 años se casó en una transmisión en vivo de su programa de radio y el matrimonio duró apenas tres meses. “Me gasté 4.000 euros en mi matrimonio, era la vida de un famosillo, no pude centrarme”. En su relato, el personaje público, el dinero y la noche avanzaban más rápido que la capacidad de sostener una vida estable.
La escuela de la radio y los artistas
La radio fue otra de sus escuelas. Empezó muy joven en Machala, en Radio Caravana, de la mano de Eduardo Zambrano. “A los 14 años me puso a pasar la hora y yo sudaba y me asustaba”, comparte. Luego pasó por Radio AM, se presentó en la Feria Mundial del Banano y terminó consolidando su nombre en la 100.5 RCN, una emisora que recuerda como pionera de la música urbana y el romantic style en Guayaquil.
Allí nació 'El show de Máximo', tal y como lo cuenta Alejandro. “Yo empecé con 'La rumba que pica', nos botaron en un mes con DJ Nivaldo, y yo me quedé parado en la puerta y le digo: ‘Tú a mí no me vas a botar, porque yo sé lo que quiero hacer’. Y ahí me pusieron 'El show de Máximo', en la radio 100.5 RCN”. Desde entonces, el micrófono dejó de ser solo una herramienta de trabajo y se convirtió en una identidad.
En un punto de su meteórica carrera, viajó a Panamá no para comprar mercadería, como hacían tantos comerciantes, sino música. Llevó sonidos, contactos y artistas. Recuerda haber sido parte de los primeros movimientos que conectaron a Guayaquil con la escena urbana panameña y caribeña. En ese camino menciona la llegada de Lorna, conocida por Papi chulo, y de Nigga, además de vínculos con artistas y productores que alimentaron la música urbana ecuatoriana.
Pero el brillo no fue lineal. En 2002, un concierto fallido de Vico C terminó en una pérdida de 25.000 dólares. El artista debía llegar a Ecuador para participar en la Teletón, pero su viaje se retrasó y el evento no respondió como esperaban. Ese golpe económico coincidió con una etapa personal complicada y terminó empujándolo a emigrar.
De Guayaquil a Madrid y Barcelona
En 2003 viajó a Europa con la sensación de que Guayaquil podía ser difícil para alguien demasiado extrovertido, demasiado visible, demasiado “lámpara”, como dice él. “Esa fue una de las causas de que yo me vine para acá, porque sentía como que Guayaquil para las personas extrovertidas es un poquito complicado. Yo siempre tenía el pelo pintado de rojo, tenía una melena y era como que muy lámpara, y eso no le gustaba a la gente, que tú brilles mucho”.
Primero llegó a Madrid, pero luego se trasladó a Barcelona, buscando playa, fútbol y una ciudad donde volver a empezar. “Quería vivir esa magia de Barcelona”, resume. El comienzo, sin embargo, no tuvo alfombra roja. Antes de regularizar su situación, trabajó en lo que encontró. “Lavé platos como un desgraciado en el Puerto Olímpico”, confiesa.
Con los años, esa experiencia se convirtió en parte central de su relato: el artista que había animado fiestas multitudinarias en Ecuador tuvo que pasar por la cocina, el silencio y la precariedad antes de recuperar el micrófono en Europa. Más de dos décadas después, ‘Maxi Show’ se presenta como comunicador, rapero, animador y activista ecuatoriano en España.
Ha creado La Marca Activa, una plataforma digital y radial que define con una frase que funciona casi como lema: “donde la estrella eres tú”. También impulsa el Festival FUN, un proyecto urbano que ha incorporado un mensaje ambiental y comunitario. Su objetivo es “salvar el planeta y aprender a reciclar”. O, en su fórmula más propia: “Hacemos música con ciencia”.
Su nombre también está ligado al fútbol, otro idioma emocional de la migración ecuatoriana. Ha acompañado eventos vinculados al Barcelona Sporting Club y ha sido animador de encuentros de leyendas del fútbol ecuatoriano en ciudades como Génova, Milán, Barcelona, Madrid y Murcia. En esos espacios, su papel no es solo presentar sino traducir la nostalgia en fiesta y convertir una cancha o un recinto en una pequeña extensión de Guayaquil.
En Cataluña, además, ha encontrado un espacio de participación social y asociativa. Ha colaborado con proyectos de ciudadanía y diversidad. Esa faceta lo ha llevado a moverse entre escenarios, radios, campañas comunitarias y actos públicos, siempre con el micrófono como herramienta principal.
A sus años de trayectoria suma ahora una etapa más reflexiva. Padre de cinco hijos, ‘Maxi Show’ habla también de salud, cambios de hábitos y disciplina. Después de décadas fumando, dejó el tabaco y ajustó su alimentación. Lo cuenta como quien sabe que sobrevivir al ritmo de la noche, la migración y la tarima también exige aprender a bajar el volumen a tiempo.
Por eso, su nueva temporada juliana tiene algo más que agenda musical. Para Maxi Show, animar las fiestas guayaquileñas en Europa significa volver a conectar con esa ciudad de la que salió, pero que nunca dejó de llevar en la voz. En Reino Unido, frente a un público migrante que celebra a Guayaquil desde la distancia, Alejandro Rodríguez volverá a hacer lo que lleva haciendo desde adolescente: tomar el micrófono y animar a los suyos.
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