Testimonio: "Presté parte del dinero de mi jubilación a mi mejor amigo, perdí la plata y al amigo"
Tres lectores le cuentan a PRIMICIAS sus peores experiencias por haber prestado dinero a un amigo o familiar, y un experto nos dice qué debemos hacer en estas situaciones.

Foto referencial préstamo dinero entre amigos o familiares, el 29 de agosto de 2025.
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Pedir dinero prestado a familiares o amigos es más común de lo que parece, sobre todo en Ecuador, donde el 19% de la población de más de 15 años acude primero a su círculo cercano si necesita liquidez, según el Índice Global Findex 2025 del Banco Mundial.
"El amigo al que presté dinero desapareció"
Pero prestar dinero a familiares o amigos no siempre es una buena experiencia y puede quitarle la paz, como le ocurrió a la familia de Aidita (pidió que no se ponga su apellido).
Todo ocurrió en 1997 cuando su esposo cobró la jubilación de la empresa donde laboraba. Entonces un amigo cercano, que de hecho era el compañero de trabajo de su esposo, les pidió prestado una parte del dinero.
Aidita dice que este amigo, a quien conocían desde hace 10 años, iba a la casa siempre a tomar café y también a las reuniones familiares. Por eso, se confiaron y le prestaron 1,5 millones de sucres (Ecuador dejó esta moneda en el 2.000 y adoptó el dólar). Ella dice que era un monto significativo. "No me acuerdo qué nos dijo, pero nos convenció", dice con pesar.
El amigo ofreció pagarles en tres meses, pero tan pronto recibió el dinero, dejó de ir al trabajo. Fueron a su casa, pero él se había ido. Nunca les pagó.
"El amigo de mi esposo nos ofreció pagar en tres meses el dinero, pero tan pronto recibió la plata, dejó de ir al trabajo. Fuimos a su casa, pero él se había ido. Nunca no pagó".
Aidita
"Escuchamos que estaba por la Latacunga, pero no lo encontramos ni nos pagó. Perdimos la plata y al amigo", dice Aidita.
Aidita reconoce que fueron confiados, no pidieron ninguna garantía, pero ahora no prestan dinero a nadie porque saben que es un riesgo. "Yo les digo, no presten la plata".
En Ecuador, son los hombres quienes más recurren a sus redes de amigos o de familiares cercanos si necesitan un préstamo: el 21% ha pedido prestado a familiares o amigos, frente al 16% de las mujeres.
Le presté dinero a mi suegra, nunca me pagó
Ana (tampoco quiere dar su apellido) quiso ayudar a su suegra hace siete años. En esa época, la madre de su esposo estaba muy endeudada, debía cuotas a las tarjetas de crédito y tenía varias deudas en bancos. Entonces Ana, junto a su cuñada, decidieron sacar un préstamo de USD 5.000 para aliviar su situación económica crítica.
El préstamo lo obtuvo Ana, a su nombre, en una cooperativa, con el compromiso de que la cuñada le ayude a pagar la mitad de las cuotas de cada mes, que eran de unos USD 250 al mes. El crédito era a un plazo de dos años, porque la suegra estaba por jubilarse y ella se comprometió a devolver el dinero, tanto a su nuera como a su hija.
"Pero la cuñada no pagó las cuotas y me tocó pagar todo a mí, que terminé asumiendo toda la deuda. Cuando mi suegra se jubiló tampoco me pagó", dice Ana.
"La cuñada no pagó las cuotas y me tocó pagar todo a mí".
Ana
Ana dice que todo el proceso estuvo lleno de conflictos. "Yo esperaba un mejor trato de la familia de mi esposo y agradecimiento por el esfuerzo que estábamos haciendo. Pero mi suegra incluso seguía gastando dinero con las tarjetas, pese a que la idea de todo era que su situación económica mejore".
Entonces, vinieron conflictos con mi esposo y a su familia, dejé de visitarla.
Ana recuerda que las tensiones con la familia de su esposo bajaron con el tiempo. Y decidió perdonar, pero desde entonces no presta más dinero a familiares porque cuando hay problemas de pago se mella la relación. "Es preferible preservar la amistad y la relación", dice Ana.
Ana dice que nunca había vivido esta experiencia, pues cuando ella necesita liquidez urgente por alguna emergencia suele recurrir a amigas, a quienes ella siempre paga y a esas amigas también les ha prestado dinero, que sí le han pagado.
Unos familiares me pagaron, otros no
Evelyn reconoce que le cuesta decir que no, cuando algún familiar cercano le pide dinero prestado. Ella siente que debe ayudarlos porque tiene trabajo y está en mejor situación económica. "Saber decir que no es algo en lo que debo trabajar", dice y es que no todas han sido buenas experiencias.
"Saber decir que no, es algo en lo que debo trabajar"
Evelyn
Una experiencia positiva fue hace tres años con una de sus sobrinas. Ella le pidió que pida un préstamo de USD 5.000 para pagar unas deudas de la tarjeta de crédito que tenía con la promesa de pagarle las cuotas. Y lo hizo, "pagó puntualmente todo, tanto el capital como el interés".
Pero el otro lado de la moneda de esta práctica lo conoció con otro sobrino. Este familiar le pidió que saque un préstamo de más de USD 20.000 para empezar un emprendimiento y con las ventas pagar el crédito.
Pero Evelyn dice que ha tenido muchos conflictos porque su familiar no paga a tiempo las cuotas. El problema se agravó tanto que Evelyn tuvo que ir a la cooperativa a pedir un refinanciamiento y cinco meses de gracia, tiempo en el cual esperaba que su familiar pueda reunir el dinero para poder estar al día, pero eso no ocurrió.
"En esto he puesto dinero mío, tenía planes para esos recursos. Además, temo que si no me paga mi sobrino y yo tampoco puedo hacerlo, se verá perjudicada mi calificación de riesgo en el buró de crédito", dice Evelyn.
Qué dicen los expertos
Este tipo de problemas financieros tienen un trasfondo cultural, dice Renzo Aguirre, director de EELAEDU, un gestor de educación superior con instituciones propias con la marca EELA en Ecuador, México y Estados Unidos.
Les resulta difícil decir que no a los latinoamericanos porque piensan que les van a tildar de "miserables, agarrados, malas personas" y el crédito queda como algo informal. En Estados Unidos, no ocurre eso, dice Renzo, donde hay una mayor cultura financiera. En ese país, las personas que hacen un préstamo a un amigo o familiar exigen la firma de un pagaré, que incluye intereses.
Aguirre dice que en un 90% de casos de préstamos a familiares o amigos la relación queda resquebrajada. "Normalmente, el que presta termina siendo un cobrador y el deudor se enoja porque el familiar intenta cobrar su dinero. Entonces, se corta la relación entre hermanos, primos, amigos".
Por todo lado hay problemas en estos casos porque en Latinoamérica todo opera de manera muy informal, insiste Aguirre. Entonces, si alguien no quiere prestar dinero, la familia se enoja, y si le presta y luego le quiere cobrar, se molesta de igual manera.
Para el experto solo hay dos salidas. Una es no prestar dinero ni a amigos, ni familiares, ni servir de garante. "Yo solo recomiendo ser garante para el hijo".
Y la segunda es firmar un pagaré, con intereses y todas las garantías necesarias. "Porque si no el que no paga se siente en el derecho de no pagar. Dicen: ¿Por qué te pagaría a ti, si a ti te va bien, tienes un buen trabajo?, es la idea que hay en la sociedad por falta de cultura financiera".
Un problema que va más allá de Ecuador
Con un 19% de personas de más de 15 años que pide prestado dinero a familiares y amigos, Ecuador se ubica por encima del promedio regional, que alcanza el 18%.
Dentro de América Latina, Venezuela (26%) es el país donde esta práctica es más frecuente, mientras que en Guatemala (15%) se registra el menor índice.
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