Iguanas de Guayaquil, las resilientes vecinas que la ciudad convirtió en uno de sus íconos entre árboles, cemento y ruido
Para el visitante son una rareza; para el guayaquileño, viejas vecinas que forman parte de la ciudad. Las iguanas verdes conviven con el tráfico, el cemento y los turistas en una ciudad que se levantó dentro de su territorio natural.

La cresta dorsal, la papada y la larga cola son algunos de los rasgos característicos de la iguana verde.
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Autor:
Gonzalo Herrera Vargas
Actualizada:
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Al mediodía, cuando el centro de Guayaquil retumba con pitos, motores, silbatos de tránsito y conversaciones que se pierden entre el ruido, las iguanas comienzan a bajar de los árboles del Parque Seminario.
Lo hacen sin apuro, una detrás de otra, atraídas por la carreta de un trabajador municipal que reparte su comida. Sus colas, más largas que el cuerpo, rozan el césped y los caminos.
Avanzan despacio. El rostro escamoso, la cresta dorsal y la larga cola les dan una apariencia de dragón que el guayaquileño reconoce como familiar, pero que todavía asombra a quienes llegan de fuera. No es difícil relacionarlas con sus parientes marinas de Galápagos, comparadas habitualmente con Godzilla.
Los adultos suelen acercarse con cautela; los niños, en cambio, se agachan, ríen y extienden la mano. Algunos visitantes les ofrecen lechuga, aunque un letrero dentro de las jardineras advierte: “No alimentar a la fauna urbana”.

¿Cuántas iguanas hay en el parque?
El parque es su escenario más famoso. Su nombre oficial, Parque Seminario, perdió terreno en el lenguaje cotidiano frente al popular “Parque de las Iguanas”. Según la última cifra difundida por el Municipio, más de 200 ejemplares habitan este espacio del centro de Guayaquil.
Alrededor de ellas también se creó una pequeña economía. Los vendedores ofrecen comida para peces, tortugas y palomas. Otros promocionan a “Jhonny”, una iguana con la que, aseguran, todos los turistas se toman fotografías.
Con un trípode y un juego de perspectiva, colocan al reptil en primer plano y al visitante más atrás, como si ambos posaran juntos. La iguana se convirtió en fotografía, recuerdo y personaje comercial.
Pero el Parque Seminario es apenas su vitrina más famosa, no el único lugar de Guayaquil donde habitan. También pueden encontrarse en otros parques, jardines, áreas verdes y sectores cercanos al río Guayas y al Estero Salado, donde disponen de árboles, vegetación y espacios para exponerse al sol.
Iguanas no llegaron a Guayaquil como especie introducida
La iguana verde forma parte de la fauna silvestre natural de los ecosistemas costeros, ribereños y de bosque seco presentes en el área de influencia de Guayaquil. Su presencia urbana no responde a una introducción artificial: la ciudad creció y modificó lugares que ya estaban dentro de su distribución natural, explica la Dirección General de Ambiente.
Guayaquil todavía conserva árboles, áreas verdes y sectores próximos al río Guayas y al Estero Salado. Esos fragmentos de vegetación les permiten refugiarse, desplazarse por las ramas y exponerse al sol para regular su temperatura.
El clima cálido y la disponibilidad de hojas, vegetación ornamental y frutos completan las condiciones que necesitan para sobrevivir dentro de una ciudad hecha de tráfico, concreto y edificios.

Así es el cuerpo de la iguana verde
De cerca, su cuerpo parece diseñado para otra época. Tiene garras para aferrarse a los troncos, una papada bajo el cuello y una cresta que nace sobre la cabeza, recorre la espalda y disminuye hacia la cola.
Los ejemplares juveniles conservan un verde brillante, mientras que los adultos pueden presentar tonalidades grisáceas o cafés. Una iguana adulta puede alcanzar entre 1,2 y dos metros de longitud total y pesar entre tres y cinco kilogramos. Su cola larga y fuerte también funciona como instrumento de defensa.
Hasta su reproducción depende del calor de Guayaquil. Las temperaturas elevadas aceleran la incubación de los huevos, mientras que los suelos húmedos y sombreados pueden prolongarla. Las crías suelen eclosionar cerca del inicio de la temporada lluviosa, cuando encuentran vegetación tierna y mejores condiciones para sobrevivir.
Un ecosistema en medio del tráfico de Guayaquil
En el Parque Seminario, las iguanas no están solas. Las palomas revolotean y caminan entre los zapatos con plumajes que mezclan gris, negro, café, blanco, morado y verde brillante. Los machos inflan el pecho, levantan una pata y persiguen a las hembras. En el estanque descansan las tortugas.
Las tres especies comparten el agua, los árboles y la atención constante de los visitantes. Todo forma un ecosistema urbano atravesado por el crujido de las ramas, los gritos repentinos de los niños, los cuchicheos de conversaciones ajenas y el eterno tráfico del centro.

Mientras Simón Bolívar domina el parque desde su monumento, de espaldas a la Catedral de San Pedro, las iguanas ocupan silenciosamente los árboles, las jardineras y el suelo. Son maestras de la quietud en una ciudad ruidosa.
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