Internet es el terreno para vender y comprar arte

Cultura

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

15 Jun 2020 - 0:05

Ya sea para mantener proyectos o generar una fuente de ingreso adicional, en pandemia el arte llegó a Internet a la busca de compradores. - Foto: PRIMICIAS

Internet es el terreno para vender y comprar arte

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

16 Jun 2020 - 14:13

Páginas web y redes sociales -en particular Instagram- son ahora el espacio en el que colectivos y artistas ponen en venta sus obras.

Formas de sobrevivir económicamente, o de reconocer en el confinamiento una manera de desarrollar otro tipo de proyectos.

Colectivos con una clara conciencia de lo que hacen y generan, artistas de amplia trayectoria, otros que empiezan su carrera. No importa la procedencia. La justificación es que el momento es complejo y exige respuestas creativas.

En realidad, a través de las redes sociales es común encontrar una oferta de arte en diferentes soportes y, sobre todo, desde el arte contemporáneo, que se compra en línea -se paga casi siempre a través de transferencias- y se entrega a domicilio.

Ya sea en Quito, Guayaquil o Cuenca, la dinámica es parecida. El objetivo es promover obra, venderla, llevarla al comprador, esto con estrategias similares.

Un par de ejemplos desde Quito

Lo que hace Art Delivery es justamente lo que se puede imaginar con un nombre así: encargarse de la transacción y de la entrega de la obra que se compra.

Este es un proyecto que lo maneja Nudo Street Art Project en Quito -en conjunto a 12 artistas- y Br Studios en Guayaquil -con otros 10-.

Un concepto directamente relacionado con el delivery y la promoción se hace a través de un menú.

Un ejemplo de una de las publicaciones de Art Delivery, en Instagram.

Un ejemplo de una de las publicaciones de Art Delivery, en Instagram. Instagram / Art Delivery

Con base en las representaciones gráficas con distintas técnicas -serigrafía, risografía, xilografía y hasta fotocopia- este sistema de venta está funcionando para sostener a un espacio como Nudo Street Art Project, que tiene un año de existencia.

Juan Pablo Valle está a la cabeza de la propuesta y explica en qué consiste lo de Art Delivery.

Valle explica que si bien Art Delivery está funcionando y se ha vendido bien -con precios que van de USD 30 a USD 100- también están dedicados a la marquetería, como una fuente de ingresos adicional.

La selección de artistas que forman parte de este proyecto -entre ellos Santiago Maldonado, Pame Pinto, Mishell Estevez, Pino Supay- busca dejar de lado la idea de la sacralidad de la obra, de que es algo único e irrepetible.

Dentro de una estructura clara de producir y circular obra. Y, sobre todo, de darle espacio a los nuevos artistas.

“Estamos en otra época. Los jóvenes no coleccionan cuadros, sino stickers de WhatsApp (…) Un papelito adhesivo, que te regaló una novia, un amigo, en un concierto, que lo pegas en tu teléfono o en tu espejo, a veces es mucho más valioso del cuadro que te dejaron de herencia”.

“Pero tenemos carreteras”, collage digital de Marcela Ribadeneira. Instagram / Marcela Ribadeneira

En otras ocasiones, es solo cuestión de decidirse a hacer las cosas.

La escritora quiteña Marcela Ribadeneira empezó sus primeros ejercicios con el collage hace siete años. Se podría decir que se trataban de experimentos para conocer el software, que terminaban con ella compartiendo sis obras a través de redes sociales.

Incluso algunas de sus obras han servido como portadas de libros y ha trabajado bajo pedido en algunos casos. Pero con el confinamiento, esa labor artístico -que estaba supeditado a su experiencia literaria- adquirió un nuevo valor.

Ha armado un catálogo con su obra –que comparte en Instagram-, lo que le ha permitido vender varios de sus trabajos, que envía impresos a los compradores en Quito.

Quizás el interés de sus compradores por su obra tiene que ver con cómo ella se enfrenta al collage: “una forma de reciclaje de la iconografía existente, sean imágenes de publicidad de los 50, de cuadros clásicos, de otros no tan conocidos y resignificar todo. Todo en función de hablar de un futuro que ya nunca fue”.

Espacio Violenta hace lo suyo desde Guayaquil

Si bien el espacio físico debió cerrar a inicios de junio -por las complicaciones económicas ligadas al confinamiento-, la idea de ser una vitrina de arte contemporáneo, de lo ‘under’ y emergente, se mantiene en lo digital

Violenta sigue adelante, y ahora con un proyecto que Juan Carlos Vargas y David Orbe -los artistas y gestores que crearon el sitio en 2017- bautizaron como Tiempos Violentos, tienen un mecanismo para acercar el arte a posibles compradores.

Vargas dicen que están cómodos con esta nueva estrategia, a la que ven con esperanza.

Tanto él y Orbe han hecho la curaduría de los artistas que forman parte de Los Dealer, enfocándose en gente que ya ha colaborado con ellos, que han sido parte de sus talleres y de sus residencias.

Artistas como Brenda Vega, Gianna Ayora, Gabriela Serrano, Pedro Sánchez y Francesca Palma, entre otros, tienen sus obras a la venta con Violenta. Esto, en un proceso que para Vargas y Orbe es exigente:

La experiencia desde Cuenca

Esta es otra época para María José Machado. Porque antes le robaba el tiempo a sus otras inquietudes, para dedicarse a la pintura.

Y no eran cualquier ocupación, desde luego. Su dedicación principal ha estado en las áreas de políticas de inclusión para población LGBTI, de políticas de género y de prevención y erradicación de violencia contra las mujeres.

En redes sociales es muy conocida por este lado profesional. Pero ahora, fuera de su área de trabajo -y de Twitter- María José Machado está vendiendo las obras que dibuja y que pinta.

Viene de una familia enfocada en el arte realista, figurativo y del dibujo. Y vender su obra es una fuente de ingresos para costear sus gastos en este momento.

Se puede concebir a su obra como una especie de versión propia del arte naif, con la figura de la mujer en el centro. Incluso da la impresión de que muchos de sus cuadros se centran en el autorretrato.

A diferencia de su trabajo como ilustradora -en el que aparece su posición política-, en la obra pictórica lo que manda es la expresión pura.

Y así, en esta época decidió mostrar su trabajo y ponerlo a la venta, a través de un sistema con su particularidad:

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