Logo de Primicias

Suscríbete a nuestras notificaciones para recibir las últimas noticias y actualizaciones.

Lo Último
Temas:
  • Cortes de luz
  • CNEL
  • Gustavo Petro
  • Daniel Noboa
  • Feriado del Día del Trabajo
  • Migrantes por el mundo
Viernes, 15 de mayo de 2026
  • Home
  • Lo Último
    • Qué pasa hoy
  • Política
    • Consulta popular 2025
  • Economía
    • Empresas
    • Reputación en Acción
  • Seguridad
    • Sucesos
  • Quito
  • Guayaquil
  • Jugada
    • #Elamarilloquenosune
    • #Eldeportequequeremos
    • Mundial 2026
    • Tabla de posiciones de la LigaPro 2026
  • Sociedad
    • Especial terremoto
  • Trending
    • TV y Streaming
    • Música
    • Gastronomía
    • Cine
    • Cultura
    • Agenda
  • Firmas
  • Internacional
  • Gestión Digital
  • Radar Andino
  • Juegos
  • Telegram
  • X Twitter
×
  • Telegram
  • X Twitter
  • Lo Último
    • Qué pasa hoy
  • Política
    • Consulta popular 2025
  • Economia
    • Empresas
    • Reputación en Acción
  • Seguridad
    • Sucesos
  • Quito
  • Guayaquil
  • Jugada
    • LigaPro
    • Fútbol
    • La Tri
    • Tabla de posiciones LigaPro 2025
    • Tabla de posiciones Copa Libertadores 2025
    • Tabla de posiciones Eliminatorias Mundial 2026
    • Tabla de posiciones Copa Sudamericana 2025
    • Más deportes
    • Ciclismo
    • Mundial 2026
    • #Elamarilloquenosune
    • Dónde ver
  • #ElDeporteQueQueremos
    • En el podio
    • Los protagonistas
    • La fórmula del triunfo
    • El lado B
  • Sociedad
    • Especial terremoto
  • Trending
    • TV y Streaming
    • Música
    • Gastronomía
    • Cine
    • Cultura
    • Agenda
  • Ciencia y Tecnología
  • Firmas
  • Internacional
  • Gestión Digital
  • Juegos
  • Radar Andino
Videos
NEWSLETTERS

Una Habitación Propia

El adiós a un amor perfecto

Maria Fernanda Ampuero

María Fernanda Ampuero, es una escritora y cronista guayaquileña, ha publicado los libros ‘Lo que aprendí en la peluquería’, ‘Permiso de residencia’ y ‘Pelea de gallos’.

Actualizada:

21 abr 2023 - 05:28

Compartir:

  • X Twitter
  • Telegram
ÚNETE A NUESTRO CANAL

Cuando mi papá murió, Dolly siguió esperando que volviera a la casa durante años. 

Él la compró, aunque debería decir la salvó, en un semáforo en Urdesa después de enamorarse de sus ojos, dos botones negros, en un marecito de algodón blanco.

Mi papá era un cursi con los animales. Se hacía el que no, pero sí. Lo derretían los perros, de raza o runas, daba igual, le gustaba, pienso, ese amor tan desmesurado, tan insondable que dan los perros frente al amor tan condicionado que damos los humanos.  

Era mutuo: los perros se le acercaban, le lamían la mano, se acostaban a su lado, se dejaban acariciar. Ellos saben quién los quiere. En eso somos parecidísimos: no hay perro que pase a mi lado al que yo no le dedique, al menos, una mirada, una sonrisa, un hola bajito.

Mi mamá, cuando estoy en Guayaquil, siempre teme que regrese con un perrito rescatado, como hice durante toda mi vida desde que era muy niña. 

Lo heredé de él, también otras cosas no tan dulces, pero no es momento de hablar de eso, sino de Dolly.

Cuando mi papá murió, Dolly, que era suya y lo sabía perfectamente, lo buscaba por todos lados y nos miraba como preguntándonos ¿dónde está?, ¿cuándo regresa? 

Al dolor de su pérdida se sumó el dolor de no poder explicarle a Dolly que ya no volvería, que no escucharía nunca más su chiflido único, la voz del amo.

El mueble de él, imbricado con su olor, se convirtió en su refugio y su fortaleza. De ahí no la sacaba nadie. 

Hace unos días hubo que dormir a Dolly. El cáncer, como a su dueño, como a mi padre, se la empezó a comer de dentro hacia afuera y, como a su dueño, como a mi padre, el dolor la empezó a convertir en otro ser: un animal que padece.

Antes de Dolly tuvimos una perrita a la que, por amarla tanto, o eso creíamos, dejamos malvivir más tiempo del que debía. Postergamos la eutanasia hasta que murió de muerte natural después de haber sufrido dolores y deterioro. No hay cómo explicar el dolor a los animales y eso es doblemente brutal.

De nada sirve lamentarse, lo sé, pero dejamos que nuestra mascota amada sufriera sin necesidad.

No lo íbamos a hacer nuevamente.

Dolly murió un domingo, acostadita de lado, con la mano de mi hermano sobre su pata mientras, en diferentes partes del mundo, la llorábamos todos como se merecen los amores.

Dolly murió sin sufrimiento innecesario, sin convertirse en una masita de dolor inmenso, sin pasar hambre ni sed ni asfixia ni punzadas. Murió con toda la dignidad del mundo: no se hizo ni caca ni pipí encima, no hubo que alimentarla por sonda ni cargarla ni darle medicinas paliativas. No prolongamos ni un día su dolor.

Quiero creer que tuvo una vida feliz y una muerte acorde con esa vida.

Quiero creer, también, que ese mismo domingo, cuando se paró su corazón, se encontró con mi papá en una réplica exacta del mueble de ambos y se durmió feliz de que él, su ser más querido, le acariciara otra vez y ya para siempre la cabecita blanca de algodón.

  • #Guayaquil
  • #amor
  • #perros
  • #Familia
  • #muertes
  • #padre

Noticias Relacionadas

Firmas

¿Usted es de los que hicieron fila para frustrarse de gasolina?

Leer más »

Firmas

El baile en la tarima y la comunicación política

Leer más »

Firmas

De ideologías y otros demonios

Leer más »

Firmas

La ley dice una cosa, la realidad otra

Leer más »

Firmas

¿Qué va a hacer Noboa si gana Cepeda en Colombia?

Leer más »

Firmas

El Ecuador de la economía exitosa en el planeta Arízaga

Leer más »

article.theLast

  • Telegram
  • X Twitter
  • Quiénes somos
  • Regístrese a nuestra newsletter
  • Sigue a Primicias en Google News
  • #ElDeporteQueQueremos
  • Tabla de Posiciones Liga Pro
  • Referéndum y consulta popular 2025
  • Etiquetas
  • Politica de Privacidad
  • Portafolio Comercial
  • Contacto Editorial
  • Contacto Ventas
  • RSS

©Todos los derechos reservados 2025