Esto no es político
Así, la Revolución Ciudadana seguirá perdiendo elecciones
Periodista. Conductora del podcast Esto no es Político. Ha sido editora política, reportera de noticias, cronista y colaboradora en medios nacionales e internacionales como New York Times y Washington Post.
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Mientras la Revolución Ciudadana, hoy, amparada en el movimiento Amigo, siga creyéndose la dueña de la verdad, mantenga su nula capacidad autocrítica y descalifique a quienes los hacen cuestionar algunas de sus decisiones, seguirá perdiendo las elecciones.
Las declaraciones de esta semana de Gabriela Rivadeneira, presidenta del movimiento, hoy suspendido, retratan con claridad las prácticas más recurrentes de la organización política desde que fueron gobierno. Todo aquel que no aplauda ciegamente es enemigo. Bajo esa lógica, no existe posibilidad de cuestionamiento, de disidencia, de pluralidad o de diversidad.
Después de qué Mónica Luzarraga, una abogada que ha sido sumamente crítica con el gobierno — y que lo ha pagado con el mismo estiramiento que pagan todos los que se atreven a serlo — dijera en una entrevista, que ya no será precandidata a la alcaldía de Guayaquil por el Partido Socialista, sino por una alianza entre Pachakutik, Unidad Popular y Futuro 20, el movimiento liderado por Gustavo Larrea, Rivadeneira reaccionó, como las caras visibles de esa organización suelen hacerlo: minimizando lo dicho por Luzarraga y ubicándola bajo la mirada de la sospecha.
“Cuando nosotros planteamos la unidad, planteamos la distribución equitativa de concejales y concejalas, entendiendo que la representación y el peso que tiene cada organización debe verse en la confrontación del concejo cantonal. Lo que se nos dijo es que estos candidatos no deberían provenir de ninguna organización más que del movimiento Amigo”.
¿Eso significa entonces que la RC se está negando nuevamente a ampliar sus posibilidades incluso estando en una situación de absoluta desventaja electoral? Que, nuevamente, en lugar de tender puentes, ¿los está dinamitando?
La respuesta de Gabriela Rivadeneira no da explicación alguna a los señalamientos que hace Luzarraga, al contrario, la acusa de “chimbadora”, haciendo gala una vez más de su nula capacidad de hacerse responsable de sus acciones.
“Suena muy raro. Hace pocas semanas, Mónica había aceptado ser candidata dentro de la unidad en contra del Gobierno”, dice en un tuit Rivadeneira. “Ayer nos mandó un mensaje rompiendo la unidad y hoy también rompe su acuerdo con el PSE”, añade, cuestionando el respaldo de Futuro 20.
En la lógica de buena parte de la RC, todo aquel que no se somete ciegamente a sus postulados, es enemigo. Todo aquel que tiene el atrevimiento de plantear una alternativa a sus propuestas, es traidor.
Ya vimos esa premisa convertirse en política de gobierno durante la década que gobernaron.
Hoy, en condiciones totalmente distintas, con un contexto nacional y regional sin precedentes y con muestras claras de haberse convertido en la organización blanco del poder, parecen no haber aprendido mucho.
Que a ojos de Rivadeneira —con el respectivo repost de Rafael Correa — Luzarraga sea “chimbadora” y sospechosa de jugar con el gobierno, vuelve a retratar una de las razones por las que muchos se alejaron de la RC: su maniqueísmo. O estás con ellos o estás en contra.
Desde que existen han tenido serísimas dificultades para ver que no todo el que los critica los odia, está con sus rivales o quiere destruirlos. Muchos cuestionan, dudan o preguntan porque así es la democracia.
Pero ellos no lo entienden. Solo reaccionan. Y lo hacen públicamente. ¿No habría sido mejor que Rivadeneira llamase a Luzarraga e intentara dialogar?
Pero no. En la reactividad no hay espacio para matices ni para conversaciones más profundas que les permitan, en nombre del país que tanto dicen amar, acordar en lo que se pueda acordar y disentir en lo que no.
La RC lleva años comportándose con la superioridad moral que no les corresponde. Son eficientes para cuestionar las acciones de otros pero incapaces de dejar sus egos inflados de un lado.
Si a eso sumamos las disputas internas que se han ventilado sin pudor en redes sociales, la organización termina, una vez más, actuando para sabotearse a sí misma. Las indirectas que se enviaban saltando un día Luisa González y Marcela Aguiñaga convirtieron las naturales fricciones internas existentes en toda organización política, en un triste espectáculo politiquero.
El país se desangra y la RC, como primera fuerza opositora del país, no está a la altura. En lugar de hacer una oposición democrática, están ocupados navegando en el lodazal de sus propios egos; en el rencor eterno de que si Ramiro García hizo tal cosa o que si Ramiro Ávila hizo tal otra; y en la ceguera eterna y maniquea de su propio discurso.
¿Quieren comprobarlo? Bastará ver los comentarios bajo el post de esta columna.
La RC crea y consume su propio veneno.
Vale aclarar que nada de esto desconoce el contexto que han tenido que enfrentar, en donde hay evidentes indicios de un poder direccionado a destruirlos. Es claro también que en un país desinstitucionalizado, la oposición tiene enormes desventajas frente a un oficialismo que acumula poder.
En un país como el Ecuador conviven, en muchos casos, varias realidades que parecen contrapuestas: ellos persiguieron y luego fueron perseguidos. El péndulo eterno.
Por favor, que aquello que pasó en el pasado tampoco sirva de distractor para minimizar lo que pasa hoy: una cancha electoral inclinada, unas sanciones discrecionales, una justicia cooptada, unas relaciones incestuosas entre funciones en teoría independientes, una acumulación de poder preocupante.
Sobre todo eso, mucho he escrito.
Que sirva para que la RC se mire al espejo de su pasado y empiece a actuar con un ápice de responsabilidad hacia su electorado, su militancia y el país entero.
O bueno, también pueden no hacerlo y seguir pavimentando el camino de una nueva derrota.