La Revolución Americana y su influencia en América Latina
Fellow en Estudios Latinoamericanos del Instituto Cato. Entre 2006-2026 escribió para El Universo (Ecuador). Es autora de En busca de la libertad: Vida y obra de los próceres liberales en Iberoamérica (Editorial Planeta, 2025).
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Esta semana se conmemora el aniversario 250 de la Revolución Americana y quisiera comentar la influencia que tuvo este suceso en los movimientos pro independencia de nuestra región.
En América Latina los relatos de la independencia han sido sometidos tradicionalmente a un tratamiento nacionalista y estatizante. Nos cuentan una gesta de patriotas que se fueron a la guerra con el Estado-nación resultante como una meta. Guerras ficticias de ecuatorianos contra españoles o mexicanos contra españoles, según el caso, cuando en esa época las nacionalidades latinoamericanas ni siquiera habían sido concebidas. La realidad es que se trataron de guerras civiles en las que se enfrentaron hermanos contra hermanos y que casi accidentalmente derivaron en los estados que hoy conocemos. Nuestros próceres buscaron inicialmente reformas dentro del imperio español y solo al final, cuando vieron esos intentos frustrados, muchos de ellos respaldaron la independencia.
En la búsqueda de un modelo de gobierno idóneo que se desarrolló en medio de guerras, nuestros próceres se inspiraron en la Revolución Americana. En mi libro 'En busca de la libertad: Vida y obra de los próceres liberales de Iberoamérica' (Crítica, 2025) destaco esta influencia. Nuestros próceres eran estudiosos de la Revolución Americana, teniendo en sus bibliotecas copias no solo de la Constitución de los Estados Unidos y de la Declaración de la Independencia, sino también de la Constitución del estado de Virginia y de la famosa “Carta de despedida” de George Washington. Por ejemplo, Manuel Belgrano tradujo dos veces la carta de Washington, carta en la que el general victorioso que hubiera podido proclamarse rey sorprendió al mundo retirándose y entregándole la república al pueblo.
Cuando en el imperio español se censuraban las publicaciones revolucionarias, Vicente Rocafuerte como Juan Germán Roscio y otros americanos españoles, acudieron a Filadelfia para publicar sus obras. Allí publicó Rocafuerte dos de sus obras más importantes: 'Ideas necesarias a todo pueblo americano independiente que quiera ser libre' (1821) y 'Bosquejo ligerísimo de la revolución de México' (1822). El historiador Jaime Rodríguez dice que la primera se distribuyó en toda la América española. 'Ideas necesarias' contenía además de la introducción de Rocafuerte, una traducción de 'Sentido común', de Thomas Paine, un discurso de John Quincy Adams y la Constitución de la Confederación de los Estados Unidos y la Constitución de Estados Unidos. Juan Germán Roscio, por su parte, publicó en Filadelfia su principal obra, 'El triunfo de la libertad sobre el despotismo' (1817).
El arequipeño Juan Pablo Viscardo y Guzmán, autor de la célebre 'Carta dirigida a los españoles americanos', que Francisco de Miranda utilizó para promover la causa de la independencia del imperio español, le confesó a su amigo Rufus King en Londres que deseaba emigrar a Filadelfia. En su obra 'La paz y la dicha del nuevo siglo' (1797) Viscardo y Guzmán veía en Estados Unidos el ejemplo más sorprendente de “la energía de las fuerzas creadoras y vivificantes de la Libertad”.
Volviendo a Miranda, es indudable su admiración por la joven república de Estados Unidos. Miranda mantuvo correspondencia o se reunió con Alexander Hamilton, Thomas Paine, James Madison y Thomas Jefferson, y George Washington. Con Hamilton desarrolló una amistad epistolar de casi veinte años. Miranda vio en el trabajo de Hamilton una ilustración de cómo la Revolución Americana era un ejemplo a seguir, mientras que la francesa era algo que evitar.
Otro gran admirador fue el guayaquileño José Joaquín de Olmedo, quien se inspiró en la Declaración de la Independencia al redactar el manifiesto de la Revolución Marcista (6 de marzo de 1845), movimiento que buscó un gobierno representativo y descentralizado. Luego de enumerar una serie de abusos cometidos por el entonces presidente Juan José Flores, culminó el texto citando casi textualmente la porción de la Declaración de la Independencia de Estados Unidos que justifica el derecho a la rebelión: “Si una larga serie de abusos y usurpaciones…” El mexicano Lorenzo de Zavala admiró la “libertad sin restricciones” del puerto de Nueva York tanto para la migración, como el comercio y la religión. El cartagenero José Ignacio de Pombo veía en la libertad económica de Estados Unidos un motor para la creación de riqueza.
Desde Francisco de Vitoria en el siglo XV y sus herederos intelectuales en España, pasando por John Locke en Inglaterra, hasta Jefferson, sus compañeros de causa en las 13 colonias, y nuestros próceres en los reinos de ultramar: la soberanía popular, el gobierno limitado y las libertades individuales eran todos elementos de una tradición de Occidente sobre la cual se erigió la modernidad. El 4 de julio de 1776, con su Declaración de Independencia, cristalizó esos valores.