La primera moneda global
Fellow en Estudios Latinoamericanos del Instituto Cato. Entre 2006-2026 escribió para El Universo (Ecuador). Es autora de En busca de la libertad: Vida y obra de los próceres liberales en Iberoamérica (Editorial Planeta, 2025).
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En 'Camino de la servidumbre', F. A. Hayek sostuvo que “el control económico no es simplemente el control de un sector de la vida humana que pueda separarse del resto; es el control de los medios para alcanzar todos nuestros fines”. Hayek veía en la libertad económica el fundamento de una sociedad de individuos libres y, en su ausencia, el fundamento de una sociedad de esclavos. En cierto modo, se trata de una idea muy estadounidense, cristalizada por un admirador del experimento estadounidense, que desde el principio tuvo como factor unificador la primera moneda global: el real de a ocho del Imperio Español.
Con motivo del próximo aniversario No. 250 de la Revolución Americana, vale la pena recordar el papel de esta moneda. Las trece colonias inglesas habían intentado sin éxito emitir sus propias monedas, los “shillings”. En su 'Historia del dinero y la banca en los Estados Unidos: de la era colonial a la Segunda Guerra Mundial', Murray Rothbard explica:
“La moneda de metal precioso que más circulaba en América era, con diferencia, el dólar de plata español… Los dólares españoles llegaron a las colonias norteamericanas a través del lucrativo comercio con las Indias Occidentales. El dólar de plata español había sido la moneda más destacada del mundo desde principios del siglo XVI, y se extendió en parte gracias a la vasta producción de plata de las colonias españolas en América Latina. Sin embargo, lo más importante era que el dólar español, desde el siglo XVI hasta el XIX, fue relativamente la moneda más estable y menos devaluada del mundo occidental”.
Rothbard explica que tanto el Imperio inglés como los gobiernos coloniales se dedicaron a prácticas mercantilistas, acaparando moneda metálica y devaluando sus respectivas monedas en relación con el dólar español. Las colonias practicaban una versión temprana de las “devaluaciones competitivas”, subvencionando así sus exportaciones. Cada colonia sufrió entonces una depreciación masiva de su moneda, inflación y la desaparición gradual de los dólares españoles debido a la aplicación de la Ley de Gresham: la moneda mala expulsa a la buena. Pero el metal —el dólar español acuñado— no fue prohibido y siguió siendo aceptado en todas las colonias.
A pesar de los múltiples fracasos de cada colonia con sus respectivos chelines, el Congreso Continental insistió en 1775 en emitir ahora su propio dinero fiduciario —los “continentales”— en su esfuerzo por financiar la guerra revolucionaria. El Congreso emitió 6 millones de continentales en 1775 y acabó emitiendo un total de 225 millones de continentales a lo largo de un periodo de cinco años. Mientras que en 1775 una continental valía 1,25 dólares españoles, en 1781 se necesitaban unos 168 continentales para conseguir un dólar español. Este episodio de rápida depreciación dio origen a la expresión “no vale ni un continental”.
Las colonias diferían en muchos aspectos, pero todas compartían la confianza en el real de a ocho, popularmente referido como “Spanish milled dollar” o “pieces of eight”. Tanto es así que el símbolo del dólar estadounidense que conocemos hoy lleva un símbolo que se originó en "la ‘P’ mexicana o española de pesos, piastras o reales de ocho”, según la Oficina de Grabado e Impresión de los Estados Unidos. Con el tiempo, la “S” pasó a escribirse sobre la “P” y así surgió un equivalente cercano al “$”.
La historiadora española Elena María García Guerra destaca que:
“Las monedas españolas de ocho reales se convirtieron en las más codiciadas de Europa para el comercio mundial, no solo porque eran abundantes, sino porque sus cualidades intrínsecas inspiraban confianza en comerciantes y banqueros. Todos respetaban esta moneda porque reconocían su calidad, porque reconocían que era una moneda íntegra tanto en su peso como en su ley. Porque, a diferencia de lo que ocurrió con otras monedas europeas, los reales no sufrieron cambio alguno —ni en peso ni en ley, ni siquiera en su valor nominal— entre 1497…y 1686…la idea de una moneda fuerte y estable siempre se ha vinculado a un signo de poder y prosperidad…Durante casi tres siglos, el peso de la India o la moneda de plata de ocho reales establecería el estándar para la integración monetaria internacional, tal y como hicieron más tarde los ingleses con la libra y los estadounidenses hoy en día con el dólar”.
Y hoy, gracias a la dolarización, somos parte de la red monetaria más amplia en esta ola de globalización que continúa, a pesar de los gobiernos.