La libertad económica es esencial
Fellow en Estudios Latinoamericanos del Instituto Cato. Entre 2006-2026 escribió para El Universo (Ecuador). Es autora de En busca de la libertad: Vida y obra de los próceres liberales en Iberoamérica (Editorial Planeta, 2025).
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El líder de la Revolución Ciudadana que nos iba a salvar de la “partidocracia”, terminó reemplazándola con un sistema autoritario que controló todos los órganos del estado, utilizándolos para silenciar críticos y perseguir enemigos. Luego vinieron gobiernos de buenos modales que consideraron que la prioridad eran las reformas políticas y que lo económico tendría que esperar para otro periodo y así pasaron seis años sin reformas importantes, salvo la apertura comercial que ha venido persiguiendo desde 2017 hasta el presente. Después llegó el supuesto “Nuevo Ecuador” que, aunque nunca se nos dijo claramente en qué consistía o cómo se vería, una mayoría apoyó en las urnas con la esperanza de dejar atrás la crisis de seguridad y el estancamiento económico. El péndulo está dirigiéndose nuevamente hacia la concentración de poder en el gobierno.
Los personajes, los métodos y las excusas cambian, pero el resultado es muy similar. Con más de dos décadas de data en el Índice de Libertad Humana (ILH) y medio siglo en el de Libertad Económica (ILE)—ambos publicados por los institutos Fraser y Cato—tenemos suficiente información para ver “el bosque” y no dejarnos confundir por “un árbol”. El bosque nos dice que Ecuador tiene una gran brecha de libertad frente a los países que más han prosperado durante las últimas décadas en la región y que esa brecha se debe principalmente a su bajo puntaje de libertad económica.
El ILE demuestra año tras año una fuerte correlación entre el crecimiento y la libertad económica. Por esta razón no debe sorprender que entre los países que más crecieron desde el 2000 se encuentran las economías más libres de la región (en orden de crecimiento): Panamá (149%), República Dominicana (122%), Perú (104%), Costa Rica (92%) y Chile (72%). Entre las que menos crecieron, que incluso registran crecimiento negativo, se encuentran también las menos libres: Haití (-14%) y Venezuela (-59,9%). Ecuador en cambio, registró un crecimiento mediocre de 51%.
Esto importa mucho. Mientras que Perú tenía un ingreso promedio de USD 667 por debajo del de Ecuador en el 2000, en 2024 Perú superaba el ingreso promedio ecuatoriano por USD 712. Más triste todavía es compararnos con otra economía dolarizada—Panamá. Esta pasó de tener un ingreso promedio de USD 6.856 en el 2000 a uno de USD 17.123 en 2024.
En el ILH, que define la libertad como “ausencia de una restricción coercitiva” y abarca 87 indicadores de libertades económicas y personales, Ecuador llegó a su puntaje más alto en 2007: 7,20 sobre 10, siendo 10 el puntaje máximo. El informe señala como las libertades se relacionan entre sí de manera estrecha. Por ejemplo, un mayor nivel de libertad económica empodera a los ciudadanos para ejercer otras libertades. Por eso debemos prestar atención a la brecha importante que se presenta en el caso de Ecuador entre libertades económicas y personales. Con datos para 2023, tenemos un puntaje y ranking mucho más bajo en el área de libertades económicas (6,32 y posición 100) que en la de libertades personales (7,22 y posición 82). Ecuador se ubica en el tercer cuartil menos libre de jurisdicciones incluidas en el índice. En el ranking de América Latina, Ecuador se ubica en la posición 21 de 26 jurisdicciones.
Las áreas de particular debilidad para Ecuador son la seguridad (3,80), el Estado de Derecho (4,16), la protección de derechos de propiedad privada (4,51) y la calidad regulatoria (5,76). Lo llamativo es que, en todas estas áreas, menos en la de seguridad, hemos tenido un puntaje establemente bajo desde el 2000. La protección de derechos de propiedad privada y la calidad regulatoria son componentes esenciales de la libertad económica.
Un estado que interviene en múltiples aspectos del diario vivir de las personas concentra demasiado poder y genera demasiadas oportunidades y tentaciones para cometer actos de corrupción y abusos de poder. Los abogados y políticos llevan décadas discutiendo cómo lograr la seguridad jurídica, casi siempre sin tomar en cuenta la realidad económica. El Estado de Derecho en Ecuador no podrá surgir siempre y cuando no haya un Estado limitado por el control de una vibrante sociedad civil, la cual a su vez solo podrá existir cuando haya un mayor grado de libertad económica que sustente a las demás libertades. El país permanece atrapado en un consenso iliberal, ignorando las reformas básicas para lograr una sociedad más libre y próspera. Durante la pandemia logramos ponernos de acuerdo entre un grupo de profesionales en torno a cinco reformas:
Reducción del tamaño del Estado;
Liberalización del mercado laboral;
Transición hacia un sistema de capitalización individual para la jubilación;
Internacionalización del sistema financiero;
Continuar con la apertura comercial.
Agregaría que, si no se puede lograr un consenso nacional en torno a cualquiera de estas reformas imprescindibles, se debería abrir la puerta a que se ensayen a nivel de los gobiernos locales.