Tablilla de cera
¿Qué va a hacer Noboa si gana Cepeda en Colombia?
Escritor, periodista y editor; académico de la Lengua y de la Historia; politico y profesor universitario. Fue vicealcalde de Quito y embajador en Colombia.
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Iván Cepeda, el candidato de la izquierda petrista, triunfará dentro de 17 días, pasando a la segunda vuelta.
Demostrando la polarización de Colombia, su contrincante en la segunda vuelta será un candidato de extrema derecha. El más probable es Abelardo de la Espriella, el verdadero outsider de esta elección, un abogado excéntrico con clientes dudosos, cantante y empresario, que adoptó un discurso a lo Bukele.
Parece que las posibilidades de la candidata de Álvaro Uribe, conocido por sus tajantes posiciones de derecha, Paloma Valencia, se han reducido en las encuestas. En parte, por machismo: no la consideran capaz de aplicar la mano dura que proclama.
Hay quienes creen que en la segunda vuelta de Colombia sucederá lo que ha ocurrido varias veces en el Ecuador y que pasó en Chile en diciembre: que el segundo de la primera vuelta termina ganando la presidencia.
Suponen que la mayoría de los votantes rechazará al delfín de Petro por la herencia de estos cuatro años: el aumento de la violencia política y del crimen común, la expansión los cultivos de coca y el fracaso de la política de la “paz total”, que ha permitido a los grupos guerrilleros crecer y armarse.
Eso sin contar las acusaciones al hijo de Petro por haber recibido dinero del narco para la campaña; las de su excanciller, Álvaro Leyva, sobre el consumo de drogas y los intríngulis de Laura Sarabia, entre otros escándalos.
Pero ¿y si no es así? ¿Si a la mayoría del electorado le preocupan otras cosas en Colombia?
“¡Ave María!, pero ¿¡qué otras cosas pueden haber!?”, dirá espantado algún lector fingiendo acento colombiano.
Pues piense por qué Petro ganó en 2022 y en que podría pasar de nuevo. Colombia es un país con una profunda división de clases, más aguda aún que la del Ecuador, y aunque Petro no ha resuelto los problemas estructurales, se ha mantenido agitando la bandera de la lucha de clases, hincando repetidamente en esa profunda brecha social.
Petro podrá ser desagradable, incluso descortés; podrá ser un mal orador que divaga con ideas delirantes, y podrá tener su entorno investigaciones judiciales por corrupción, pero nadie puede negar que en su período ha logrado 1) que se hable de él y 2) que pobres, marginados, indígenas y afroamericanos existan en la esfera pública.
Esta visibilidad es muy importante para el pueblo colombiano, que ha sufrido por décadas de la tradicional miopía, o más bien ceguera, de las clases altas de Colombia.
Por supuesto que Petro ha recurrido al populismo: ha incrementado el gasto público hasta extremos imposibles; ha repartido bonos y “contratos temporales” a troche y moche. Su medida más popular fue la de diciembre: aumentó el salario mínimo en 23%, la subida más alta de las últimas décadas y cuatro veces superior a la inflación.
A la fecha, el Salario Mínimo Legal Mensual Vigente (SMLV) en Colombia equivale a 467 dólares. Si se incluye el auxilio de transporte, el ingreso total asciende a 2 millones de pesos, lo que representa cerca de 534 dólares, según la tasa de cambio actual.
Esa cifra de 2 millones de pesos es lo que Petro propuso como “Salario Mínimo Vital”, un concepto que antes no existía en Colombia.
Al aumento, que beneficia a 2,5 millones de trabajadores, alrededor del 10% de la fuerza de trabajo, se une un alza del salario de soldados y policías rasos. Eso más la mencionada visibilidad dada a los más pobres son razones para que Petro haya recobrado popularidad (con tasas de aprobación entre 45% y 50%), lo que favorece a Cepeda.
Otro factor que va a influir en el resultado electoral fue mencionado por Jaime Durán en su columna dominical en un medio argentino: el nivel de rechazo que despiertan los candidatos. Si se pregunta por quién usted nunca votaría, resulta que Paloma Valencia enfrenta 62% de rechazo, De la Espriella 51% y Cepeda solo 44%.
Como las encuestas anticipan que Cepeda le ganaría a De la Espriella por un margen de entre 6 y 10 puntos en segunda vuelta, el presidente del Ecuador, Daniel Noboa, debe empezar a desescalar el enfrentamiento con Petro.
Dio un primer paso al reducir los aranceles de 100%, que rigen desde el 1 de mayo, a 75% desde el 1 de junio. Un buen gesto, aunque respondió a un pedido de Paloma Valencia, lo que no fue muy bien recibido por las otras campañas.
Pero ahora hay un importante paso dado por Colombia, que no debe desaprovecharse: el anuncio del ministro de Defensa, Pedro Arnulfo Sánchez, del 30 de abril sobre el despliegue en la frontera de 15.000 soldados, apoyados por seis aeronaves, ocho pelotones blindados y 16 unidades navales.
Lo más importante de este cambio operacional, para mí, es que se pondrán puestos de control permanentes, muy diferente a las “acciones aleatorias” en que se había empeñado Colombia.
Debe valorarse la frase de Sánchez de que “la estrategia enfocada en operaciones sostenidas”, tiene el objetivo “de desmantelar las estructuras narcocriminales en límites con el hermano país de Ecuador”. Es un triunfo de Noboa.
También se debe tener en cuenta la decisión de la Comunidad Andina que dio plazo de 10 días a los dos países para retirar los aranceles.
A Cepeda se le reconoce por ser un ideólogo de línea dura, pero también como un hombre pragmático, que fue capaz de lograr consensos en su actuación en el Senado.
Es el momento de empezar acercamientos, reanudar las relaciones comerciales normales y hacer efectiva la cooperación de las fuerzas del orden en las operaciones fronterizas.