El fin de la mano de obra barata: la dura advertencia de McKinsey que Ecuador no puede seguir ignorando
Asesor empresarial en estrategia y finanzas corporativas. MBA de la Escuela de Negocios Darden de la Universidad de Virginia. Exasesor McKinsey and Company y finanzas en JPM, CLSA, ABN-AMRO y Valpacífico. Exejecutivo senior Progressive Insurance e IPG.
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En el reciente Mini Forum Ecuador 2026, Andrés Cadena, Socio Senior de McKinsey & Company, presentó un diagnóstico que debería obligarnos a replantear nuestra Estrategia de largo plazo. Debo indicar que soy alumni de la Firma.
La conclusión central es tan incómoda como ineludible: Ecuador está llegando al final de la era de la mano de obra barata, y el país no está preparado para la transición que viene.
Según la ONU, la tasa de fertilidad de Ecuador se sitúa en 1,81 (2024), por debajo del umbral de reemplazo de 2,1. Las proyecciones sugieren que esta trayectoria se acelerará hacia 1,6–1,7 en la próxima década, invirtiendo la pirámide poblacional. Esas tasas de natalidad altas entregaban abundante mano de obra joven y de bajo costo. Ese bono demográfico se está agotando rápidamente.
Las últimas ediciones del McKinsey Quarterly han destacado cómo las economías emergentes enfrentan un doble desafío: el agotamiento del dividendo demográfico y la necesidad urgente de cerrar brechas de productividad mediante capital intelectual y automatización.
Ecuador produce aproximadamente USD 6.900 per cápita. Para mantener competitividad regional frente a Colombia o Perú —y no quedar rezagado frente a Chile con USD 16.000 per cápita —, la productividad por trabajador necesita crecer al 4–5% anual sostenido, el doble del ritmo actual de recuperación post pandemia.
La trampa demográfica, desincentivó la adopción de tecnología.
El modelo de negocio basado en volumen y horas-hombre intensivas —común en agroindustria (por ejemplo, floricultura), manufactura tradicional y servicios básicos— tiene fecha de caducidad. Si no se inyecta capital de forma agresiva en automatización, inteligencia artificial (IA) predictiva y procesos de alta productividad, los márgenes se comprimirán de manera estructural por el encarecimiento inevitable del costo laboral y la presión sobre el sistema de seguridad social.
Cadena fue tajante: países como China ya operan “dark factories” (fábricas sin intervención humana), mientras Ecuador sigue compitiendo principalmente con costos laborales bajos. Nuestra estrategia ya no es viable.
La nueva competitividad se llama productividad
Según el análisis de McKinsey, en el mundo actual la ventaja ya no se mide por cuánto produces, sino por cuánto produces de forma rentable cuando los costos laborales, energéticos y logísticos se vuelven más volátiles. En una economía dolarizada como la nuestra, que no puede recurrir a devaluaciones competitivas, la única salida sostenible es ganar productividad por trabajador a un ritmo acelerado.
Esto tiene implicaciones directas para nuestros sectores estrella:
Agro y agroindustria deben migrar hacia precisión y automatización. Manufactura debe subir en la cadena de valor. Servicios deben incorporar herramientas de IA para multiplicar el output por persona.
La ventana de oportunidad se está cerrando
Economías que logren cerrar brechas de productividad con rapidez serán las que atraigan capital en un mundo de alta incertidumbre geopolítica. Las que no, verán cómo el capital fluye hacia destinos con mejor combinación de confianza, seguridad y retorno ajustado al riesgo.
Sin embargo, no asumamos que el empresario ecuatoriano puede "hacerse más productivo" como si fuera una decisión de voluntad. ¡No lo es! Es una decisión de arquitectura de capital, y esa arquitectura no existe en Ecuador.
Tres contradicciones duras que tenemos:
1. El financiamiento para CAPEX tecnológico existe, pero es caro y concentrado. El EMBI (riesgo país) cayó por debajo de 400 puntos básicos. El problema no es la ausencia de capital, sino su costo relativo y su canalización hacia el segmento productivo medio. La pregunta correcta es: ¿cómo se traduce el acceso soberano a mercados en financiamiento corporativo para automatización? Quizás mejorando aun más el riesgo país a niveles de Colombia o atrayendo capital pese a su riesgo país como en El Salvador.
2. El Código Laboral —reformado en 2023 (derecho al cuidado) y 2025 (discriminación por edad)— sigue generando rigidez estructural. Con solo 33,7% de empleo adecuado y 45% de informalidad, cualquier choque de productividad que desplace trabajadores sin reconversión de habilidades caerá en el sector informal, generando presión política. La reforma no es solo revisar el código de 1938'; es diseñar un sistema de transición con seguro de empleabilidad, no solo de empleo.
3. El ecosistema de desarrollo productivo existe, pero está fragmentado: CFN, BanEcuador, y ventanas multilaterales. La brecha no es la ausencia de instituciones, sino la velocidad de desembolso y la apetencia de riesgo para el segmento medio (PYMES). Ecuador, no tiene un banco de desarrollo funcional para el segmento productivo medio.
En Andes Legacy Advisors, nuestra tesis es clara: la tecnología provee los vectores, pero es el liderazgo estratégico el que define el legado.
La verdad incómoda
El empresario ecuatoriano necesita saber si automatiza con flujo de caja, si busca un joint venture tecnológico, si terceriza, o si espera/status quo a que la competencia lo mate. Cada opción tiene un perfil de riesgo, capital y tiempo que no es intercambiable. Y ninguna es viable sin resolver primero cómo se paga.
Las preguntas no son si puede permitirse innovar: ¿es si puede permitirse innovar mal?, y ¿cuánto tiempo le queda antes de que su modelo operativo pierda relevancia absoluta?