Tablilla de cera
¿Ha contraído Noboa la peligrosa enfermedad de la hybris?
Escritor, periodista y editor; académico de la Lengua y de la Historia; politico y profesor universitario. Fue vicealcalde de Quito y embajador en Colombia.
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Es conocida la costumbre romana de que, en el propio carro halado por cuatro caballos en el que un general celebraba su desfile triunfal al volver victorioso a Roma, se ponía a un ciudadano que le repetía “Memento mori” (“Acuérdate que vas a morir”), para rebajarle el orgullo desmesurado que suele conducir al fracaso, la famosa ὕβρις (hýbris) de los griegos.
El fúnebre presagio es bueno para todos, por supuesto. No podemos olvidar que somos mortales y que tarde o temprano dejaremos este mundo sin llevarnos glorias, poder o riquezas.
Esa precaución milenaria estaba presente incluso antes, en las tragedias griegas, y también asoma en algún momento de la Odisea: el encuentro con Polifemo.
Con la nueva gran película de Nolan podemos recordarla mejor: después de haber cegado al cíclope y de haber escapado con éxito, Odiseo ya está a salvo en su barco. En ese momento no puede contenerse y grita desde el mar, revelando su verdadero nombre: "Si alguien te pregunta quién te dejó ciego, dile que fue Odiseo, hijo de Laertes..."
Ese gesto no le aporta ninguna ventaja. Es un acto de orgullo: necesita que su hazaña sea conocida. La consecuencia es terrible. Polifemo, hijo de Poseidón, invoca a su padre, y Poseidón condena a Odiseo a un larguísimo regreso lleno de sufrimientos.
Fue el médico neurólogo inglés David Owen quien, en su libro de 2008 'La enfermedad de los gobernantes', recobró y popularizó el concepto de “síndrome de hybris”, descrito por él como una alteración del comportamiento asociada al ejercicio del poder.
La idea central es que ciertos líderes, al acumular poder, pueden desarrollan rasgos como:
- exceso de confianza en su propio juicio;
- desprecio por las críticas;
- sensación de estar por encima de las reglas comunes;
- identificación excesiva entre su persona y el Estado;
- pérdida de contacto con la realidad.
Varios gobernantes del Ecuador han sufrido la hybris. Me refiero no a una enfermedad mental reconocida en los manuales psiquiátricos, sino a un patrón adquirido de conducta relacionado con el poder. La sufrió Rafael Correa, megalómano como pocos, que perdió contacto con la realidad y nos lo demostró hasta no hace mucho con su teoría de la tinta voladora.
Ahora se confirma, por si quedaban dudas, que también la hybris se ha aposentado en Daniel Noboa, a propósito del valiente análisis del expresidente Osvaldo Hurtado sobre el estado de nuestra democracia.
Después de que sus corifeos salieran a ladrar como jauría sonsa en la asamblea y en los medios oficiales y en los comprados, la respuesta presidencial, que debíamos esperar que fuera de altura, si no elegante al menos bien pensada, cuidando las formas, como es obligación del primer mandatario, resultó una paparrucha.
En vez de refutar con argumentos, de demostrar que no va en camino de ser dictador, que respeta los límites democráticos, Noboa espetó una sandez: que Hurtado es viejo (un cadáver que ha estado en formol). En primer lugar, ¿no es eso escupir al cielo? ¿No tiene cerca personas de edad que se hallan en un estado de grave deterioro cognitivo?
Y, en segundo lugar, el sofisma de que a ese viejo lo sacaron para insultar al presidente se cae solo porque no insultó. Lo que sí hizo Hurtado —uno de los mayores estudiosos de la sociedad y la política ecuatorianas del último siglo, autor de libros clásicos de las ciencias sociales, algunos recientes y otros que siguen estudiándose décadas después de publicados—, ni siquiera fue lanzar una tesis sino dar las razones que permitan a los ecuatorianos aceptar esa tesis, exponiéndolas con claridad, precisión, fundamentación (con apoyo en hechos y ejemplos, no solo en opiniones) y coherencia lógica.
Noboa, en cambio, desprecia las críticas; insulta en vez de refutar y sostiene la peligrosa doctrina de que los medios de comunicación deben rendirle pleitesía, serle agradecidos y no entrevistar a un crítico de su gestión.
Otro gobernante atacado por la hybris es Gustavo Petro, quien termina mañana su mandato de mala manera, en medio de acusaciones de corrupción de amigas suyas a las que colocó en puestos clave.
Hombre de ambiciones desmesuradas y logros reducidos, intentó nada más ni nada menos que ser “líder mundial”, en especial en dos temas: la lucha contra el cambio climático y la paz total, que incluía modificar la política mundial de drogas. Pero, en la realidad, ni siquiera planteó una hoja de ruta para la transición energética y el escenario de la violencia es más complejo, las narcoguerrillas se han fortalecido y tienen más rentas ilegales.
Insistió, con una urgencia nunca vista en América Latina, en abandonar los combustibles fósiles y migrar hacia una matriz energética limpia, pero hoy los hogares colombianos pagan más por el gas natural y este se importa en mayor proporción que antes de su gobierno, mientras quedan serias dudas sobre la sostenibilidad de Ecopetrol (y la honorabilidad de sus administradores).
No niego que redujo a mínimos históricos la pobreza y el desempleo. Al cierre del 2025, la pobreza monetaria bajó a 28% y el desempleo a 8,9%. Pero, a cambio, deja un grave déficit fiscal (6,4% del PIB), una alta deuda bruta (64,7% del PIB, casi igual al pico de la pandemia) y una economía que es la única latinoamericana que no se ha recuperado del Covid.
Los gobernantes siempre necesitan a alguien que camine detrás de su carro triunfal y les susurre al oído que el poder es efímero, que ningún pedestal es permanente y que la hybris ha sido, desde Roma hasta hoy, el preludio del fracaso.