El capital ya eligió a América Latina; ¿elegirá también al Ecuador?
Asesor empresarial en estrategia y finanzas corporativas. MBA de la Escuela de Negocios Darden de la Universidad de Virginia. Exasesor McKinsey and Company y finanzas en JPM, CLSA, ABN-AMRO y Valpacífico. Exejecutivo senior Progressive Insurance e IPG.
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Mucho antes de que una empresa contrate a un trabajador, un directorio o un comité de inversión ya decidió dónde construirá su próxima fábrica, centro de datos, puerto, mina o proyecto energético. Esa decisión definirá dónde se crearán los empleos, los salarios y las oportunidades de la próxima década.
La pregunta no es si la inversión llegará a América Latina. La verdadera pregunta es si elegirá al Ecuador.
El mundo entra en una nueva competencia por capital, recursos y cadenas de suministro. La rivalidad entre Estados Unidos y China, la inteligencia artificial, la transición energética y la carrera por minerales críticos obligan a empresas y gobiernos a diversificar proveedores. América Latina tiene lo que ese nuevo orden necesita: alimentos, energía, minerales, agua, mercados y una posición estratégica entre los grandes centros de consumo. La región produce alrededor del 40% del cobre minado mundial y cerca de un tercio del litio. Por eso el interés no es filantropía. Es geoeconomía.
¿Por qué Ecuador? Porque combina activos que ese mapa busca: posición en el Pacífico, alimentos, minerales, potencial energético, puertos y acceso a mercados. Y la dolarización elimina para el inversionista una de las incertidumbres cambiarias más comunes en la región.
Ecuador ya está dentro de ese tablero. En pocas semanas, el país multiplicó sus conexiones con centros de poder económico. Japón llegó con una agenda para profundizar la relación y avanzar hacia un posible Acuerdo de Asociación Económica. Con China —con quien Ecuador ya tiene un TLC vigente—, el presidente Daniel Noboa prepara una nueva visita oficial a Beijing (parece que también a Vietnam y Singapur), en momentos en que ambos países manejan cuatro frentes a la vez: fricciones sanitarias y regulatorias (la suspensión de 14 camaroneras ecuatorianas y la renegociación de contratos con mineras, que podría retrasar dos proyectos de cobre) y financiamiento (un contrato con PowerChina para operar Coca Codo Sinclair, en fase final de negociación con firma prevista para diciembre de 2026, y USD 764 millones en préstamos de Eximbank y China Development Bank atados a proyectos específicos, según la Proforma). Emiratos Árabes Unidos aporta otra dimensión: inteligencia artificial, infraestructura digital y capital. Israel, otra: seguridad y tecnología.
No son simplemente visitas. Son distintas puertas de entrada al mismo tablero. Eso es densidad geoeconómica: la profundidad y diversidad de los vínculos que un país construye con el mundo. La diplomacia ya no es solo política exterior. Es una herramienta para competir por capital.
Pero aquí está la trampa: que el mundo mire a Ecuador no significa que vaya a invertir en Ecuador.
Colombia, Ecuador y Perú comparten geografía, mercados, recursos y una amenaza: el crimen organizado transnacional, que encarece seguros, transporte y capital en las mismas rutas que conectan sus puertos. La seguridad también es infraestructura económica. De allí la idea que planteamos en una columna anterior: una plataforma económica andina que presente a los tres países no como mercados individuales, sino como un corredor con escala, talento, energía y acceso a mercados. La geografía puede ser ventaja competitiva, pero solo si la convertimos en proyectos —mientras Panamá, El Salvador, Perú, Paraguay, Costa Rica y República Dominicana llevan años fortaleciendo su propia capacidad de atraer inversión.
El capital no busca al país que más necesita dinero. Busca oportunidades donde pueda obtener retorno y administrar riesgos.
El Grupo BID respalda la Agenda de Crecimiento Ecuador 2040 con hasta USD 10.500 millones —de los cuales USD 7.500 millones ya están confirmados—, destinados sobre todo a seguridad, vivienda y reformas habilitantes. Es un apoyo real, pero no sustituye la inversión privada. Y aquí aparece una palabra cada vez más importante para Ecuador: bancabilidad. Un proyecto bancable es uno suficientemente estructurado, rentable y con riesgos manejables como para que un banco, fondo o inversionista esté dispuesto a poner su dinero.
El mundo puede estar mirando a Ecuador. Pero mirar no es invertir. El desafío es convertir ese interés en proyectos bancables. La geoeconomía no resolverá los problemas del país, pero puede ampliar el tablero en el que intentamos resolverlos: más capital productivo significa más inversión, más inversión significa mayor productividad, y empresas más competitivas pueden pagar mejores salarios. En una economía dolarizada, la productividad no es solo un objetivo económico. Es el camino para sostener mejores salarios.
Ecuador está aumentando su densidad geoeconómica. Ahora debe demostrar que puede convertirla en proyectos, inversión, productividad y empleo. Porque las oportunidades no desaparecen. Encuentran a los países mejor preparados para aprovecharlas.