El indiscreto encanto de la política
La competencia que no está en la papeleta
Catedrático universitario, comunicador y analista político. Máster en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Salamanca.
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Para estas seccionales, un candidato a alcalde puede creer que compite contra otros cinco o diez candidatos. Se equivoca.
En realidad, compite también contra TikTok, la Copa Libertadores, WhatsApp, Netflix, el último asesinato en Guayaquil o el juicio a Bucaram.
No están en la papeleta, pero todos quieren lo mismo: unos minutos de nuestra atención.
Ese será uno de los problemas centrales de la campaña que se viene. Miles de candidatos producirán millones de mensajes para intentar llegar a cerca de 14 millones de electores en algo más de dos meses.
Durante buena parte del siglo XX, la política disfrutó de una audiencia relativamente cautiva. El periódico, el noticiero de la noche y la radio colocaban la actualidad frente al ciudadano.
Internet y las redes sociales terminaron con buena parte de ese privilegio. En 2026, por primera vez, las redes sociales y las plataformas de video superaron a las páginas de los medios como vía de acceso a las noticias online: 54% frente a 51%, según el Digital News Report del Reuters Institute.
La información dejó de tener un espacio propio y ahora comparte pantalla con todo lo demás.
En este escenario, una entrevista a un candidato que quiere hablar de agua potable, transporte o vialidad aparece en la misma pantalla que el gol de la fecha, una receta de MasterChef o un video de veinte segundos con la tendencia de la semana.
Tener buenas propuestas sirve de poco si nadie llega a conocerlas. Antes de persuadir, hay que conseguir atención.
Muchos caerán en la tentación de “diferenciarse” con más polémica, provocación y confrontación. El conflicto es especialmente eficaz para detener el scroll.
Sin embargo, un millón de likes no equivale a un millón de votos. Compartir no significa apoyar y viralidad no es sinónimo de confianza.
En el voto pesan la identidad, la experiencia, la evaluación del candidato y —especialmente en una elección local— el territorio. Por eso, la campaña más eficaz no será necesariamente la que produzca más contenido, sino la que consiga instalar una idea clara en medio de tanto ruido.
La paradoja de estas elecciones será esa: los candidatos tendrán más canales que nunca para hablar directamente con los ciudadanos, pero menos garantías de que alguien quiera escucharlos.
Antes de ganar votos, habrá que ganarse la atención.