Leyenda Urbana
La justicia del Ecuador es kafkiana
Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC
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En el día de su cumpleaños número 29, Josef K. empleado de un banco, recibe la visita de un par de hombres que le informan que se ha iniciado un proceso en su contra, y que los cargos los conocerá a su debido tiempo, porque “no estamos autorizados a decírselo”.
La vida de Josef K. sufre un viraje absoluto; ahora alterna con abogados, jueces, agentes y guardianes, y todo el peso de la maquinaria judicial le provoca un enorme sentimiento de culpa y, es estado de indefensión, llega a decir: “No hice nada, pero soy culpable”.
'El proceso', de Franz Kafka, es un clásico de la literatura universal, que salió a la luz en 1925, un año después de la muerte de su autor, nacido en Praga. Pero, la parábola sobre el poder del Estado frente al individuo quedó para la historia, gracias a que Max Brod, amigo y editor de Kafka, quedó fascinado al leer los manuscritos y decidió publicar la obra.
Releer 'El proceso' de Kafka, estos días, ha coincidido con una noticia insólita de la que se habla en Ecuador, y que colinda con hechos que solo podrían asomar en una novela de ficción.
Un ecuatoriano de 19 años y con antecedentes penales impugnó a cuatro aspirantes al cargo de fiscal general del Estado que participan en el concurso, que lleva adelante el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS).
El joven se llama Hamilton Taramuel, no tiene estudios de leyes ni relación alguna con el concurso; trabaja como artista tatuador en El Quinche y su única relación con la justicia es una causa penal por robo, por lo que debe presentarse periódicamente ante la autoridad.
A los cuatro que impugna —incluida la jueza Daniella Camacho, quien en la fase de méritos sacó 48/50 y lidera el concurso—, el artista tatuador les imputa falta de probidad e idoneidad.
¿Puede haber algo más kafkiano que esto?
El proceso de elección de fiscal ha estado plagado de suspicacias desde cuando se elaboró el reglamento que fue rechazado por los colegios profesionales, constitucionalistas y penalistas, e hizo que profesionales de probidad notoria, desistieran de participar.
También causó asombro que una abogada con apenas dos años de experiencia —que obtuvo la calificación más baja en el concurso: 17,5 sobre 50—, fuera designada presidenta de la Comisión Ciudadana de Selección para evaluar a penalistas de larga trayectoria, a quienes se exige un mínimo de diez años de ejercicio profesional.
Todo lo que involucra a la justicia en Ecuador parece signado por la sospecha.
Así, la elección de fiscal general del Estado tendría ilegitimidad de origen y decisiones como las del Consejo Nacional de la Judicatura (CNJ) que, por unanimidad, suprimió la Unidad Anticorrupción, integrada en 2022, con el apoyo de la Unión Europea y Estados Unidos, causan alarma dentro y fuera del país.
También causó alarma cuando a un juez anticorrupción que fue amenazado por un narcotraficante durante una audiencia pública, las autoridades le retiraron la custodia asignada, lo que lo llevó a renunciar a la carrera judicial y a salir del país para proteger su vida.
O cuando el hallazgo de un millón de dólares en efectivo en un parqueadero del World Trade Center de Quito fue “justificado” por un ministro de Estado, mientras el país vive en estado de alerta permanente por la violencia del crimen organizado que mueve altas sumas de dinero en metálico y contamina todo.
La gente tampoco ha olvidado el silencio de las autoridades competentes sobre el millón de dólares que habría acumulado el presidente del CPCCS, Andrés Fantoni, cuando se desempeñó como funcionario público, y que consta en su declaración patrimonial, que él atribuye a la gestión de una escuela suya en Guayaquil.
“Es mejor no defenderse porque cualquier alegato podría llegar a ser un indicio de culpabilidad”, se lee en 'El proceso' de Kafka y la piel se eriza.
En Ecuador, aunque resulte inverosímil, hay personas que han sido imputadas y algunas expulsadas del país sin que sepan los motivos porque los informes son reservados, y otras están siendo procesadas con el solo anuncio de que se ha dispuesto investigaciones.
Estos y otros casos de la justicia ecuatoriana bien podrían ser parte de 'El proceso' de Kafka, porque son absurdos, frustrantes y complejos.
En realidad, son kafkianos.