El Chef de la Política
Oficialistas, dudosos y opositores
Politólogo, profesor de la Universidad San Francisco de Quito, analista político y Director de "Pescadito Editoriales"
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La llegada de la democracia, a inicios de la década de los ochenta del siglo pasado, generó la esperanza no solo de que las elecciones sean el mecanismo de designación de los gobernantes sino también el anhelo de que este régimen político se afiance. Para que el paso de transiciones a democracias consolidadas se verifique era imprescindible la reducción de desigualdades sociales y económicas. En unos pocos países se tomaron ciertas medidas para el efecto y ello les sirvió para que el régimen democrático goce de cierta estabilidad. En otros, como Ecuador, la etapa de transición nunca maduró lo suficiente. Allí una de las razones por las que, cada cierto tiempo, estamos en la disyuntiva de descifrar bajo qué tipo de régimen político vivimos y también cuáles son los alineamientos de los distintos actores.
Ahora mismo tenemos tres grupos claramente identificados. Primero están los que llamaré "oficialistas". Ellos son conscientes de que el gobierno tiene debilidades y ha cometido errores de fondo. También consideran que se han tomado decisiones duras pero que, a pesar de todo, era necesario asumirlas. No obstante, creen que las cosas pueden mejorar y que los costos que ahora mismo están depositados en determinados sectores de la sociedad, en general los más desprotegidos económica y socialmente, son parte de un proceso que posteriormente tomará un curso más equitativo. Los "oficialistas" creen que siempre es posible un mejor gobierno pero que, ahora mismo, eso es muy difícil, sino imposible. La posibilidad del cambio, por tanto, no es una opción pues en cualquier caso los costos que se tendrían que asumir serían mayores que los beneficios.
El segundo grupo es el de los "opositores". Acá están quienes consideran que las deficiencias del gobierno son de tal nivel que resulta imperioso darle una salida al país. No están seguros de los medios ni de las estrategias que se deben utilizar, pero están convencidos de que cualquier opción es mejor a la actual. El costo de dejar atrás este gobierno siempre será más bajo que los beneficios que puede tener el país. Ese es el razonamiento. No hay visiones partidistas únicas ni actores claramente que abanderen esta posición sino un amorfo grupo de personas descontentas con lo que, en algún momento creyeron, pudo ser un gobierno que enrumbaría al país. Otros nunca creyeron que esa mejoría sería posible, pero al final, unos y otros forman parte del grupo de los "opositores"
El tercer grupo, cada vez más grande, es el de los "dudosos". Ellos comparten la idea de los "opositores" en cuanto a que el gobierno ha sido errático en muchas decisiones, pero a la par se acercan a la opinión de los "oficialistas" en lo relacionado con la ausencia de alternativas claras para una renovación. En el cálculo de los "dudosos" la relación de costos y beneficios de ir hacia un cambio no es tan clara aún y prefieren mantenerse, al menos de momento, en esa incertidumbre que no ayuda en nada pero que a la vez evita tomar decisiones drásticas. Ellos necesitan que ocurra "algo" que les haga tomar partido por uno de los dos grupos enfrentados abiertamente.
Por la correlación de fuerzas descrita, las elecciones de noviembre no solo servirán para elegir gobiernos seccionales sino también para constituirse en ese "algo" que los "dudosos" requieren para cargar la balanza de poder a favor de "oficialistas" u "opositores" y, en definitiva, marcar el rumbo del gobierno en el tiempo que le queda en el poder. Dos escenarios resultan claros. En el primero, si en las principales ciudades y provincias el gobierno tiene un revés electoral, el grupo de los "opositores" se verá alimentado por una serie de nuevos militantes provenientes de los "dudosos". Ese sería, a la par, el punto de partida de un proceso de movilización social cuya intensidad y eficacia van a depender de factores del entorno económico del momento.
En el segundo escenario, si los resultados electorales le son favorables al gobierno, los "oficialistas" ganarán nuevos adeptos desde el grupo de los "dudosos", unos por convicción, otros por conveniencia, aunque eso importará menos. En lo de fondo, el gobierno tendrá un respiro por unos meses, los que requiere para pensar en cómo sacar réditos políticos durante 2027 y recuperar en alguna forma la imagen presidencial, que va del mal en peor a lo largo de este año. Los "opositores", de su lado, tendrán que poner las barbas en remojo y pensar en nuevas estrategias y actores si no quieren verse nuevamente derrotados en las presidenciales de 2028.
Por estas razones y otras más, las próximas seccionales serán clave para reordenar la correlación de fuerzas políticas y sobre todo para que los "dudosos" marquen el rumbo hacia el que se dirigirá la democracia ecuatoriana en el futuro inmediato.