Columnista Invitada
Diez candidatos, una competencia de pocos
Dra. en Jurisprudencia, Decana de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la UDLA, Directora Ejecutiva Participación Ciudadana. Con más de 20 años trabajando temas de democracia, procesos electorales, Transparencia y Diálogo Político.
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El plazo para inscribir candidaturas terminó el 17 de agosto, y son diez candidatos que competirán por la Alcaldía de Quito, y que se someterán a la etapa de calificación e impugnación, antes que el CNE, en noviembre, publique la lista final.
Los aspirantes inscritos afrontan retos importantes. Deberán ofrecer planes de trabajo que incluyan soluciones a los temas relevantes que aquejan a los quiteños: movilidad, ambiente, recuperación urbana, seguridad, etc. Además, existe un factor adicional que es complejo: la situación de la ciudad ha generado un sentimiento de urgencia en sus habitantes por tener un alcalde que resuelva los problemas con rapidez. Alguien que ofrezca —y cumpla— sacarle a Quito del hueco en donde está en todo sentido. Y esa, no es tarea fácil.
La angustia de los quiteños por mejorar su ciudad, unido al hartazgo del manejo político de las últimas gestiones, podría ser positivo para el candidato que logre construir un buen plan para la ciudad. Pero si los candidatos presentan planes débiles, con poca conexión con la ciudad y demuestran poca experiencia, no lograrán convencer y seguramente serán castigados por el electorado.
Con estos desafíos, son diez los quiteños que diputarán formalmente el cargo más alto del Municipio Metropolitano en las elecciones del próximo 29 de noviembre. Pero no todos tienen posibilidades reales. La papeleta electoral tendrá algunas figuras conocidas y otros candidatos emergentes; delegados del Gobierno con marca propia, y otros totalmente desconocidos para los electores.
De esa papeleta de diez, en la práctica, la lista de quienes competirán es corta. Entonces, amerita analizar esos nombres.
El primero en la lista sin duda es el actual alcalde que busca la reelección. Si bien se podría pensar que es una candidatura aventajada por estar en funciones, gozar de mayor visibilidad pública, y tener la capacidad de mostrar resultados; esta misma condición podría ser su mayor debilidad. Los electores le pedirán cuentas sobre todo lo pendiente; y deberá explicar los errores de su gestión.
Es evidente que tiene indicadores potentes como el Metro y su propuesta de transformación de la vialidad, pero su gestión es criticada por los quiteños por la falta de resultados en seguridad, el abandono y tugurización de varios barrios de Quito, el deficiente manejo de la basura. etc. Por otro lado, políticamente será un candidato apadrinado por un matrimonio político forzado.
Del otro lado está Jorge Yunda, un candidato que también quiere repetir. Él fue alcalde entre 2019 y 2021 y tuvo que dejar su cargo a causa de una grave crisis política e institucional de entonces. Los quiteños lo conocen muy bien, pues él ostenta un voto popular propio que seguramente es su mayor motivación para volver a competir. No obstante, su gestión tuvo varios cuestionamientos por parte de la colectividad, por lo tanto, en campaña tendrá que persuadir a los quiteños que tiene la capacidad técnica de que en una segunda alcaldía corregirá los errores del pasado.
Finalmente, Wilson Merino aparece como una opción con números en crecimiento. Es percibido como un candidato nuevo, pero tiene experiencia en el manejo de la gestión municipal. Ha construido un perfil interesante, cercano a los ciudadanos. Su propuesta se enfoca en la generación de acuerdos; reestructuración del municipio, seguridad, reactivación de la economía local y transparencia en la gestión. Una figura fresca, diferente, que si logra captar la voluntad de los quiteños podría significar una ruptura no solo a la polarización que se vive sino también una redirección en la gestión municipal desde una alternativa generacional distinta.
Los desafíos que enfrentará quien logre llegar a la alcaldía son enormes, aun cuando repitan gestión. Si un alcalde anterior repite, no la tendrá fácil, porque la ciudadanía será implacable con él, pues al haber estado ya en ese puesto, no tendrá pretexto para volver a fallar. Y si otro candidato logra llegar, tendrá que enfrentarse con una ciudad que pide a gritos una gestión eficiente, transparente y sobre todo que presente resultados rápidos y efectivos.
Al parecer, la competencia es de pocos. Siendo así, a Muñoz le tocará defender lo hecho; Yunda tiene que explicar lo ocurrido; y Merino deberá demostrar su capacidad de cumplir lo que está ofreciendo.