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La cajera de la farmacia vs. el ChatGPT

Pablo Cuvi

Pablo Cuvi es escritor, editor, sociólogo y periodista. Ha publicado numerosos libros sobre historia, política, arte, viajes, literatura y otros temas.

Actualizada:

22 ago 2026 - 05:50

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El otro día, mientras hacía cola ante el mostrador de la farmacia y revisaba con aprehensión la receta del médico, una señora preguntaba a la cajera qué pastillas le podía dar a su hijo de tres años que volaba en fiebre. Segura de sí misma, la cajera le recomendó un jarabe y tantas cucharaditas al día mientras, en la caja contigua, otra señorita no entendía qué mismo quería el señor sesentón, con gafas y zapatos a la moda. 

–Déjeme ver la receta del médico– pedía.

–No es del médico; es una recomendación del ChatGPT– explicaba el señor con aires de importancia.

Ahí, en el mostrador, convergían y chocaban tres maneras de abordar la salud. La primera es la inveterada costumbre de preguntar en la botica del barrio qué me puedo tomar, señorita, para el dolor de barriga, la tos o cualquier otro síntoma de los que aquejan al vecindario.

Lo  curioso es que, a diferencia de las recetas médicas que generan suspicacias por el costo y la duración del tratamiento, quienes preguntan a la cajera compran sin chistar y se toman lo que ella diga porque son menos pastillas, te cuestan menos también y te ahorran la visita al médico.

El segundo sistema sería el médico normal, que también genera suspicacias y temores de los usuarios por diversos motivos, algunos de ellos irracionales. Un ensayo publicado en un magazine francés hace ya varios años señalaba que más de la mitad de los pacientes que consultan al médico no siguen las terapias ni toman las dosis completas de las pastillas que se les receta. Es tan difundido el problema que, según la Organización Mundial de la Salud, resolverlo mejoraría la eficacia de los cuidados médicos mucho más que cualquier descubrimiento científico o plan alterno. Ni más ni menos.

A este desorden ha venido a sumarse en los últimos tiempos un elemento nuevo y disruptor, para usar la palabrita de moda: la consulta al ChatGPT.  Va en aumento el número de personas que, no bien abandonar el consultorio del especialista, se conectan con su pana, el consejero personal que habita en la nube, ese que responde: “¡excelente pregunta!” para subirle el ego a su atribulado contacto. Y que guarda en su memoria todas las consultas que le han hecho.

Ojo: se ha puesto de moda cuestionar la validez del ChatGPT, decir que es peligroso, que ha conducido al suicidio a muchos adolescentes, que alucina cuando no sabe. Algo de eso es verdad, pero el Chat y otros sistemas de inteligencia artificial disponen de un conocimiento infinitamente superior al de la cajera en la que confiamos ciegamente. De lo que se trata es de saberlo usar.

Sin ir muy lejos, es útil preguntarle por los efectos secundarios de los medicamentos que receta cada médico y su interrelación con otros remedios que puedas estar tomando. Eso porque ningún doctor –ampliando el enfoque, ningún ser humano– puede estar al tanto ni manejar tanta información, tantos cambios, tantos estudios recientes sobre tantos casos específicos, todo ese conocimiento al que el Chat accede y procesa en pocos segundos.

Luego de escuchar el diagnóstico médico, sirve también como una segunda opinión que ayuda a aclarar el panorama cuando las cosas están confusas. Pongamos de ejemplo un caso de dolor lumbar y del nervio ciático, que no es tan simple como suena.  El Chat analiza los exámenes, las resonancias y radiografías y emite criterios sobre cada pregunta que recibe. Presenta también alternativas y expone los puntos que debería aclarar el médico, aunque no pretenda reemplazarlo. Todavía.

En un artículo reciente del New York Times, dice la autora que, como médica, le daba un poco de vergüenza usar ChatGPT en lugar de otros sistemas más especializados. Pero el Chat la fue convenciendo “no por su capacidad para revisar los estudios más recientes ni para diagnosticar mis dolencias, sino por sus constantes mensajes de empatía y aliento, su disposición inagotable para escuchar, y sobre todo su paciencia”.

Para ponerlo en morocho, por actuar como lo haría una buena persona. Llegamos por el otro lado al intenso debate sobre las diferencias entre la IA y los seres humanos porque la intención de la autora del artículo es provocar a sus colegas por un comportamiento profesional que, en este punto, se halla por debajo de la IA. De allí el título del artículo: “Doctores, esta es la razón por la que nuestros pacientes están usando ChatGPT”. ¿Qué opinarán las señoritas de las farmacias?

  • #ChatGPT
  • #medicamentos
  • #farmacias
  • #doctores
  • #inteligencia artificial

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