El Chef de la Política
Partidos políticos... ¿existen?
Politólogo, profesor de la Universidad San Francisco de Quito, analista político y Director de "Pescadito Editoriales"
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La discusión en el país se ha concentrado en reclamar mayor participación y pronunciamientos a quienes hacen opinión pública, a los gremios empresariales, a las asociaciones profesionales y a una diversidad de grupos organizados. No obstante, poco o nada se ha reclamado a los partidos políticos por su ausencia, casi absoluta, del debate nacional. Es cierto que lo que ahora tiene el país no es un sistema de partidos sino una jauría de delincuencia organizada alrededor de un oligopolio que busca capturar el Estado para apropiarse de nuestros recursos. Ese es un hecho y no hay que dejar de considerarlo, pero incluso para alcanzar el poder para sus protervos intereses es vital que tengan una posición específica respecto a lo que ocurre en el país en el plano político, económico o social.
Las razones del sepulcral silencio pueden ir desde el temor a las consecuencias de asumir una definición clara respecto al gobierno de turno hasta otras de naturaleza estratégica, que podrían vincularse con acuerdos no revelados para compartir el poder o el simple cálculo electoral, ahora que se acercan las elecciones más opacas de las que se tiene memoria, al menos durante las últimas cuatro décadas. Independientemente de las razones que expliquen la inacción prácticamente absoluta de las organizaciones electorales, lo que resulta llamativo es que desde muy pocos sectores se presiona para que ofrezcan su visión de lo que ocurre en las diferentes esferas de la vida pública. El deber ciudadano, por tanto, es buscar por todos los medios que estas cucarachas de la política salgan a la luz.
El llamado no es a que se pongan del lado de la oposición al gobierno, en modo alguno. Si hay organizaciones que avalan las decisiones oficiales es perfectamente válido y democrático que lo hagan. El problema es que al guardar silencio terminan afectando al debate nacional y, por si esto les importa poco o nada, como efectivamente parece ser la realidad en la mayoría de los casos, lo que están logrando es que sus propias opciones de vida electoral se vayan apagando. Carentes de sentido elemental de la vida política, muchos creen que la mejor estrategia es pasar desapercibidos hasta que la correlación de fuerzas cambie. Lo que no dimensionan es que cuando eso suceda ellos estarán totalmente fuera del juego electoral pues habrá nuevos actores que ocuparán los pocos espacios de influencia que aún mantienen.
Lo dicho no es nada que no sea una simple lectura de lo que ocurrió en el pasado. Allá, en la década de gobiernos de la RC, la inmensa mayoría de políticos del país, aunque esa palabra les queda grande pues muchos de ellos no pasan de ser cabecillas de sus propias bandas cuasi delincuenciales, fue incapaz de ofrecer una alternativa clara y viable al país. Como consecuencia, los procesos electorales les pasaron por encima. Dado que las ideas no eran (ni son ahora) su fortaleza principal, la opción que les quedó fue llorar a mares y buscar culpables de su propia mediocridad en el mundo circundante.
Pues bien, lo que se les viene será mucho peor. Antes al menos existían ciertos actores y sectores sociales que hacían contrapeso al poder. Eso no existe más. Ahora cada grupo rema para su lado en el afán de precautelar sus legítimos intereses y en ese escenario, ustedes, políticos de pacotilla, se quedarán pronto sin tener oficio ni beneficio pues, para colmo de males, no saben hacer nada más que vivir de succionar recursos públicos. Pero bueno, cómo y en dónde vayan a terminar sus huesos es problema de ustedes. Lo que sí es problema de interés ciudadano es evidenciarlos en su silencio y para ello es necesario una gran cruzada que los ponga al descubierto como lo que han demostrado ser: taimados, mediocres y dilapidadores de un sistema político que lo crearon para abusar de la gente, sobre todo de aquella más deprimida en el plano económico y social.
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Cuánto bien le haría al país que coloquemos a esta subespecie de políticos de baja ralea en el sitio que les corresponde, que no es otro que el del desprecio de la historia. Sigan así, calladitos, y pronto el país les despreciará más de lo que ya lo hace ahora mismo. Pónganse del lado del gobierno o planteen una oposición seria. Cualquiera de las dos opciones es democráticamente válida.