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El Chef de la Política

Cadetes

Santiago Basabe

Politólogo, profesor de la Universidad San Francisco de Quito, analista político y Director de "Pescadito Editoriales"

Actualizada:

29 jun 2026 - 05:55

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No, no me refiero a los aspirantes a oficiales de las Fuerzas Armadas o de la Policía Nacional. Hago alusión a lo que en la jerga argentina o uruguaya se describe como aquel joven que trabaja haciendo los mandados de una empresa o negocio. En el mundo rioplatense muchos universitarios empiezan su vida laboral con este empleo, en general de medio tiempo, que les permite costearse sus estudios y gastos. Allá, ser cadete implica llevar recados de un lado a otro, retirar documentos, dejar encargos en otras oficinas, hacer envíos de cartas o dinero. El cadete es alguien de confianza del jefe y por ello digno de respeto y reconocimiento. En definitiva, el cadete es alguien que realiza su trabajo con dignidad.

Acá, en el país equinoccial, hemos desarrollado nuestra propia categoría analítica de cadetes. En algo se parecen a los argentinos y uruguayos, pero hay más rasgos en los que se diferencian. Diferencias bien notorias, en realidad. Una de ellas es que los nuestros, los criollos, están agazapados alrededor de una institución maloliente como es la Asamblea Nacional. Allí pululan, cabizbajos, solo atentos al llamado del jefe o de sus secuaces para ponerse manos a la obra a cumplir lo que se les pide. Basta que les dispongan la consigna para que ellos, raudos y veloces, la coloquen en el orden del día.

Al igual que los cadetes rioplatenses, al final del día los nuestros hacen un informe de cumplimiento de lo que se les dispuso. A los de allá la retribución es un salario. A los de acá basta con una palmadita en la espalda, el ofrecimiento de otro carguito para el que deben renunciar al actual o simplemente la promesa de velar por ellos cuando arrecien los juicios penales y sobre todo los de la sociedad. Claro, la gran diferencia es que los cadetes del tango, la milonga o el candombe, ejecutan acciones lícitas. Los de acá, en general, se prestan para lo que se les pida, lo que sea. El comportamiento digno no es lo de ellos.

  • Gobierno turbio

Una más de las gestas de estos repulsivos cadetes se dio hace pocos días cuando aprobaron que la Contraloría, esa institución en la que el servilismo ante el poder brota por los poros del taciturno que la dirige, tenga la capacidad por sí y ante sí de eliminar, destruir o borrar documentos físicos o digitales que contengan información confidencial o clasificada. Dicho en sencillo: ahora cualquier pillería rápidamente será ocultada, disponiendo la eliminación de la información a simple golpe de resolución “debidamente motivada y observando estrictas medidas de seguridad institucional”. Ese es el último encargo que los cadetes de la Asamblea Nacional han cumplido a cabalidad. Sinvergüenzas, así, con todas las letras. Disculpas a los cadetes argentinos o uruguayos porque en realidad es ofenderles cualquier tipo de comparación con esta gente carroñera y despiadada con los intereses del país.

La ley en la que se incorporó esta agresión a la democracia, la transparencia política y la ética pública tiene otro sentido y alcance. No solo eso, este mecanismo de garantizar impunidad se lo incluyó a último momento, en la obscuridad, que es el escenario perfecto en el que estos aprendices de murciélagos se sienten cómodos. Ahí nomás fueron levantando las extremidades y dando vía libre a cualquier tipo de abuso de los recursos del Estado. Buen trabajo, mis cadetes, habrá susurrado al oído de cada uno de estos diminutos seres alguno de los lacayos más cercanos al poder, porque ni para darles ánimos reciben directamente la voz del No 1.

Afortunadamente, aún queda algo de institucionalidad en la Corte Constitucional, y en cuanto este mamotreto sea aprobado, de forma taimada en el art 20 de la ley para sancionar el uso delictivo de uniformes o insignias, lloverán las demandas de inconstitucionalidad. Argumentos para que los jueces dejen sin efecto esta maniobra artera de agresión a la democracia y a la ciudadanía, sobran. El país espera, por tanto, que la Corte Constitucional haga su trabajo, muy a pesar de los reclamos de los cadetes, que no tardarán en llegar.

Tristemente, el poder legislativo del país se ha convertido en un burdo espacio de cadetes sin valores éticos y con limitadas capacidades de pensar incluso en su propio futuro. Cuando las cosas cambien, porque todo cambia, estos cadetes volverán a las cloacas de las que nunca debieron salir.   

  • #Asamblea Nacional
  • #Contraloría General del Estado
  • #movimiento ADN
  • #oficialismo
  • #Corte Constitucional

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