El Chef de la Política
Gobierno turbio
Politólogo, profesor de la Universidad San Francisco de Quito, analista político y Director de "Pescadito Editoriales"
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No es acaso el único atributo relevante para el gobierno, pero sí uno de los que le caracteriza de mejor forma. Hay que decirlo: la capacidad que tienen los funcionarios para opacar la discusión de los temas públicos ha llegado ya a niveles pocas veces vistos. Todo se dice a medias. Todo se informa en la medida que no sea posible imputar responsabilidades. Nada se habla frontalmente. Nada se hace explícito. Todo tiene que estar en medio de lo borroso, de lo opaco, de lo que se presta para interpretaciones de diversa naturaleza. No es posible gobernar así un país. La gente está harta de la falta de transparencia en la gestión pública.
Lo del presidente y su fugaz y accidentado viaje de la semana pasada solo es un caso más. Quizás no es el más importante ni será el último. Lo que vale la pena destacar es que allí hay un referente de lo que es la cotidianeidad del gobierno. Daría la impresión que creen que es facultativo informar al país y que, cuando lo hacen, es una muestra de magnanimidad. ¿Costaba mucho transparentar la agenda del Jefe de Estado e incluir en ella que asistiría al partido de la selección nacional? Hace falta que alguien en Carondelet les diga que lo que están haciendo le está restando cada vez más popularidad al presidente. Alguien que les sugiera que estas formas mezquinas de manejar el gobierno, tarde o temprano, les pasará factura.
En el campo ministerial no hay mayor diferencia. El país observa a diario a secretarios de Estado que se rehúsan a asumir y defender frontalmente las decisiones que han tomado y que, seguramente asesorados por algún depredador de recursos del Estado disfrazado de consultor, tratan de evadir el escrutinio público con juegos de palabras. Ellos, los ministros, deben creer que de esa forma aparecen como sensatos y hábiles políticos con capacidad de persuasión o disuasión. Lo que no saben y ojalá alguien se los diga es que terminan siendo motivo de mofa y menosprecio por parte de la ciudadanía. Si quieren saber las habilidades de la política y las formas de conducción de lo público deberían ir a Maquiavelo, al menos en la versión resumida de la inteligencia artificial, si el tiempo y las luces no los acompaña en demasía.
Nadie con mediana sensatez pide que los grandes secretos de Estado se revelen ni que las estrategias específicas para el combate a la inseguridad se las haga explícitas. Lo que el país requiere es que sean claros en el rumbo que le van a dar a los distintos temas que preocupan a la ciudadanía. La política es para personas con capacidad de cargar tras de sí decisiones que en ocasiones son difíciles para la población pero que es necesario tomarlas. Por eso no es fácil ser político. Por eso no cualquiera debería postular a cargos de elección popular o a espacios en los que se toman decisiones de alto impacto. Ética de la responsabilidad se llama desde antaño a este atributo que debe permear la vida pública de los funcionarios. Max Weber en versión ChatGPT puede ser una alternativa para informarse al respecto, si aquello de la lectura no es el fuerte de los funcionarios gubernamentales.
Y aunque la comparación es el mejor método para acercarnos a una parte de la verdad cuando no se puede recurrir a la estrategia experimental, en este caso no aplica pues se trata de lo que la gente valora de este gobierno, del actual, del que está en funciones, y que es el que tiene ahora mismo la obligación de cumplir con lo que se ha comprometido. Por tanto, la vieja estrategia de poner sobre el tapete a pasados gobiernos cuando se escruta al actual, ya no causa efectos positivos. La gente está harta de lo que la etiqueten por opinar o criticar. La gente está harta que la respuesta vacía sea decir que antes estábamos peor. Sean un poquito más creativos. Si no les importa tanto las políticas públicas al menos háganlo por los propios intereses del gobierno con el que están colaborando.
Si la borrosidad de los mensajes y de la forma de informar a la ciudadanía les sirvió hasta hace algún tiempo, eso no va más. Ya la población se dio cuenta de su guion opaco, confuso. Ya la ciudadanía se hartó de que le agredan a su inteligencia. Cambien, porque si no lo hacen, ni con allanamientos, prisiones preventivas o sentencias a la carta les va a alcanzar para obtener buenos resultados en las próximas seccionales.