Columnista Invitada
El verdadero liderazgo empieza cuando decides cuidar a las personas
Gerente de Talento Humano en CRISFE, apasionada por el desarrollo humano con amplia experiencia liderando estrategias de gestión de personas en empresas del sector financiero, industrial y retail.
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En mi carrera profesional siempre recuerdo a líderes que me han inspirado y desafiado en lo profesional; pero, sobre todo, recuerdo a aquellos que se preocuparon por mí como persona: sabían qué estaba pasando en mi familia, conocían mis metas para ese año y se interesaban por mi bienestar.
Tú, ¿recuerdas a ese líder que dejó una huella en tu vida?
Con el paso del tiempo confirmo cada vez más que el liderazgo es una decisión y que debemos ser intencionales con nuestros equipos. No lideramos máquinas; lideramos emociones, historias, personas y familias. Por eso, el líder tiene la responsabilidad de cuidar a su equipo. A esto Simon Sinek lo llama “comer al final”: poner primero a las personas, entendiendo que los resultados llegan como consecuencia del entorno que construimos.
Me gusta cuando Sinek habla de crear un círculo de seguridad, un espacio donde las personas se sienten protegidas, valoradas y respaldadas. Cuando esto ocurre, los equipos pueden enfocarse en aportar, proponer y construir. Esta idea se conecta con lo que plantea Amy Edmondson sobre seguridad psicológica: los equipos donde las personas sienten confianza interpersonal tienen mayor apertura para aprender, compartir ideas y mejorar su desempeño.
La mayoría de los líderes habla cada día con su equipo sobre resultados, metas y porcentajes de cumplimiento. Cuando contratamos perfiles buscamos experiencia, conocimientos y habilidades; todo esto es parte del desempeño y del éxito en una posición. Claro que debemos enfocarnos en el desempeño, pero hay algo más.
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A veces olvidamos lo esencial: lo humano. En ocasiones me preguntan: «¿Qué recomiendas para liderar de manera efectiva y lograr que el equipo funcione?». La verdad es que no existe una receta. Cada persona es un mundo, es única y necesita cosas distintas. Por tanto, no podemos liderar de la misma manera a cada miembro del equipo.
Una respuesta que suelo dar en estas conversaciones es que conocer a tu equipo es parte de tu trabajo. Y no, no se trata de pasar horas hablando con cada persona, sino de prestar atención, escuchar con intención, estar presente, hacer preguntas adecuadas y generar cercanía.
¿Cuándo fue la última vez que preguntaste a alguien de tu equipo cómo se siente en su trabajo?
¿Cuándo preguntaste: "¿Qué puedo hacer como líder para facilitar tu trabajo y apoyarte?"
Algo más personal: ¿ha ocurrido algún cambio reciente que haya impactado tu rutina de vida?
Más cotidiano: ¿qué disfrutas hacer en tu tiempo libre?, ¿cómo logras el equilibrio entre tu vida personal y profesional?
Estas son algunas de las preguntas que hacen los líderes que inspiran, desarrollan y practican la empatía. Daniel Goleman menciona la empatía como una de las competencias clave del liderazgo efectivo, porque permite comprender lo que otros sienten y necesitan, incluso cuando no lo expresan directamente.
Entonces, ¿la empatía ayuda a lograr resultados? Sí.
Imagina que llamas a un colaborador porque notas que no está cumpliendo sus metas y la conversación inicia así: No llegamos a los resultados del mes, necesitas mejorar o no sé qué pasará con tu cargo.
¿Cómo crees que esa persona regresa a su puesto de trabajo?
Qué diferente sería utilizar el mismo tiempo, pero con un enfoque distinto: He notado que tus resultados han disminuido y no alcanzamos las metas. ¿Estás bien? Quisiera saber si puedo ayudarte de alguna manera.
Tal vez la respuesta sea: tengo un hijo enfermo, mis padres no están bien de salud o estoy pasando por una separación. Muchas veces no conocemos lo que está ocurriendo en la vida de quienes forman nuestro equipo, y eso, sin duda, impacta en el desempeño.
Hacer estas preguntas también es parte de la empatía: preocuparse genuinamente por el otro.
Un líder empático comprende lo que su equipo necesita, incluso cuando no lo dicen. Cuando las personas se sienten bien, los resultados llegan como consecuencia.
Entonces, ¿por dónde empezar? Genera conversaciones diferentes. Escucha más, pregunta más, demuestra interés.
Que mañana tu equipo te recuerde como el líder que dejó una huella, porque los buenos líderes no solo logran resultados, también ayudan a que las personas se conviertan en mejores seres humanos.