Logo de Primicias

Suscríbete a nuestras notificaciones para recibir las últimas noticias y actualizaciones.

Lo Último
Temas:
  • Cortes de luz
  • CNEL
  • Gustavo Petro
  • Daniel Noboa
  • Feriado del Día del Trabajo
  • Migrantes por el mundo
Jueves, 21 de mayo de 2026
  • Home
  • Lo Último
    • Qué pasa hoy
  • Política
    • Consulta popular 2025
  • Economía
    • Empresas
    • Reputación en Acción
  • Seguridad
    • Sucesos
  • Quito
  • Guayaquil
  • Jugada
    • #Elamarilloquenosune
    • #Eldeportequequeremos
    • Mundial 2026
    • Tabla de posiciones de la LigaPro 2026
  • Sociedad
    • Especial terremoto
  • Trending
    • TV y Streaming
    • Música
    • Gastronomía
    • Cine
    • Cultura
    • Agenda
  • Firmas
  • Internacional
  • Gestión Digital
  • Radar Andino
  • Juegos
  • Telegram
  • X Twitter
×
  • Telegram
  • X Twitter
  • Lo Último
    • Qué pasa hoy
  • Política
    • Consulta popular 2025
  • Economia
    • Empresas
    • Reputación en Acción
  • Seguridad
    • Sucesos
  • Quito
  • Guayaquil
  • Jugada
    • LigaPro
    • Fútbol
    • La Tri
    • Tabla de posiciones LigaPro 2025
    • Tabla de posiciones Copa Libertadores 2025
    • Tabla de posiciones Eliminatorias Mundial 2026
    • Tabla de posiciones Copa Sudamericana 2025
    • Más deportes
    • Ciclismo
    • Mundial 2026
    • #Elamarilloquenosune
    • Dónde ver
  • #ElDeporteQueQueremos
    • En el podio
    • Los protagonistas
    • La fórmula del triunfo
    • El lado B
  • Sociedad
    • Especial terremoto
  • Trending
    • TV y Streaming
    • Música
    • Gastronomía
    • Cine
    • Cultura
    • Agenda
  • Ciencia y Tecnología
  • Firmas
  • Internacional
  • Gestión Digital
  • Juegos
  • Radar Andino
Videos
NEWSLETTERS

Esto no es político

La paradoja del trato estatal: Aquiles, Lavinia y Paola

María Sol Borja

Periodista. Conductora del podcast Esto no es Político. Ha sido editora política, reportera de noticias, cronista y colaboradora en medios nacionales e internacionales como New York Times y Washington Post.

Actualizada:

21 may 2026 - 05:55

Compartir:

  • X Twitter
  • Telegram
ÚNETE A NUESTRO CANAL

Quienes habitamos este país sabemos bien que el estado ecuatoriano es una criatura paquidérmica, experta en el arte de posponer, incumplir y evadir, que se mueve lento ante lo urgente y olvida lo importante.

Eso, por supuesto, para el ciudadano de a pie. Ese que enfrenta una fila interminable bajo el sol para un trámite que no se pudo hacer en una página web que se cayó, el que va a un hospital desmantelado y sin citas esperando un milagro para salvar su vida,  o el que encuentra la unidad policial de su barrio sin patrullero ni personal para atender una urgencia.

Sin embargo, esa misma maquinaria estatal, tan torpe para el común de los mortales, es capaz de adquirir velocidad y precisión inimaginables cuando se trata de atender los caprichos o las urgencias de la élite gobernante.

Esa asimetría brutal, donde las reglas se estiran para unos y se convierten en cadenas para otros, es el hilo invisible que hoy une tres nombres: Aquiles, Lavinia y Paola.

Tres identidades que encarnan las tres velocidades —y las tres morales— de un poder que mima, que escupe o que quiebra. Depende a quién.

Para Lavinia Valbonesi, la imagen aspiracional y pulida de la que el gobierno echa mano cada que tiene una crisis, no solamente hay loas. También hay los privilegios de acceso otorgados por el poder.

  • Yo no quiero ser servil

¿O cómo se explica que en un semestre haya logrado validar una titulación como comunicadora que según el marco legal requiere diez años de trayectoria?

El problema no es solamente por la sospechas ante su titulación exprés si no porque el fondo del asunto es más profundo y revelador.

El poder moderno necesita desesperadamente disfrazarse de mérito. Ya no basta con gobernar; hay que parecer excepcional, brillante, impecable. Hay que contar una historia de superación, romantizar las dificultades que enfrentan millones de mujeres que trabajan y crían hijos, lejísimos del privilegio de ser la esposa de un hombre millonario que gobierna un país. Hay que convencer a las masas de que ella, tan pulcra, tan altiva, tan distante, se parece a ti, mujer joven, sin accesos, sin recursos, sin contactos y que si te esfuerzas mucho, quizás un día, puedas tener lo que ella tiene.

Mentiras, por supuesto.

Pero el oficialismo comprende que en la era de la imagen la legitimidad también se construye apelando al espejismo del mérito propio. A ese que debe ser aplaudido, que se presenta y se vende en un envoltorio engañoso de que todas somos iguales.

No lo somos.

El esfuerzo no es el mismo si eres una mujer blanca, rica y con poder político o si eres una mujer campesina, indígena o empobrecida.

  • Cuando la fiscalización no es al poder, sino al ciudadano

Me esforcé, apláudeme, no me critiques, no me cuestiones, no me preguntes, no indagues demasiado, parece decir el video de la recién graduada, olvidándose de su rol en la esfera pública.

Y esto va más allá de lo que contempla la ley que, en efecto, ofrece caminos para titularse en periodos cortos, tema que puede ser digno de otro debate profundo.

Hoy, preocupa cómo opera el poder cuando tiene que bajar al barro de la fiscalización, su rol es distinto. Ahí ya no mima; escupe, insulta, denigra, cuestiona.

Lo vemos cuando el presidente de la Asamblea, cuya imagen pulida, amistosa y ecuánime ha ido derrumbándose de a poco, llama "serpiente" a una compañera, Paola Cabezas. Él, cuya imagen intentó ser la de un funcionario alegre, amigable y conciliador, se ha ido develando como otro guardián de un sistema que denigra a sus oponentes políticos.

El insulto dirigido hacia una mujer negra y de oposición no es un simple exabrupto folclórico de la política criolla; es un acto de violencia simbólica, con altísima carga de colonialismo. Al animalizarla desde el micrófono del poder, el oficialismo busca anular su condición de interlocutora válida, restarle legitimidad a su voz, enviarla al terreno de lo maligno, usualmente destinado a las mujeres que desafían ciertas reglas del status quo.

Cabezas, al igual que cualquier otra figura pública, está sujeta al escrutinio; puede ser blanco de cuestionamientos por su trabajo como legisladora y política. Entre eso y que un hombre poderoso la tache de serpiente, hay un abismo.

Lo peligroso es que entre animalizar a alguien con la palabra y destruir su cuerpo en la realidad, hay una brecha peligrosamente corta. La historia ya lo ha demostrado. La propaganda nazi de la preguerra usaba ratas, buitres, cucarachas o zorros para retratar a los judíos. Sabemos lo que ocurrió después.

  • No hablemos de eso

Por eso, la degradación del lenguaje en el Parlamento es solo el síntoma superficial de una crueldad estatal mucho más profunda, opaca y subterránea: la que se vive intramuros en las prisiones.

Ahí el Estado ya no escupe insultos; quiebra.

Las alarmantes imágenes que podrían revelar desnutrición, desatención médica y deterioro físico extremo de presos de alto perfil como Aquiles Álvarez y el propio Jorge Glas, muestran lo que pasa cuando el sistema penal se despoja de su obligación constitucional de custodiar la vida para convertirse en un calabozo de venganza.

Más allá de los procesos judiciales o las antipatías políticas que cada uno genere —las cuales deberían resolverse en derecho—, la exhibición de esos cuerpos consumidos y rotos es la prueba de una barbarie tolerada por los mismos que aplauden los “esfuerzos” de la figura pulcra de Valbonesi para obtener una cuestionada titulación universitaria.

El mismo Estado que le agiliza la vida y los honores a la familia presidencial, ralentiza la salud y deshace la carne a quienes considera sus enemigos, bajo una justificación además perversa de que “ahora se cuida la figura”, como declaró el ministro del Interior.

¿De verdad alguien puede creer que un preso sin sentencia en una cárcel de máxima seguridad está preocupado y ocupado de “cuidarse la figura”?

La paradoja del trato estatal nos deja una radiografía desoladora de nuestra cultura política: un poder que fabrica coronas para los suyos mientras despoja de su humanidad más elemental a quienes considera enemigos, incluso si no lo son.

Dependiendo de quién seas, el Estado te tratará con una de sus tres morales: te fabricará un título a la carta, te lanzará un insulto racista desde el micrófono del poder o te deshará los huesos en una celda oscura.

Lo peligroso de aplaudir este libreto es creer que la crueldad estatal sólo les pasa a los políticos de turno. Olvidamos que un país sin límites es un territorio peligroso para cualquiera.

  • #Ecuador
  • #Estado ecuatoriano
  • #Democracia
  • #ciudadanos
  • #Gobierno
  • #fiscalización
  • #Asamblea Nacional
  • #Aquiles Alvarez
  • #Lavinia Valbonesi
  • #Niels Olsen

Noticias Relacionadas

Firmas

La paradoja del trato estatal: Aquiles, Lavinia y Paola

Leer más »

Firmas

Presidente Noboa: su burocracia tiene secuestrado al Premio Espejo institucional

Leer más »

Firmas

O el fiscal está muy ciego. O a alguien le hace el juego...

Leer más »

Firmas

¿Quién protege al crimen organizado en Ecuador?

Leer más »

Firmas

Obsequioso Trump, exigente Xi

Leer más »

Firmas

En Ecuador, la vida no vale nada

Leer más »

article.theLast

  • Telegram
  • X Twitter
  • Quiénes somos
  • Regístrese a nuestra newsletter
  • Sigue a Primicias en Google News
  • #ElDeporteQueQueremos
  • Tabla de Posiciones Liga Pro
  • Referéndum y consulta popular 2025
  • Etiquetas
  • Politica de Privacidad
  • Portafolio Comercial
  • Contacto Editorial
  • Contacto Ventas
  • RSS

©Todos los derechos reservados 2025