Leyenda Urbana
María José Pinto y la rebelión del poder
Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC
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El video de 40 segundos que la vicepresidenta, María José Pinto, posteó en TikTok, provocando una furibunda reacción nacional en su contra, de manera paradójica la habría consolidado en su cargo, porque nadie en sus cabales podría proponerla, en este momento, como candidata del oficialismo a la Alcaldía de Quito, ya que el desgaste de su imagen es tal, que solo insinuar que su nombre conste en una papeleta electoral, resultaría una insensatez.
Por eso, cabe preguntarse si el video que la mostró disfrutando en un columpio, escuchando una melodía, ajena a la realidad del país —mientras el sector sanitario languidece por falta de atención, siendo ella la responsable del área como ministra de Salud—, no habría sido acaso premeditado.
Una suerte de “rebelión política 2.0” para defender el cargo que le entregó el pueblo en las urnas, porque postularse a la Alcaldía implicaba renunciar a la Vicepresidencia.
Y eso ella entendió muy bien desde el principio.
Semejante episodio de la política ecuatoriana, en los albores del siglo XXI, me ha hecho recordar que, en Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar, se dice que el César tenía razón al preferir el primer puesto en una aldea que el segundo en Roma. “No por ambición o vanagloria, sino porque el hombre (en este caso una mujer) que ocupa el segundo lugar no tiene otra alternativa que los peligros de la obediencia, los de la rebelión y aquellos aún más graves de la transacción”.
La vicepresidenta habría escogido la segunda alternativa, aunque aquello le ha supuesto un desgaste alarmante, motu proprio, de su imagen.
En noviembre pasado, causó desconcierto en el entorno de la segunda mandataria cuando, dos días después de perder el referéndum, el presidente Noboa le encargó el Ministerio de Salud, en instantes que el país clamaba por la falta de medicinas e insumos y la desatención llenó de angustia a los pacientes, en un sistema sanitario golpeado por la inestabilidad, acrecentada por el desfile de cinco ministros designados por el propio Noboa.
Claro que algunos consideraron que ponerla al frente de esa delicada Cartera de Estado elevaría el nivel del Ministerio, y eso era bueno para un sector plagado de problemas, a la vez que constituía para María José Pinto un gran desafío a vencer.
Pero no faltó quienes conjeturaran que hacerla responsable de una Cartera de Estado a la que le faltaba de recursos, con una corrupción incontrolable por la presencia de las mafias enquistadas y un presupuesto recortado en más de USD 1 000 millones, harían imposible una buena gestión, y la llevaría a fracasar.
Lo más grave -decían- es que no tenía más opción que acatar la delegación del Ejecutivo, con el riesgo de fallar; porque no asumir la ponía al margen de la ley, que implicaba renunciar y marcharse a casa.
La intriga escaló a niveles insospechados, en ciertos sectores, en los que hasta se llegó a especular con el nombre de la persona a la que el presidente, supuestamente, pondría como primera en la terna para enviar a la Asamblea a que la designen vicepresidenta para completar el período que le restaba a María José Pinto.
Es probable que este sea el contexto en el que la segunda mandataria realizó una visita a un centro de salud en San Antonio de Pichincha, donde perdió la compostura a la hora de reclamar al personal y, aun así, el video se mostró al país en las redes porque, quizá, lo que se buscaba era que la retiraran el encargo ministerial.
Pero no ocurrió.
La Constitución del Ecuador ordena que el vicepresidente cumpla las funciones que le asigne el presidente, que es adicional, claro está, a aquella fundamental de reemplazar al mandatario en ausencia temporal o definitiva.
La historia del Ecuador da cuenta de que las relaciones entre los primeros mandatarios, con alguna excepción que confirma la regla, han estado marcadas por la tirantez, el recelo, la desconfianza, cuando no el odio y la confrontación.
¿Cómo está, en estos momentos, la relación entre el presidente Noboa y la vicepresidenta Pinto?
¿Qué piensa usted?