El sinsentido de la guerra comercial con Colombia
Fellow en Estudios Latinoamericanos del Instituto Cato. Entre 2006-2026 escribió para El Universo (Ecuador). Es autora de En busca de la libertad: Vida y obra de los próceres liberales en Iberoamérica (Editorial Planeta, 2025).
Actualizada:
A cuatro meses de haberse iniciado la guerra comercial con Colombia, ya tenemos indicios de su fracaso en comercio y seguridad.
Los arroceros suelen sembrar esperando poder exportar parte de su producción a Colombia. A inicios de esta semana el Ministerio de Agricultura reportó que ha comprado casi 14.615 toneladas de arroz en cáscara. La meta del gobierno es llegar a comprar hasta 20.000 toneladas, para lo cual ha destinado USD 8 millones a través de BanEcuador. El sector estima una oferta en exceso de 190.000 toneladas, por lo que el esfuerzo de compensación se queda corto. Esto es, el gobierno gastando recursos escasos para resolver problemas que el mismo gobierno creó.
Ahora, consideremos el caso de Plasticaucho, una empresa ecuatoriana que produce los zapatos marca Venus y tiene operaciones en Ambato, Colombia y Perú. En condiciones normales, exporta alrededor de 20% de su producción a Colombia, siendo casi la totalidad de lo que exporta (25-27%). Algunos celebrarán que se aumente la producción nacional de calzado ante las opciones reducidas para los consumidores, pero sucede que a veces el proteccionismo termina generando nuevas fábricas y empleos al otro lado de la frontera: Plasticaucho dijo que estaba considerando ampliar su planta en Colombia. El gerente de la empresa declaró que si dejara de producir los cerca de 4 millones de zapatos que envía a Colombia, tendría que reducir algo de los 1.500 empleados que tiene en su planta en Ambato y aumentar sus operaciones en Colombia. Como muchos empresarios, el gerente adelantó exportaciones antes de que entren en efecto los aranceles. Asimismo, muchos empresarios colombianos adelantaron importaciones. Por lo que las cifras de enero y febrero deben ser tomadas con reserva por esas distorsiones de anticiparse a lo “peor” que venía en febrero, ni se diga mayo (arancel elevado a 100%).
En el puente de Rumichaca que une a Ipiales (Colombia) y Tulcán (Ecuador) la actividad económica se ha reducido a un mínimo. Óscar Obando, presidente del Comité Gremial de Trabajadores en la Frontera (Ipiales) indica que están trabajando “al 5 por ciento de lo usual y eso gracias a las mercancías que vienen en tránsito de Perú”. Por donde pasaban a diario 200 camiones o “tractomulas” ahora apenas pasan alrededor de 10. Oliva Díazgranados, directora ejecutiva de la Cámara de Comercio Colombo Ecuatoriana señala que 3.287 empresas colombianas exportan a Ecuador y 2.055 empresas importan productos de Colombia o exportan a ese mercado.
Ahora consideremos el argumento de defensa que utilizó el gobierno para justificar los aranceles. El gobierno dijo que Colombia le impone una externalidad negativa de USD 400 millones en costos adicionales de seguridad, al haber descuidado la seguridad en la frontera. Para ello, el gobierno impondría una llamada “tasa de seguridad” de hasta 100% a las importaciones. Poco después el gobierno ha venido celebrando un superávit comercial con Colombia, entonces, ¿recaudará menos? Con un arancel de 75%, ni se diga el de 100% en mayo, ya nos fuimos al otro lado de la Curva de Laffer: el gobierno subió tanto el impuesto a las importaciones que reducirá casi totalmente la base imponible y, por ende, la recaudación.
Incluso considerando el periodo enero-abril de 2026, que incluye meses con compras anticipadas ante la expectativa de aranceles todavía más altos por venir, el comercio ya ha experimentado una caída marcada en las importaciones y exportaciones que superan con creces lo recaudado. El objetivo fiscal y de defensa de internalizar el costo de inseguridad no se estaría logrando. Se han recaudado USD 121,5 millones entre febrero y abril de 2026 por aranceles a las importaciones colombianas, pero el valor del comercio disminuido es de USD 206 millones entre enero y abril del mismo año (USD 188 millones importaciones y USD 18 millones exportaciones). La ficción popular que percibe las importaciones como malas y las exportaciones como buenas dirá que a Colombia les hemos metido un golazo económico. Pero sucede que hemos encarecido artificialmente todos los insumos y productos que libremente decidiéramos comprarle a los colombianos.
Está por verse también en una rendición de cuentas que lo recaudado, a costa de miles de negocios destruidos o perjudicados, realmente acabará destinado a mejorar la seguridad en la frontera. Otro punto de discusión, muy bien explicado hasta el cansancio por la experta en seguridad de este medio Michelle Maffei, es que Ecuador debería enfocarse en la seguridad en los puertos, y en el combate a los intermediarios políticos, empresariales y financieros del narco.
La otra alternativa que tenía el gobierno ecuatoriano por la vía diplomática todavía estaría disponible: utilizar su relación especial con el gobierno de Estados Unidos para que ese gobierno presione con mejores resultados al gobierno colombiano. Esta guerra comercial es otro obstáculo para el crecimiento económico.