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Análisis

En Perú, la estabilidad económica tiene nombre y apellido: Julio Velarde

Mientras Julio Velarde siga en el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), el sol seguirá brillando como si ese país, sin haberlo decretado nunca, también estuviera dolarizado.

Julio Velarde, Presidente del Banco Central del  Banco Central de Reserva del Perú (BCRP)

Julio Velarde, Presidente del Banco Central del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP)

- Foto

© ANDINA / Editora Perú.

Autor:

Luis Fierro

Actualizada:

10 jul 2026 - 05:55

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Cuando la presidenta electa Keiko Fujimori acudió en persona a la sede del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) para pedirle a Julio Velarde que se quedara cinco años más, no estaba simplemente ratificando a un funcionario. Estaba atesorando el activo más valioso que le queda al Estado peruano: la credibilidad monetaria acumulada durante casi dos décadas por un solo hombre, en un país que en poco más de diez años ha tenido más presidentes que la mayoría de sus vecinos en medio siglo.

Velarde acaba de aceptar un quinto periodo consecutivo al frente del Instituto Emisor. El Perú vuelve a demostrar que la estabilidad no siempre depende de las instituciones en abstracto, sino de que una de ellas se encarne en una sola persona durante el tiempo suficiente como para volverse indistinguible del propio sistema.20 años, 12 presidentes de la República, un solo Velarde

Julio Velarde Flores fue designado presidente del BCRP el 7 de septiembre de 2006 por Alan García. Desde entonces ha sido ratificado por Ollanta Humala en 2011, por Pedro Pablo Kuczynski en 2016 y por Pedro Castillo en 2021 —este último pese a pertenecer a un partido, Perú Libre, ideológicamente hostil al modelo que Velarde encarna, y quien había insinuado que lo reemplazaría, hasta que el sol comenzó a dispararse. El 6 de julio de 2026, Keiko Fujimori, presidenta electa para 2026-2031, cerró el círculo: se reunió con Velarde en la sede del Banco Central y le pidió, en persona, que se quedara un quinquenio más.

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La respuesta de Velarde no dejó margen de duda: “Me siento honrado por el pedido que me ha hecho y, si en otras circunstancias no hubiera aceptado, quisiera hacerlo con mucho gusto”, declaró ante la prensa. Fujimori celebró la rapidez de la respuesta: “Me alegra muchísimo la claridad, la firmeza, y la forma en que has tomado esta decisión. Es una gran noticia para el Perú”, afirmó.

Con este quinto periodo, Velarde se acerca a sus “bodas de plata” al mando del Instituto Emisor y se consolida como uno de los banqueros centrales de mayor permanencia en ejercicio en el mundo, en una función donde la rotación cada cuatro o cinco años es la norma casi universal.12 mandatarios, una sola política monetaria

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Desde que Humala concluyó su mandato, en 2016, Perú se convirtió en el laboratorio político más inestable de América Latina: nueve presidentes en una década, cierres de Congreso, un intento de autogolpe y una rotación ministerial vertiginosa. Con la asunción de Fujimori el 28 de julio, el país sumará a su undécimo jefe de Estado en diez años. Y mientras la política peruana relata un escenario de caos permanente, la economía describe una realidad paralela: una moneda fuerte, una inflación de las más bajas de la región y una macroeconomía que funciona en piloto automático, blindada del ruido político de Lima.

El episodio que mejor ilustra esa arquitectura ocurrió en 2021, cuando Castillo, apenas electo, especuló con remover a Velarde. La reacción de los mercados fue inmediata: el sol se desplomó y se aceleró la fuga de capitales. Castillo dio marcha atrás y lo ratificó por cinco años más. La lección quedó grabada en la memoria institucional del país: tocar al presidente del Banco Central tiene un costo político que ningún gobierno puede permitirse asumir.

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La razón de fondo es constitucional. La Carta de 1993 prohíbe que el Banco Central financie al Tesoro, lo que impide que cualquier presidente resuelva sus apuros fiscales imprimiendo soles. A eso se suma un nivel de reservas internacionales cercano al 30% del PIB —superior a los USD 100 mil millones—, un colchón que le permite al BCRP intervenir en el mercado cambiario cada vez que arrecia una tormenta política.El sol, el ‘dólar de los Andes’

El resultado de esa arquitectura, sostenida durante 20 años por la misma mano, es una moneda a la que el mercado ha apodado el “dólar de los Andes”: estable, predecible y con una inflación que en 2023 se ubicó en 3,2%, muy por debajo de otros países de la región, y que a lo largo de la gestión de Velarde ha promediado apenas 2,8% anual.

Cada vez que la incertidumbre electoral amenaza con desestabilizar el tipo de cambio —como cuando el conteo de votos se inclinaba a favor del rival de Fujimori, Roberto Sánchez, y el sol se depreció— el mercado reacciona premiando la señal de continuidad institucional, no castigándola. Cabe recordar que Sánchez había mencionado en la primera vuelta que removería a Velarde de su cargo, pero dio marcha atrás en la segunda vuelta.

Vale una comparación con el Ecuador, que resolvió su propia crisis de credibilidad monetaria en el año 2000 renunciando a la moneda nacional y adoptando el dólar estadounidense: una dolarización importada, impuesta por decreto en medio del colapso financiero. El Perú, en cambio, nunca dolarizó formalmente su economía; construyó la misma estabilidad por una vía distinta y más lenta, delegando la conducción de su moneda en una figura técnica con autonomía suficiente para sobrevivir una docena de cambios de gobierno. 

En ese sentido, Julio Velarde es la dolarización en forma humana: no reemplaza el sol por el dólar, pero logra que el sol se comporte, en previsibilidad y confianza, como si lo fuera.Deuda pública baja y un legado que Fujimori no podía darse el lujo de perder

La disciplina no se limita a la política monetaria. Pese a la rotación de ocho ministros de Economía desde 2021, las reglas fiscales de límites de deuda y déficit se han respetado con una consistencia poco común en la región. Esto ha permitido que el Perú mantenga uno de los niveles de deuda pública sobre PIB más bajos de América Latina, 30%, muy por debajo del promedio regional y a años luz de las cifras que hoy inquietan al FMI y al Banco Mundial en otros países (incluso algunos del G-7). Esa solvencia le permite al Perú acceder a los mercados internacionales con tasas más bajas que las de países con perfiles de riesgo similares.

Para Fujimori, que llega a la presidencia en su cuarto intento electoral y con metas de inversión privada y modernización minera, la continuidad de Velarde no era un gesto protocolar sino una necesidad estratégica: la confianza que su equipo necesita para atraer entre USD 5.000 y 7.000 millones adicionales de capital privado al año depende de que los inversionistas perciban que la política monetaria seguirá en las mismas manos técnicas, al margen de qué partido gobierne el Palacio de Pizarro.

Luis Carranza, jefe del frente económico de Fuerza Popular, ha señalado que el país tiene margen fiscal para absorber los choques de gasto que se avecinan —incluida una eventual emergencia por El Niño costero—, aunque advierte que ese margen es estrecho.

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El reconocimiento internacional de la trayectoria de Velarde es amplio: fue nombrado Banquero Central del Año 2015 por la revista The Banker, Mejor Banquero Central de América Latina por Latin Finance en 2016, y recibió en 2024 la medalla de la Confiep, además de la Orden del Sol del Perú en 2011.El riesgo de una sola columna vertebral

La contracara es evidente y el propio Velarde, de 74 años, lo sabe: ningún modelo institucional debería depender de la salud y la voluntad de un solo hombre durante dos décadas. “Antes me inclinaba más a dejar el cargo, quedarme solo un par de meses mientras se transfería”, reconoció antes de aceptar la oferta de Fujimori, dejando entrever que su continuidad no era, para él mismo, un desenlace obvio.

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El Perú ha construido, sin proponérselo del todo, un sistema en el que la estabilidad macroeconómica corre sobre una sola columna vertebral, extraordinariamente resistente pero no eterna. La pregunta de qué ocurrirá con el sol y con la credibilidad fiscal del país el día en que Velarde decida retirarse sigue sin una respuesta institucional clara.

Él ha preparado un grupo de posibles sucesores en el BCRP. Otros que él mismo ha mencionado son Paul Castillo, gerente general del BCRP, y Adrián Armas, gerente de Estudios Económicos del Banco.

Por ahora, sin embargo, el mensaje que el mercado ha recibido en la primera semana de julio de 2026 es inequívoco: mientras Velarde siga en el BCRP, el sol seguirá brillando como si el Perú, sin haberlo decretado nunca, también estuviera dolarizado.

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