¿Vale la pena volver a estudiar? Las habilidades que hoy pesan más que la experiencia laboral
La experiencia sigue siendo importante para acceder a un empleo o crecer profesionalmente, pero ya no es suficiente.

Imagen referencial de una trabajadora, 1 de mayo de 2026.
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La irrupción de la inteligencia artificial, la automatización y las nuevas formas de trabajo han cambiado los criterios con los que las empresas seleccionan talento. Hoy, además de la trayectoria, las organizaciones buscan personas capaces de adaptarse, aprender de forma continua y combinar conocimientos técnicos con habilidades interpersonales.
El Future of Jobs Report 2025, del Foro Económico Mundial, proyecta que durante los próximos años aumentará la demanda de competencias como el pensamiento analítico, la resiliencia, el aprendizaje continuo, la alfabetización tecnológica, la inteligencia artificial y el liderazgo.
Al mismo tiempo, sectores tradicionales como la industria alimentaria, la agricultura, la ingeniería, la salud y la construcción seguirán siendo grandes generadores de empleo, aunque incorporando cada vez más herramientas digitales.
Para David Vera, decano de la Business School de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE), el mercado laboral dejó atrás el modelo tradicional en el que una persona estudiaba una carrera, trabajaba durante décadas y se jubilaba con la misma profesión.
“La tecnología y la post pandemia aceleraron la transformación del mercado laboral. Las empresas siguen buscando habilidades técnicas, pero ahora valoran muchísimo más las habilidades blandas, la inteligencia emocional y el trabajo en equipo”, explica.
La experiencia ya no garantiza una ventaja competitiva
Durante años, acumular experiencia era suficiente para acceder a mejores cargos. Sin embargo, Vera sostiene que hoy las empresas evalúan un conjunto mucho más amplio de competencias. Una persona con diez años de experiencia, pero sin un título universitario, puede encontrarse en desventaja frente a otra con menos trayectoria laboral, pero con formación académica y competencias adicionales.
“Una persona que tiene diez años en un cargo ha desarrollado muchísimas competencias, pero si compite con alguien que tiene menos experiencia y un título universitario, probablemente la otra persona le va a ganar”, señala.
A esto se suma otro elemento: las habilidades blandas. Comunicación, liderazgo, trabajo en equipo, inteligencia emocional y manejo de herramientas digitales se han convertido en factores decisivos durante los procesos de selección.
Lo que hoy buscan las empresas
Según Vera, la automatización está desplazando las tareas repetitivas hacia sistemas de inteligencia artificial, mientras que las personas deberán aportar capacidades que la tecnología todavía no puede reemplazar fácilmente.
“Cada vez más las tareas repetitivas ya no se le asignan a una persona, sino a una inteligencia artificial. Las empresas buscan un equilibrio entre educación formal, experiencia y desarrollo de competencias”, explica.
Eso también ha modificado la forma en que las organizaciones evalúan a los candidatos. Uno de los errores más frecuentes, dice, es intentar compensar la falta de formación con certificaciones de baja calidad o con habilidades que realmente no dominan.
“Empieza a haber una brecha muy grande entre lo que dice el currículum y lo que realmente la persona puede hacer”, afirma. Durante una entrevista laboral, añade, esas diferencias suelen hacerse evidentes rápidamente, especialmente cuando el candidato asegura dominar idiomas, herramientas tecnológicas o habilidades interpersonales que luego no logra demostrar.
Aprender durante toda la vida ya no es opcional
Para quienes terminaron la universidad hace diez o 15 años, el desafío no pasa por reemplazar esa formación, sino por complementarla. Vera pone como ejemplo su propia experiencia. “Me formé hace 25 años y las herramientas que utilizo hoy para trabajar no son las mismas. He tenido que actualizar constantemente mis conocimientos para mantenerse vigente”.
Por eso insiste en que la educación universitaria y el aprendizaje continuo no compiten entre sí. “La formación universitaria proporciona la base técnica, mientras que el aprendizaje continuo permite desarrollar nuevas competencias como liderazgo, comunicación, inteligencia emocional o herramientas digitales”.
El especialista recuerda que incluso profesiones tradicionales como Derecho, Medicina, Ingeniería o Arquitectura seguirán siendo necesarias, pero deberán incorporar inteligencia artificial, análisis de datos y nuevas tecnologías para aumentar su productividad.
¿Vale la pena volver a estudiar?
Para quienes ya trabajan, la decisión de regresar a las aulas suele implicar tiempo y dinero. Sin embargo, Vera considera que esa inversión puede traducirse en mayores oportunidades profesionales.
La pandemia también cambió la forma de estudiar. La consolidación de la educación virtual permitió que muchas personas continúen su formación sin abandonar su empleo. “Ahora existen muchas más herramientas para que una persona pueda estudiar sin renunciar a su vida profesional ni personal. Eso permite validar la experiencia que ya tiene y obtener el título que le abrirá nuevas oportunidades”.
Tres inversiones para fortalecer la carrera profesional
Vera recomienda priorizar tres decisiones para fortalecer el perfil laboral:
Programas ejecutivos, que permiten reconocer la experiencia profesional y obtener un título universitario mediante modelos flexibles.
Maestrías, como complemento para quienes ya cuentan con formación universitaria.
Microcredenciales y certificaciones especializadas, enfocadas en competencias específicas que demanda el mercado.
Para el académico, invertir en educación cobra aún más sentido durante periodos de incertidumbre económica.
“Cuando hay tiempos de crisis, lo mejor es invertir en educación para que, cuando llegue el rebote económico, tengas las herramientas necesarias para aprovechar las nuevas oportunidades”, concluye.
(*) Periodista Gestión Digital.
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